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EDITORIAL El Efecto Francisco
domingo, 3 de septiembre de 2017

La semana que inicia es histórica para el país, no solo por la visita de Francisco, sino porque comienza un complejo camino para consolidar la paz

Editorial

Comienza la semana número 36 de 2017, un tiempo especial que estará marcado por la visita del Papa Francisco, una efemérides muy importante desde el punto de vista de formación de opinión pública, máxime si se tiene en cuenta que es la primera que el primer jerarca de la iglesia católica viene a una Colombia en un momento disruptivo, marcado por la terminación oficial de un conflicto interno de medio siglo; también porque el Papa viene en unos días que no somos noticia internacional por ser víctima de una tragedia masiva o un desastre natural. Es casi una constante que los papas visiten países latinoamericanos atribulados por problemas de orden público, por extrema pobreza o porque han sido castigados por la naturaleza. Esta visita es muy distinta a las anteriores, se da en otro marco, uno diametralmente opuesto al que tuvieron que presenciar Pablo VI en 1968 y Juan Pablo II en 1986; la Colombia de hoy atraviesa por un momento histórico de cambio de época, que solo se verá con elocuencia cuando pasen los años y nos demos cuenta que el capítulo de las guerrillas narcotraficantes se empieza a cerrar, y contra toda incredulidad, éstos otrora temibles delincuentes se la juegan por hacer política de frente, de cara al país, que los mira con cierto grado de desconfianza y visos de temor por la idea de Estado que quieren desarrollar cuando accedan a los poderes locales, regionales o nacionales.

Desde que el Papa jesuita argentino fue elegido el 13 de marzo de 2013, los colombianos han esperado su visita, no solo por lo que representa para Latinoamérica en el mundo católico, sino porque es verdaderamente un líder que mueve masas con su especial estilo de conectar con la gente y de decir cosas a los dirigentes que sus antecesores simplemente omitieron por ser políticamente incorrectas. Esta primera semana de septiembre estará centrada en las palabras de Francisco, quien sin duda alguna, lanzará mensajes marcados con fuego que a muchos les gustará escuchar. Su formación jesuítica y la idea que tiene sobre la doctrina social de la iglesia lo llevará a plantear nuevos escenarios de debate, que muchos pretenderán usar para soplar sobre el fuego político que crece por estos días.

La Colombia que visita Francisco es un país muy caldeado en lo político, social y económico; no solo porque vivimos un complicado panorama electoral de cara a las elecciones para el Congreso y la Presidencia del próximo año, sino desde lo social por la creciente indignación nacional por los brotes de corrupción pública que se han destapado en las altas cortes y entre habituales senadores. En lo económico, seguramente el Papa reforzará el mensaje sobre la deuda pendiente de América Latina de reducir la pobreza y disminuir las diferencias entre ricos y pobres; es quizá un cliché, pero se va a reforzar el mensaje europeista de que gran parte del problema es que los ricos son muy ricos y los pobres muy pobres. Será un bello momento para oír del Papa lo que ya sabemos desde la banca multilateral en la esfera económica, pero dirá palabras más humanas, más espirituales que escucharán millones, no solo de colombianos, sino de latinoamericanos.

El Efecto Francisco tendrá consecuencias en todos los rangos de acción humana y debemos estar dispuestos a dar pequeños giros en pos de un futuro mucho mejor.

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