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EDITORIAL Nada más triste que la figura de un exministro
jueves, 23 de marzo de 2017
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Ante los rumores de cambios en el gabinete, es preciso recordar la importancia del servicio público y la necesidad de buenos ministros

 

Colombia ha tenido 121 ministros desde 2000. Una cifra enorme máxime si se tiene en cuenta que desde 2002 solo ha habido un par de presidentes. La rotación en las diferentes carteras es un mal mayor pues pone de manifiesto o en evidencia que estos importantes cargos son fruto más de cuotas políticas que de una idea superior de rodearse de los mejores para desarrollar el país político, económico y social. No se puede decir que en Colombia cualquiera llega a ser ministro, pues con el paso del tiempo se ha ganado en tecnocracia y preparación en los líderes de cada cartera; hoy se improvisa menos y se tiene en cuenta la preparación, el liderazgo, el trabajo en equipo y la capacidad de solucionar problemas, particularmente en el Congreso, institución a la que los ministros le dedican más tiempo que a cualquier otra actividad. En este periódico hacemos una encuesta directa dos veces al año en la que consultamos a 600 empresarios sobre la calificación que le ponen a los ministros y nos damos cuenta en el ejercicio que los hombres que hacen empresa son conscientes de las limitaciones de esos funcionarios, que los ven más como fichas políticas que como gestores del desarrollo nacional. Esa ha sido la conclusión de una ejercicio que hacemos desde hace seis años y que le ha servido al tejido empresarial para sentar su crítica o respaldo en el importante rol de ser ministro. Por estos días se rumora el cambio de algunos servidores en las carteras; un hecho que se ha desencadenará luego de la salida de Germán Vargas Lleras de la Vicepresidencia; la renuncia del embajador en Washington, Juan Carlos Pinzón; y del contra reloj político que supone el fin de período de inhabilidades para aspirar a ocupar la Casa de Nariño durante 2018-2002. Planteamos enfáticamente que “nada más triste que la figura de un exministro” para tocar las entrañas de las gestión de esos importantes personajes que tienen en sus manos la obligación de transformar el país, gestionando recursos y diseñando políticas públicas en función del desarrollo. Hay ministros de tres meses, medio año, dos años y algunos que quizá duren hasta el 7 de agosto de 2018, pero más que durar en el cargo y poner en la hoja de vida “exministro de tal cosa”, es más importante su legado, su gestión el balance de sus logros. Y la realidad es que algunos no pueden mostrar avances en sus sectores; hay otros a quienes los gremios les capturaron sus roles y funcionen; otros que poco transformaron sus carteras; y los más tristes, esos a quien nadie reconoce, ni siquiera al interior de sus despachos. El gabinete para el posconflicto que anunció el Presidente hace un poco más de seis meses no arrancó con la fuerza que se necesitaba; ahora se necesita que quienes tomen el control de las carteras tengan vuelo propio, estructura y ayuden al Ejecutivo a ejecutar recursos y programas necesarios para avanzar en el desarrollo. Nada más triste que un exministro que no tiene nada para mostrar cuando fue funcionario.

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