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No se puede golpear el consumo
La tasa de usura para los próximos 30 días es casi 30%, una de las más altas de los últimos años, y es importante porque limita el consumo con tarjetas de crédito, olvidando el pilar del PIB
La Superintendencia Financiera signó la tasa de usura para agosto en 29,66%, lo que representa un alza de 0,87 puntos porcentuales, comparado con el dato de julio, que llegó a 28,79%, unas de las más altas de los últimos años. Esta tasa no es fijada, resulta de un sondeo mensual que hace la entidad de vigilancia y control entre las instituciones financieras que operan en el país; una suerte certificación que le pone techo al consumo de los colombianos con tarjeta de crédito, pues ningún plástico puede cobrar intereses por encima de esa cifra, dicho si de paso todos los emisores de tarjetas ajustan su tasa de interés de tarjetas de crédito hasta ese nivel.

Lo más seguro es que la próxima semana, comprar con tarjeta, pesos más pesos menos, no bajará de casi 30%, uno de los costos más altos de los últimos cinco años. Es una realidad que refleja la Superintendencia y que no se ajusta a la decisión que tomó la junta directiva del Banco de la República de mantener estables las tasas en 12%. Esa cifra de la usura es determinante porque es el techo de interés que un banco puede cobrar por un préstamo de consumo, solo quedan por fuera las tasas para los micro créditos y otros segmentos mucho más riesgosos.
Dice la Superintendencia que la tasa para el crédito de consumo de bajo monto y crédito productivo de mayor monto se estipuló en 65,46%% y 42%, respectivamente. También está el crédito productivo rural (33,56%); el crédito productivo urbano (59,67%); el crédito popular productivo rural (68,55%); y el crédito popular productivo urbano (88,97%). Lo que muestra la foto de las tasas de consumo en Colombia es que hay dos realidades en contravía: en una la tasa del Emisor los bancos que se dejó estable, mientras que por la otra está la tasa masiva al consumo, olvidando deliberadamente que es el pilar del PIB, no se puede dejar de observar que el consumo es el principal motor de la demanda agregada, muy cercano 80% de la sumatoria de toda la producción nacional en bienes y servicios.
El segundo tramo del año está asignado por la planeación de compras para el remate final y para el periodo que se viene, máxime ahora que la revaluación del peso frente al dólar cambia drásticamente las decisiones de compra, apurando el consumo de las familias que estaba frenado por altos precios de los importados. La pugnacidad entre la junta directiva del Emisor y el Ejecutivo -a través de los ministros de Hacienda de turno- no dejaba que hubiese unas políticas estatales en función de entender el poder de las tasas en la activación económica, ahora que todo ha cambiado, es imperativo que los codirectores con el nuevo ministro de Hacienda puedan tener un diálogo más funcional en términos del costo del dinero, la disminución de la inflación, y sobre todo, en cómo aminorar los golpes de las externalidades como son los precios de los combustibles, y de una u otra manera, la llegada masiva de unos US$17.000 millones, una cifra que en el futuro lo único que hará será seguir creciendo dada la diáspora colombiana en el exterior y la monetización de cerca de 300.000 hectáreas de hoja de coca.
Frenar el consumo con altas tasas es inoportuno muy a pesar de que la inflación no se le haya encontrado una solución en el mediano plazo.
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