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EDITORIAL

Innovación sin patentes no es innovación

martes, 6 de marzo de 2018

En lo que va corrido de 2018, la SIC solo ha otorgado 20 patentes a universidades, lo que es una cifra muy baja si se compara con otros países

Editorial
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Innovación es la palabra más usada en las presentaciones para auditorios académicos y empresariales, pero lo más complicado y que muy pocos logran es pasar las ideas a la realidad. No se puede hablar de innovar sin que su resultado real sea un registro, un nuevo proceso disruptivo o una patente.
Cuando se dice que Colombia es un país innovador se comete una grave imprecisión si se copara con lo que sucede en el mundo, pues nuestros creadores o innovadores no logran pasar de simples nuevos procedimientos para un mismo resultado, sin que verdaderamente logren cosas disruptivas que merezcan ser patentadas al menos a nivel local. La pregunta clave es por qué no surge una buena cantidad de personas dispuestas a crear cosas distintas, a innovar usando nuevas tecnologías o simplemente a llevar los productos a una nueva fase de desarrollo. La respuesta tiene que ver con el entorno que necesita todo proceso de innovación o de creación de nuevos objetos o procesos.

Y no hay un mejor lugar para desarrollar el talento, la creatividad y visiones distintas de ver las cosas corrientes que la universidad y las empresas. Todas las grandes innovaciones actuales tienen como cuna una universidad o una empresa, es muy raro el adelanto tecnológico que ha crecido por fuera de estos dos lugares; y quizá ese sea uno de los problemas para que Colombia no sea propiamente un lugar para la innovación y la creatividad.

Si miramos las últimas cifras de la Superintendencia de Industria y Comercio, las universidades e instituciones de educación superior siguen liderando el ranking de solicitudes de patentes, un hecho que nos debería alegrar, pero las cifras son tan bajas que más bien nos deberían preocupar si nos comparamos con otros países. En lo que va corrido de 2018 se han concedido un total de 20 patentes a universidades, distribuidas por sectores así: 9 en mecánica; 5 en electricidad, electrónica y telecomunicaciones; 3 en procesos químicos; y 3 en productos biológicos. Unas cifras muy pequeñas cuando en la mayoría de los países de la Ocde, estas se cuentan por miles anuales.

Solo en Japón se registran 510.000 solicitudes de patentes cada año; otras 400.000 en Estados Unidos, frente a las 200.000 de China y las 180.000 de Corea del Sur. El origen de casi todas las solicitudes de patentes en los países desarrollados está en los departamentos de investigación y desarrollo de las empresas y otro tanto en las universidades. Colombia ha avanzado hasta tocar casi las 200 anuales, monto que parece un chiste si lo comparamos con el mundo desarrollado.

No se puede seguir hablando de innovación sin vincularlo a una patente y el Gobierno debe acondicionar entornos donde la innovación y la creación se conviertan en una patente, algo que podamos desarrollar solos para competir globalmente. En 2014 el promedio de solicitudes de patentes era de 5 por millón de habitantes, en 2017 llegamos a 16 por millón de habitantes, una cifras a la que se ha llegado de la mano de las universidades, pero debe seguir creciendo.

La SIC ha puesto en marcha 27 Centros de Apoyo, Tecnología e Innovación en los cuales se prestan servicios de orientación y asistencia en la búsqueda de información tecnológica, y 19 de ellos operan en universidades, pero hace falta trabajar más de manera tripartita en donde se encuentren los centros educativos desde secundaria, las empresas y el Gobierno.

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