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Cifras del censo económico
Hace décadas que el país no hacía un censo económico cuyos resultados rediseñaran el mapa socioeconómico, una necesidad de cara al futuro de urgencia política regional
El debate político colombiano debe ganar altura temática y empezar a tratar los temas dorsales para el futuro de Colombia como país, que garanticen una Nación más sólida, con pilares, para las nuevas generaciones. La única herencia real que dejan los presidentes, alcaldes y gobernadores son las obras y el engrandecimiento del país, las regiones, los pueblos y ciudades, un objetivo que se pierde entre el populismo y las mentiras para conseguir el favor de los votantes.
En dos semanas, el Dane empezará a entregar los resultados del censo económico que empezó el año pasado y que ya evacuó las fases de recolección de datos, análisis de resultados y entrega de los datos que deben convertirse de dominio público, cifras determinantes para hacer política pública y para que el sector productivo pueda tomar decisiones; quizá una de las grandes observaciones al futuro es que el país debe tomar los datos del censo para repintar, rediseñar o rehacer el mapa nacional.
La división política de hoy es fruto del capricho, la terquedad o la ignorancia de los formadores del país del siglo XIX, realidad que hoy se pone a prueba con la movilidad social, el desplazamiento, el despoblamiento, los polígonos industriales, los nuevos epicentros de desarrollo, comercio o turismo, y lo que no es menor, la pujanza del centenar de pueblos que hoy tienen más de 100.000 habitantes.
La división política de 32 departamentos es un asunto obsoleto, desactualizado que debe reformarse y que se deriva de la ambición por garantizar un mayor número de representantes a la Cámara o senadores para jugar un poder político en el Legislativo. Los resultados del censo económico deben obligar a pensar en el anhelado país de las autonomías más coherente con la construcción alrededor de polígonos de desarrollo económico con vocaciones específicas y competencia entre ellos.
“Es la economía, estúpido”, es ese bello mantra de línea política que bien se puede aplicar a cada rato para abrirle los ojos a los políticos de que las personas, familias, comunidades y sociedades están determinadas por la búsqueda a soluciones o necesidades básicas insatisfechas, como la seguridad, el trabajo, la vivienda, la salud y la diversión.
El censo económico que entregará el Dane debe ser la cuota inicial de la reflexión del nuevo agrupamiento del país que nos ayude a entender la informalidad, la economía popular, los centros de producción y consumo, para que se pueda empezar a encontrarle solución a los problemas crónicos del territorio nacional, tal como es la alta pobreza que hoy cobija a unos 15 millones de personas y que golpea a 7 millones con miseria extrema.
El gran problema siempre es que el Congreso omite este tipo de data social para seguir con un poder a medias que no deja progresar al país económico ni agruparse de manera distinta, como son las vocaciones económicas o de consumo. Los censos demográficos siempre son saboteados para no afectar el número de curules por departamentos ni tocar la dependencia económica de los pueblos.
Es muy oportuno que el Dane enseñe los resultados en medio de este debate político para que los más ilustrados den sus puntos de vista sobre la verdadera Colombia del siglo XXI.
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