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EDITORIAL

La agenda no debe ser solo La Habana

sábado, 29 de noviembre de 2014
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Las cuatro semanas que quedan para que este 2014 llegue a su final son frenéticas en lo económico, se necesita precisión.

Nadie puede desconocer la trascendencia de lograr un acuerdo que permita a nuestro país vivir en paz. Sin duda que es la prioridad, sin que ello deje por fuera la discusión de asuntos puntuales, ligados en muy buena parte a las acciones demenciales de quienes están en el bando contrario. Sin embargo, dado que el país ha logrado sortear con relativo éxito ese flagelo durante varias décadas, ha adoptado como estrategia llevar una agenda paralela independiente que ha permitido el avance en muchos frentes, lo cual es reconocido en el mundo entero y que le da a los colombianos un carácter especial. Y en ese orden, se debe mantener esa ruta, para que la ocurrencia de un acuerdo de pacificación no sea el comienzo sino una parada en el camino para continuar ese impulso o inercia que lleva el país.

Lo anterior no lo pueden dejar de lado u olvidar los distintos agentes de la sociedad, comenzando por el Gobierno de turno, la academia, la clase política y los mismos empresarios. No parece ser esa la tónica que está impregnando a importantes escenarios de la vida nacional, que todo debate o discusión lo ligan con las discusiones sobre el proceso de paz que se adelanta en La Habana y es usado para descalificar a quienes no piensan o comparten las ideas acerca del asunto. Esto resulta no solo inconveniente sino también riesgoso porque la coyuntura, en particular en el tema económico, debe ser objeto de mucha atención y cuidado, pues es evidente que las condiciones de la situación internacional pueden golpear duramente al país y tener consecuencias poco deseables para la gente, si no se actúa con prudencia, sabiduría y mucha responsabilidad.

En el Congreso de la República se discute a toda marcha un proyecto de ley que introduce cambios importantes a las normas tributarias con el objetivo casi único de que el Gobierno recaude una cifra cercana a US$ 6.000 millones, que según el mismo Gobierno corresponde a las necesidades adicionales de corto plazo como consecuencia de la destorcida de los precios del petróleo y de la intención de acabar con tributos temporales creados en el pasado.

Dentro de los asuntos ineludibles que deben permanecer en la agenda pública por su importancia coyuntural hay varios, dentro de los cuales está la evolución del sector externo, pues los datos que están apareciendo merecen esa prioridad: la cuenta corriente registra un déficit que alcanza registros desalentadores, con el ingrediente de una mediocre evolución de los ingresos por exportaciones y unos niveles altos de importaciones, que hacen que el faltante esté en el comercio.

Es una tarea para las autoridades económicas y el Emisor que no debe relajarse, sino ser objeto de un monetario continuo.

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