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EDITORIAL

Los líos del Cauca y su camino a la balcanización

viernes, 10 de junio de 2016
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El Cauca necesita presencia del Estado con autoridad, más que dinero en subsidios, que lo único que  generan es asistencialis-mo crónico.

Si Colombia quiere avanzar en el proceso de paz y construir un periodo de posconflicto debe entender la situación del Departamento del Cauca, una subregión al surocciodente del país de aproximadamente 30.000 kilómetros cuadrados que le aporta a la economía 1% del PIB. Su ingreso per cápita está muy por debajo del promedio nacional con un poco más de US$6.000 y una tasa de desempleo estructural de 15%.

Sus problemas son ancestrales. En el siglo XIX fue el gran eje de los conflictos nacionales que marcaron el entresiglo. Fue un Estado Soberano desde donde se articularon casi una veintena de periodos presidenciales; su radio de acción abarcaba, Pasto, Popayán, Quibdó, Cali, Buenaventura y gran parte de los otrora territorios nacionales del sur. Para quitarle el poder político y militar amasado por décadas, al comienzo del siglo XX se le segregaron territorios y nacieron varios departamentos, pero a Popayán y sus alrededores inmediatos le dejaron la pobreza y los problemas heredados de la colonia.

El gran desarrollo agroindustrial se afincó al sur del valle geográfico del río Cauca dominado por Cali, mientras que las laderas y las montañas empezaron  a ser guarida de guerrilleros y traficantes de narcóticos. La altísima población de pueblos indígenas, el descuido del Estado y la pobreza creciente, ha creado un foco de insurrección de tal magnitud que allí nunca llegó la seguridad democrática y mucho menos políticas públicas de bienestar y desarrollo. Las poblaciones minoritarias de Colombia -que en el Cauca son mayoritarias- han estado atendidas por políticas aistencialistas que incuban las acciones de hecho para seguir demandando subsidios de las arcas estatales.

Es tan bueno el negocio de poner al Departamento y al resto del país contra la pared que cada día nacen más grupos de presión: nuevos resguardos sin historia étnica y grupos variopintos como los defensores del páramo, de los osos de anteojos y de las dantas. Todos queriendo arrodillar al Estado con la ignorancia de que negocian de Estado a Estado, pues son territorios constitucionalmente reconocidos como autónomos. Y obviamente, es un secreto a voces, que detrás de los permanentes taponamientos en la vía Panamericana están los grupos guerrilleros que han hecho del Cauca su epicentro. Pero el verdadero lío es que entre ellos hay divisiones enormes: los indígenas Nasa son enemigos de los Guambianos; los Totoroes no quieren a los Yanaconas y en el medio está un puñado de colonos que aún subsisten y que ahora abogan por la implementación de Zonas de Reserva Campesinas.

No hay soluciones a la vista, mientras los varones del narcotráfico siguen mandando en un Departamento sin ley y en medio del subdesarrollo más grotesco. Es una de las pocas regiones del mundo con costa en el Pacífico, pero sin carreteras de acceso a esas oportunidades de desarrollo turístico y agroindustrial. 

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