martes, 10 de marzo de 2020

Gobierno debe rehacer su presupuesto, no solo porque las condiciones cambiaron, sino porque bajar el dólar a $3.360 y subir el barril de petróleo a US$60 es una tarea muy complicada

EditorialLR


La del pasado lunes 9 de marzo es una de esas jornadas históricas difíciles de olvidar y que estará en todos los libros de economía de ahora en adelante. Nunca antes en la historia reciente se habían juntado tantas situaciones problemáticas como en esta ocasión: los tambores de guerra arancelaria entre China y Estados Unidos no se han silenciado del todo; la recesión toca a la puerta de algunas de las economías otrora más saludables del mundo; Arabia Saudita y Rusia se enfrascan en una guerra inédita de alta producción y bajos precios, y como si fuera poco, una ola de Covid-19 se esparce por el mundo generando contagio y sembrando incertidumbre. Todo un panorama apocalíptico que deja muchas reflexiones, grandes enseñanzas y oportunidades.

Lo primero es revisar las causas que representan para la economía mundial un barril de petróleo a US$40 en promedio. Claramente, tiene que ver con la pelea entre árabes y rusos por la supremacía en los mercados del crudo, episodio que se ha sumado a la baja demanda ocasionada por el coronavirus. Las consecuencias no se han hecho esperar y han llevado a las monedas de los países emergentes al traste. En un solo día, el peso colombiano se devaluó 6,13%, pasando de $3.584 a $3.803,6. El real brasileño registró una caída de 2,05%; la devaluación del peso argentino ha sido de 2,8%, la del peso chileno 1,86% y la del mexicano 4,50%, porcentajes que no dicen nada distinto a que los grandes mercados de la región se empobrecieron a tasas alarmantes, nunca vistas. El gran problema es que son cifras difíciles de hacer volver a su cause, no sobra recordar que en el Marco Fiscal de Mediano Plazo el Gobierno Nacional hizo cuentas con un dólar a $3.360 y con un barril de US$55, números complejos de volver a ver en el mercado a mediano plazo, pues pocas veces en la historia se habían juntado tantas cosas malas en una sola coyuntura.

Es difícil que las cosas vuelvan a ser las mismas de antes y los números retornen en pocos días a sus puntos de partida, pero eventualmente sucederá, solo que en términos económicos caer siempre es más rápido que levantarse. Si bien las autoridades son optimistas sobre la situación y la capacidad de la economía colombiana para absorber o asimilar esos choques externos; hay medidas urgentes que se deben tomar como son bajar las tasas de interés, reducir el gasto público y comprometerse con un plan exportador a gran escala que aminore uno de los fantasmas de la economía que es el creciente déficit en la balanza comercial. Hay crisis en la balanza de pagos que por naturaleza está sujeta a estar en equilibrio o con saldo cero, pero que en Colombia tiene un desajuste cercano a 5%, porcentaje que enciende todas las alarmas, pues estamos importando más de lo que exportamos, con el agravante que las ventas al exterior de petróleo ahora se harán a más bajo precio. No es un momento fácil, pero hay que tener en cuenta que después de toda crisis siempre llega un largo periodo de auge económico donde los ganadores son quienes hayan comprado a buenos precios, hayan ahorrado y hagan movimientos económicos más conservadores. Los gremios y sus empresarios deben tomar la situación como un momento crítico de respaldo al Ejecutivo en sus decisiones, así todos los choques externos tengan que ver con asuntos inmanejables.

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