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EDITORIAL

Con Venezuela, la cosa siempre será compleja

miércoles, 10 de abril de 2024

En importaciones de Venezuela hubo un aumento de 22% desde que se reanudaron las relaciones comerciales en 2022

Foto: Gráfico LR

La cumbre Petro - Maduro no fue más fácil que otros encuentros presidenciales en la larga historia de “matrimonio” de los dos países, lo que debe primar es la economía de mercado

Editorial

Un sesgo latinoamericanista tradicional es que para hacer análisis histórico se remonten al descubrimiento de América a finales del siglo XV, o cuando hay más rigor (por la abundante literatura), vayan a las causas y consecuencias de la emancipación del continente durante las batallas por la independencia de los países a comienzos del siglo XIX. Pero poco difundido es el transcurso de la formación de las nuevas naciones a caballo entre el XIX y el XX, pues siempre será más fácil ver el origen de los actuales problemas en los ya lejanos descubrimientos, colonia, república o extractivismo de las multinacionales de comienzos del siglo pasado. La historia, si se es víctima, es más fácil contarla. El cuento viene a colación porque los presidentes de Venezuela, Nicolás Maduro, y de Colombia, Gustavo Petro, se reunieron nuevamente para tratar temas comerciales y políticos, a la vuelta de la esquina de unas nuevas “elecciones” presidenciales en el vecino país. Las dos naciones rehicieron sus relaciones políticas y comerciales hace dos años y medio, y en términos de economía de mercado, las cosas mejoran a paso lento, con la vara alta de en algún momento haber tenido un comercio binacional de unos US$7.000 millones. La cumbre del martes se dio en el marco de un indiscutible incremento en las relaciones comerciales. Las ventas de productos colombianos hacia el vecino país, entre enero y febrero de 2023, fueron de US$90,4 millones, mientras que para el mismo periodo de este año se alcanzaron US$113,8 millones, con un aumento de 26%. En importaciones de Venezuela hubo un aumento de 22% desde que se reanudaron las relaciones comerciales en 2022. Al cierre de 2023 se contabilizaron importaciones por US$117 millones. Es aceptable un balance comercial de poco más de US$40 millones en lo corrido de 2024, contra un total de US$555 millones el año pasado. El tema grande en lo económico y político viene con el sector petrolero y gasífero, que de regularizarse puede disparar los intercambios binacionales a más de US$2.000 millones anuales. En la agenda, hay puntos relacionados con energía, gas, petróleo y seguridad fronteriza. Maduro quiere reactivar el gasoducto que comparten los dos países y venderle gas a Colombia, pero primero tendrá que pagar unos $29.000 millones a los acreedores en Colombia para que vuelva a operar el Gasoducto Binacional Antonio Ricaurte. Desde los albores del siglo XX, la Guerra de los Mil Días, que destruyó la economía del país y que, por lo tanto, arrancamos muy mal, se atizó desde Venezuela. Cipriano Castro, el dictador de turno en Caracas, apoyó a los liberales durante el conflicto y se llevaba muy mal con el gobierno conservador de Bogotá; no en vano, el conflicto comenzó en Santander, en octubre de 1899. La frontera de los dos países había sido delimitada, por un laudo arbitral español, solo 10 años antes de ese conflicto binacional. Y para colmo de males, en 1903 se separó, independizó o se vendió Panamá. Son economías complementarias, no competitivas, dependen la una de la otra a través de una frontera porosa de más de 1.200 kilómetros. Ni Petro ni Maduro serán para siempre; lo importante es entender que son mercados naturales que deben dejar que actúen bajo la mano invisible que los mueve, no con ideologías que no hacen mercado ni pagan facturas.

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