sábado, 11 de julio de 2020

Ha quedado claro que Colombia está muy lejos de poder declarar control del covid, mientras eso llega, el autocuidado de las personas es la única garantía de que todo pasará muy pronto

EditorialLR

Vuelve y juega la cuarentena estricta desde el próximo 16 de julio hasta el 1 de agosto porque aún no hay control del covid-19 en Colombia. Muchas poblaciones y ciudades están experimentando más contagios y muertes de las esperadas, mientras que las autoridades sanitarias se han enfrascado en un dañino “tira y afloje” político que puede ser el responsable del reciente deterioro en la lucha contra el mortal virus.

Varias situaciones que recalcar: la primera tiene que ver con el prematuro grito de victoria lanzado por el Ministerio de Salud que pasó del manejo técnico y científico durante los primeros días a salidas en falso y enfrentamientos que han ido minando su credibilidad, y sobre todo, lo han señalado como responsable de una suerte de politización de las políticas públicas para atender esta pandemia que amenaza con instarse en el país durante muchos meses hacia delante.

Más allá de haber “ensillado antes de tener los caballos listos”, está el casi nulo trabajo en equipo entre gobernadores, alcaldes, ministerio y gerencia del covid, pues en Bogotá la Alcaldía Mayor ha demostrado ir por su lado y tener línea de oposición; en Cali, su alcalde habla de avanzar en el tratamientos basados en la Ivermectina; en Barranquilla, su primera autoridad dice que ya llegaron al pico y le exige al Gobierno más ayudas. Y ni qué decir de mandatarios menos sonoros que ven cómo el contagio toca a sus puertas sin saber ni para qué sirven los ventiladores ni qué hacer cuando los contagios lleguen a sus pobres hospitales por cientos.

Ojalá que la noche sea más oscura cuando va a amanecer y eso se aplique a la pandemia en Colombia. Esperemos que lo más malo esté sucediendo en este momento y que todo mañana sea mejor, pero para eso se necesita mucha credibilidad en las instituciones y que éstas no sean menores a las expectativas de las personas.

Tal como sucede con los huracanes estamos en el ojo de uno de ellos, es decir, estamos peligrosamente expuestos en una situación de la que no sabemos cómo vamos a salir. No obstante, está el mejor camino para avanzar y es el autocuidado de todos y cada uno. No se puede vivir en cuarentena, la vida normal debe seguir en medio de extremos cuidados, sin tener que parar la economía porque las consecuencias pueden ser peores que la misma enfermedad de la cual buscamos alejarnos.

Hoy más que nunca hay que dar muestras de disciplina social, de distanciamiento obligatorio y huir de aglomeraciones, multitudes y situaciones de exposición innecesarias. No se puede parar la economía por varias razones: la oferta y la demanda tienen una nueva realidad de intercambio que obliga a trabajar en medio de otros hábitos marcados por el cero contacto; el inmobiliario público ya no es un mercado, en adelante será lo que siempre debió ser: una autopista por donde viajan los productos y servicios, no un canal de ventas.

Pero lo más importante para la economía es la manoseada cuarta revolución industrial que dota los intercambios comerciales de plataformas antes inexistentes como es el comercio electrónico, el dinero digital y una oferta antes inexistente de competidores mundiales. Se puede mercar desde casa, se puede teletrabajar, se puede socializar y muchas más situaciones otrora impensables; hay que tener la certeza que la nueva normalidad ha llegado, ahora el punto es no ser resistente al cambio.

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