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EDITORIAL

El reto es una paz definitiva que abra un camino

miércoles, 22 de junio de 2016
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El reto es creer y construir desde cada uno. la paz es de todos y solidificar el acuerdo alcanzado es una tarea de generar por el país.

Alcanzar un cese al fuego bilateral y definitivo con las Farc es un paso enorme para lograr parar la guerra interna que ha desangrado al país durante casi sesenta años. El fin de la guerrilla más poderosa y más antigua, que ha marcado la historia nacional, ha llegado. Este paso debe entenderse como el adiós a las armas levantadas contra la sociedad y el Estado; esos mismos hombres han pedido una oportunidad y ahora podrán jugar con las mismas reglas que brinda la sociedad civil a todos los colombianos. Las puertas políticas están abiertas para una nueva etapa alejada de la violencia y el narcotráfico.

Es un hecho histórico. Nunca antes se había llegado tan lejos, y ante los ojos del mundo, el Gobierno Nacional y el secretariado de las Farc se comprometen a seguir enfrentados, pero ahora en el campo de las ideas, las propuestas y el respeto institucional. Quedan muchos pendientes muy complejos, como son la reinserción de los miles de guerrilleros, la desintegración de sus redes de apoyo, la entrega de las armas, el funcionamiento y la vigilancia de las zonas de concentración, la justicia extraordinaria, y todos esos puntos de los acuerdos alcanzados en los diálogos de La Habana. Es un momento de grandeza para los políticos tradicionales y para los empresarios que generan empleo e invierten en el país; un momento de volver a creer, de apostarle a un futuro mejor y de aceptar un compromiso superior con el mañana de los colombianos más jóvenes. No es el momento para seguir sembrando odios y propagando venganzas sin cuartel o proclamando guerra total con los escasos impuestos de todos los contribuyentes. Este es solo el comienzo de un nuevo camino lleno de esperanza y sobre todo de compromiso para construir un nuevo país sin guerrillas impregnadas de narcotráfico.

A partir de hoy el reto es enorme para cada colombiano. No podemos olvidar que el compromiso de construir una paz duradera es de todos y que cada quien, en su capacidad individual, debe aportarle a la reconstrucción. Con el fin definitivo del conflicto se acaban también muchas excusas para seguir en una guerra millonaria que se lleva una buena tajada del presupuesto nacional y se adquiere un compromiso con la lucha frontal en contra de las causas de la guerra interna como son la ausencia del Estado en varias regiones, la falta de oportunidades para los jóvenes marginados del campo y la ciudad, la desigualdad social, la extrema pobreza, la inseguridad y todos los demás generadores de inconformidad. Hay unos obstáculos enormes transversales a todos los problemas crónicos o estructurales del país que tienen que ver con la incredulidad, la desconfianza de lo alcanzado y el exceso dañino de individualismo; pero es un momento único e irrepetible para creer, para construir y cambiar la historia trágica que han vivido todas las generaciones vivas de colombianos.

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