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EDITORIAL

Los ricos más ricos, pero los pobres más pobres

lunes, 25 de mayo de 2015
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El crecimiento de la corrupción y desprestigio de los gobiernos son los dos lastres que más pesan en esa lucha contra la desigualdad.

No puede pasar desapercibido el último informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, Ocde, dado a conocer el jueves pasado en el que se concluye que el mundo económico atraviesa por un punto de inflexión: la desigualdad en los países del llamado ‘club de las buenas prácticas’ está en su nivel máximo desde que empezaron los registros. En pocas palabras, la disparidad entre ricos y pobres se amplió para alcanzar su nivel más elevado en tres décadas.

Las preguntas que se deben hacerse en este momento son, para dónde se fueron las buenas prácticas entre los países exitosos y los aprendices, o de qué han servido los ajustes macroeconómicos sugeridos por la banca multilateral. La Ocde concluye en su informe  que el 10% de la población gana 9,6 veces más que el ingreso del 10% más pobre, en comparación con el 7,1% de la década de los 80 y el 9,1% de la primera década del siglo XXI. Nada qué hacer: ¿por qué no se cumplieron los Objetivos del Milenio trazados por la ONU?

La desigualdad en países emergentes como Chile, México, Turquía e Israel se ha disparado al igual que en Estados Unidos, por el contrario los niveles más bajos de desigualdad se encuentran en Dinamarca, Eslovenia, Eslovaquia y Noruega. El caso de Brasil es de término medio, es el país que mejores índices registra en la lucha contra la pobreza en todo el mundo. Colombia aún no pertenece oficialmente al grupo, pero desde un tiempo atrás ha empezado a poner en práctica muchas recomendaciones y en 24 meses se convertirá en el Estado número 35.

Dice el Organismo que “la evidencia demuestra que la elevada desigualdad perjudica al crecimiento. La tarea de la acción política es tanto económico como social. Si no abordan la desigualdad, los gobiernos están vulnerando el tejido social de sus países y dañando su crecimiento económico de largo plazo”. En teoría para reducir la desigualdad e impulsar el crecimiento, la Ocde recomendó una mayor inversión en educación, mejorar la igualdad de género en el empleo y ampliar el acceso a mejores empleos.

Es una lucha permanente que los gobiernos locales, regionales y nacionales deben dar con toda la firmeza, no solo en Colombia sino en los países en desarrollo. Seguramente eso se está haciendo y algunas políticas públicas son una muestra de ellos. No obstante, el crecimiento de la corrupción y el desprestigio de los gobiernos son los dos lastres que más pesan en esa lucha contra la desigualdad. Es elocuente cruzar los datos, en Colombia por ejemplo, entre los departamentos o las regiones más pobres con la vulnerabilidad ante la corrupción. Los más necesitados son los más atacados por los funcionarios públicos y contratistas corruptos.

No solo se trata de decir que se lucha contra la pobreza, también es cuestión de lanzar una verdadera cruzada en contra de los corruptos.

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