.
EDITORIAL Entre el Índice del Café con Leche y Bitcoin
sábado, 16 de septiembre de 2017

El lado oculto de la economía desatada por los venezolanos nos muestra el camino para no caer en los mismos errores del chavismo

Editorial

Hace poco más de una década, Tim Harford, columnista del diario, Financial Times, publicó su primer libro bajo el titulo “El economista camuflado”, un texto cargado de gran observación económica y lenguaje periodístico con el que explicaba los incentivos que llevan a las personas a comprar un café más caro en Starbucks y de la mano explicar la pobreza en qué viven sumidos los países en África. Ahora en las librerías se encuentra “El poder del desorden”, otro libro con el mismo poder de explicar con simpleza la transformación permanente que ejecutan los consumidores con sus hábitos. El tema viene a colación por las consecuencias invisibles que está teniendo la llegada de venezolanos a las ciudades colombianas, que más allá de un histórico fenómenos de inmigración masiva nunca ocurrido en Colombia, hay nuevos usos y costumbres que tiene que ver con el estado de la economía venezolana.

Recordemos que nuestro vecino está experimentando el mayor episodio de inflación conocido durante la última década, fenómeno de estudio en todas la universidades fuertes en las ciencias económicas, especialmente por los seguidores de Phillip Cagan, el experto en hiperinflaciones que defiende que una economía no está en hiperinflación cuando los precios “solo” varían cada mes 50%, es decir, ese es el techo de calificación. En agosto, la variación de precios registró 33,7% para ajustar 366,8% durante 2017, a la luz de las cifras oficiales.

La situación no solo los ha obligado a salir en masa -además del vecino Colombia- a las islas del Caribe, Panamá, Perú o Chile, sino también a buscar alternativas para que sus bolívares no sigan perdiendo valor: los están llevando a Bitcoin y se han vuelto unos expertos en la economía de bolsillo comparativa. Cada vez son mayores las operaciones que se hacen con esta criptomoneda en Bogotá, Medellín, Cali y Barranquilla, incluso hay iniciativas de cajeros en Pereira; hay tiendas dedicadas a ese negocio y cada vez surgen más operadores virtuales que están en camino de masificar esta moneda, aun perseguida por los bancos centrales. Pero que en el caso de los venezolanos es un refugio aparentemente seguro de su desvalorizado dinero. Sus billetes pierden valor cada segundo, el bolívar de mayor denominación es de 20.000 y vale US$5. Al mismo ritmo de la fiebre venezolana por el Bitcoin, se abre paso otro termómetro callejero para medir, con algún grado de certeza, cuál es el costo de vida real en Caracas y compararlo con Bogotá, Panamá, Lima o Santiago. Es el Índice Café con Leche creado informalmente por Bloomberg y mide el valor de ese producto en varias cafeterías venezolanas.

El último dato que se tiene es que un café con leche está subiendo a tasas anuales cercanas a 750%, una cifra alarmante si se compara el mismo producto en Oma, Starbucks, Juan Valdez o Tostao en Bogotá. La inflación en las diferentes ciudades colombianas no asciende a 4% en lo corrido del año, por lo que es todo un incentivo pasar a Cúcuta o Bucaramanga a tomarse un café a precios más reales. El problema es que los venezolanos no tienen dólares ni otras monedas por las que puedan cambiar sus devaluados bolívares y prefieren dejar sus ahorros en esa moneda local, a merced de los chavistas, y salir a buscar un trabajo estacionario mientras las cosas se resuelven para beneficio de todos.

MÁS DE EDITORIAL

Editorial 30/07/2021 Tras las líneas del discurso de Pedro Castillo

Las palabras del nuevo presidente de Perú, en su toma de poder, están cargadas de aires bolivarianos que ya se habían escuchado a Chávez y cae en los mismos resentimientos

Editorial 29/07/2021 Las paradojas económicas del dólar a $4.000

Si se observa la tendencia del dólar durante el último año, pareciese inevitable que supere $4.000 y siga de largo, una situación que no deja de tener cosas buenas, pero otras no tanto

Editorial 28/07/2021 No hay que dejar enredar la tributaria

Aprobar la nueva reforma tributaria es el punto de partida para recuperar el grado de inversión perdido y devolverle la estabilidad a la creciente devaluación del peso

MÁS EDITORIAL