miércoles, 18 de marzo de 2020

El Gobierno nacional, las empresas, los funcionarios y los trabajadores deben cuidar la dinámica económica para que no se frene la economía ni se perjudiquen sectores críticos

EditorialLR

El recorrido de muerte que está haciendo el Covid-19 por casi todos los países debe enfrentarse con todas las armas y herramientas a la mano; primero con el imperativo indiscutible de proteger la vida humana, y segundo, para blindar la economía ante un frenazo en seco con consecuencias nefastas. Es primordial actuar en esos dos sentidos convocando a un verdadero frente económico para derrotar la inminente crisis.

Es un hecho, las palabras “epidemia” e “incertidumbre” -que se empieza a sentir en el flujo de caja de muchos negocios- se cruzan en la agenda del presidente Iván Duque. La derrota de la pandemia global del coronavirus solo es cosa de tiempo e inexorablemente afectará a muchos sectores antes de que inicie su inevitable recuperación. Primero, se deben desarrollar programas para ayudar a las personas contagiadas, enfermas y vulnerables; luego, a los negocios pequeños que pagan impuestos, la mediana industria y las grandes empresas que soportan el grueso del pago de tributos y generan empleos formales; y solo hasta el final del eslabón se deben plantear estrategias para mantener fuertes a los bancos, pues una crisis ahí sería dramática, máxime ahora que se escuchan ideas populistas de no pagar créditos y obligaciones.

Algunas ideas sueltas para el frente sanitario pueden iniciar con una cuarentena mandatoria para la población más vulnerable (mayores de 60, 65 o 70 años). Eso ayudaría a bajar el ritmo de transmisión, al tiempo que prevendría el agotamiento potencial del sistema de salud. En el mismo orden, se debe formular un plan para que las familias, el Gobierno y el sector privado atiendan a los más necesitados activando planes integrales de responsabilidad social desde donde se decanten alimentos, medicinas, logísticas y demás necesidades básicas. Se debe ir diseñando alternativas para que el resto de la población tenga normalidad en su día a día laboral y no se frene más la economía; obviamente, siendo muy estrictos con la eventual cuarentena. En ayudas gubernamentales, hay que saber que una cosa es “Dinamarca y otra Cundinamarca”; en Italia hay moratoria para el pago de hipotecas; en EE.UU. dinero barato para sectores estratégicos en donde la demanda ha colapsado como turismo, transporte aéreo y eventos.

Pero acá no se puede empezar a pedir dinero público como si estuviéramos en una “minga en la Panamericana”; se debe apoyar a los generadores de riqueza para que paguen impuestos, que son el mecanismo más idóneo de ayuda e inversión social. Un frente crucial es lograr que la inflación que pueda causarse por la devaluación no suba más y debería contrarrestarse por la caída en la demanda. Entre tanto, el Banco de la República debe aumentar la liquidez bajando las tasas por un largo período, de tal manera, que haya seguridad para los consumidores. Hay que estar atentos a que esa eventual liquidez bancaria no se vaya a inversiones en TES y no se transfiera a los cuentahabientes en un momento crítico. El Gobierno tiene limitaciones fiscales que se van a agudizar por la caída del petróleo, por tanto, que la combinación de estímulos fiscales y monetarios debe ser quirúrgica. Queda pendiente mirar las observaciones de las agencias calificadoras ante esta coyuntura que será tangencial para los bancos. El Emisor tiene reservas importantes y mecanismos que puede usar para prevenir que la moneda siga subiendo.

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