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EDITORIAL

Con PIB inferior a 2,5%, se pierde el año

miércoles, 26 de julio de 2017

La economía colombiana es la cuarta de la región, pero necesita crecer más, casi al ritmo de las necesidades de la población que ronda 50 millones

Editorial

Hay una corriente de economistas de creciente influencia social que no miran la evolución del Producto Interno Bruto, PIB, como la panacea del desarrollo de los países, sino que han cambiado su lente y empezado a mirar el ingreso de las familias como verdadero indicador de crecimiento social. Pero mientras eso crezca como tendencia entre los macroeconomistas y vivamos bajo el imperio de las calificaciones de la banca multilateral y las agencias de riesgo, hay que estar pendientes de las proyecciones de los organismos internacionales para la economía nacional. Siempre es oportuno el debate sobre la medición del PIB por las consecuencias que tienen las revisiones al alza o la baja sobre la política económica. Entre los economistas está de moda el libro de Diane Coyle, “GDP: A brief but affectionate history” (2014), en el que se va lanza en ristre sobre la forma como se miden las variables del PIB. El texto analiza los casos de Grecia, antes de la gran crisis de 2008, y el de China que siempre ha generado suspicacias en términos de valor agregado y bienestar social. En la Gran Bretaña del siglo XVII se empezó a medir la economía de un país como un todo tratando de calcular el ingreso, gastos, población, tierra y demás activos de los países europeos con el fin de calcular los recursos disponibles que debían pagar impuestos de guerra. Otras corrientes más modernas dicen que el PIB nace en la Gran Depresión y se afinó en la Segunda Guerra Mundial, pero eso es otra historia. Por ahora, comencemos por el dato que el Gobierno (léase ministerios de Hacienda, Agro e Industria) tienen en mente para el cierre del año: 2%; con varias revisiones a la baja en el primer semestre de 2017. El Emisor (léase la autoridad económica independiente) habla de 1,8% -que como dirían los encuestadores- está dentro del margen de error del mismo Gobierno. La lente sobre el polémico crecimiento del PIB del FMI es de 2%; la Ocde mira 2,2%; el Banco Mundial 2% y la Cepal 2,4%. En particular el FMI ha ido bajando en cada revisión dos o tres puntos de su previsión para Colombia y las razones son diversas: “El Niño ha provocado inundaciones y deslizamientos de tierra, que mermaron la producción en Colombia y Perú (...) La demanda externa se estabilizó con la revisión al alza de las perspectivas de crecimiento a corto plazo de China, pero la demanda interna sigue débil en Colombia, Chile y Perú (...) “Hubo un oportuno endurecimiento de la política monetaria que permitió que la desaceleración económica se haya dado de forma ordenada durante este año(...) La demanda interna, en particular la inversión, se está ajustando al shock de la caída de los precios del petróleo (...) La flexibilización de la política monetaria, que surgió con la caída de las presiones inflacionarias, debería respaldar la recuperación a corto plazo”. Pero si miramos los números del vecindario las proyecciones para cerrar 2017 no son mejores a las nuestras, cosa que es un consuelo de tontos pues al país económico solo le sirve tener un PIB creciendo a porcentajes de 5% o 6% para empezar a generar empleos formales que bajen el desempleo de 9% y para que los recursos disponibles no se vayan en pagar impuestos para costear la guerra, sino para sacar a más colombianos de la pobreza.
El PIB no dice mucho para la economía de bolsillo ni para las finanzas personales, pero hasta que no haya nada nuevo en los indicadores macro tendremos que seguirlo forzando para como medida de bienestar social.

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