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EDITORIAL

El desgobierno en Perú puede ser contagioso

viernes, 16 de diciembre de 2022

Es contradictorio que un país sin un gobierno estable crezca con potencia como sucede en Perú, pero esa situación no es duradera y puede ser contagiosa

Editorial

Todo lo que suceda en alguno de los autodenominados países de la Alianza del Pacífico le importa a la región, por lo que Perú está en el epicentro de preocupación política, económica, social y geoestratégica. Sin duda alguna, las complicaciones pueden venir del estallido social que fracture a un país profundamente dividido entre lo rural y urbano. Hay dos ‘Perús’, uno muy selvático, indígena y campesino, lleno de carencias en salud, educación e infraestructuras, y otro más urbano, cosmopolita y desarrollado que goza de un ingreso per cápita superior al colombiano de unos US$7.000, alcanzados por las exportaciones minerales, agropecuarias y el turismo. De la fractura social tan anunciada y manipulada por los líderes políticos populistas que han ocupado sus últimos gobiernos, se salta ineludiblemente al verdadero decrecimiento económico.

El crecimiento de la economía peruana ha sido de dos dígitos en el último par de años, sostenidos en el buen precio de los poliminerales. La inflación es levemente inferior a la colombiana y la devaluación del sol peruano ha estado muy por debajo de ese 15% nacional que ha atormentado a la Casa de Nariño. Perú es un raro caso económico. Ha tenido seis presidentes en un lustro y casos de corrupción bastante grotescos, pero a pesar de esa penosa situación, su economía sigue siendo calificada como emergente y fuerte en el vecindario, incluso por encima de la colombiana. La desigualdad e inequidad en Perú son muy inferiores a las colombianas y en algunos aspectos caminan mejores senderos. El verdadero problema de la caótica y contradictoria situación peruana es el choque ideológico.

La Presidencia de Pedro Castillo le daba las cuentas al eje Maduro, Boric, Ortega, Fernández, Amlo y Petro. Por lo que el país andino se convierte en un último bastión de una derecha que debe consolidar liderazgos y ejecutar mejor las inversiones sociales si quiere ser una opción de gobierno. Claramente la Alianza del Pacífico está fracturada con las primeras escaramuzas entre la Presidenta interina peruana y su homólogo colombiano, Gustavo Petro, quien no se ha hecho esperar ni ha medido su favorabilidad frente a lo que está sucediendo en el vecino país. Si Colombia y Perú empiezan a llamar a sus representantes diplomáticos a consultas, las cosas comienzan mal y la buena nota diplomática que se había avanzado con Venezuela se romperá en un mercado no menos importante, especialmente por la presencia de empresas peruanas en Colombia y locales en el país de los Incas.

La factura más grande si Perú y Colombia empiezan a pelear entre sus mandatarios de turno es el avance de las llamadas empresas multilatinas que se verá ralentizado por uno o dos lustros. El sector financiero y energético colombiano tiene inversiones en Perú, lo mismo que un puñado de bancos, industrias y agroindustrias peruanas en Colombia. Debemos insistir en que las terquedades ideológicas de los mandatarios no pueden romper relaciones entre los sectores productivos. Siempre la distancia ideológica de los gobiernos colombo-venezolanos hicieron daño a las personas que viven de un intercambio comercial histórico, que no ha sido capaz de mantener las diferencias políticas, ojalá no vaya a ocurrir lo mismo con Perú y que Petro y los congresistas peruanos no se ensarten en una disputa que deje millones de pobres migrantes.

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