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El agro necesita más proyectos, menos peleas
No pinta bien la pelea entre Fedegan y el Ministerio de Agricultura, se necesita un cese el fuego de palabrerías y empezar a diseñar más programas en pos de un mejoramiento en la calidad y los costos de la leche y la carne
La transición administrativa en Ecopetrol, la empresa más importante de los colombianos, se debe sentir la próxima semana cuando la petrolera presente sus resultados trimestrales, un dato que debe mejorar a los presentados recientemente, pues el precio de los combustibles se ha mantenido al alza, pero lo más se lo cuente debe ser el cambio de administración, por una más enfocada dinamizar la producción y elevar las ventas de crudo en el exterior.
Los últimos días no han sido buenos para el sector agropecuario, especialmente para los empresarios dedicados a la producción de carne y leche. El principal gremio, la Federación Colombiana de Ganaderos (Fedegan), y el Ministerio de Agricultura han desatado una lucha sin cuartel en un momento en que la economía del país necesita mayor armonía para consolidar reformas duraderas de cara al 2030.
La cartera del agro interviene en una veintena de entidades que son dorsales para la producción y comercialización de alimentos fundamentales en la canasta familiar; posee miembros en las juntas directivas y participación accionaria en las principales centrales de abastos, y su presencia es obligatoria en la estructura de los gremios que administran recursos públicos parafiscales. Tal es el caso de Fedegan, que gestiona más de $100.000 millones provenientes de cada kilo de carne o litro de leche que llega al mercado. Además, es un gremio activo, logística y administrativamente, ante el ICA, entidad donde juega un papel fundamental en las jornadas de vacunación contra la fiebre aftosa y en el control de las guías de movilización de semovientes en todo el territorio nacional.
Fedegan y el Ministerio de Agricultura son dos instituciones condenadas a trabajar en conjunto por uno de los sectores agropecuarios más golpeados por la inseguridad y el olvido estatal. Ahora que existe una profunda preocupación por el rebrote en el precio de los alimentos -el factor que más influye en el alto costo de vida-, la cartera del agro debería pasar la página del enfrentamiento con los ganaderos y construir el sector de talla mundial que el país requiere. Naciones con una conformación económica similar a la de Colombia, como Argentina, Brasil o Paraguay, cuentan con un sector ganadero que es pilar fundamental de sus exportaciones.
En Colombia, la venta de carne al exterior avanza a paso de tortuga, pero avanza; sin embargo, el panorama es más complejo para el mercado de los productos lácteos, que curiosamente no logran cruzar las fronteras. Los camiones “lecheros” siguen siendo una realidad en todos los rincones del país, una muestra fehaciente del rezago productivo y un ejemplo práctico de que, si no se moderniza la recolección de leche cruda, este producto jamás llegará a mercados internacionales. Resulta paradójico que la leche en polvo de Estados Unidos o Nueva Zelanda tenga precios más competitivos que la producida localmente.
Para superar estos atrasos en la productividad de la carne y la leche existe, precisamente, el impuesto parafiscal: un fondo dedicado exclusivamente a modernizar a los productores y no a hacer política en las regiones ganaderas. El reto hacia el futuro es que el gremio y el ministerio trabajen de forma articulada, que el uso de los recursos parafiscales se traduzca en la modernización visible del sector y que, eventualmente, la leche y la carne colombianas se conviertan en productos de orgullo nacional al llegar a mercados externos, tal como ocurre hoy con las flores, las frutas o el café. Se le abona al Gobierno su preocupación por la actividad gremial en todas sus dimensiones; no obstante, este interés no debe traducirse en disputas políticas, sino en proyectos que beneficien a los miles de productores del campo que proveen la proteína necesaria para los más de 15 millones de hogares en el país.
Un sector ganadero de talla mundial requiere de programas conjuntos, inversiones públicas y acompañamiento al sector privado. Para lograrlo, se necesitan expertos en la administración pública que transformen ese sueño en realidad, antes de que se convierta en una quimera.
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