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Ahora, también la naturaleza
EDITORIAL

Ahora, también la naturaleza

martes, 11 de agosto de 2026

Ahora, también la naturaleza

Foto: Gráfico LR

Justo en el cambio de la administración central, sucede un terremoto de alto impacto nacional que reconfigura las baterías de reactivación y compromete los recursos públicos

Editorial

La zona del trópico atraviesa por unos días extraños que obligan a los gobiernos de la región a ser audaces en la prevención de desastres. No es aislado el pronóstico de un “Súper Niño” de altas temperaturas que ya se empiezan a sentir en Colombia, acompañado de sequías e incendios forestales. En la misma línea, desde hace varios meses, se viene alertando de manera progresiva sobre la entrada en actividad del volcán Puracé, una situación impredecible que debe tener a los gobernantes del suroccidente colombiano atentos a un desenlace que nadie sabe cuándo puede ocurrir. Y como si fuera poco, Colombia acaba de experimentar el terremoto más fuerte de su historia desde 1967; las víctimas fatales superan el centenar, al tiempo que las cifras de desaparecidos aumentan.

Ahora, también la naturaleza
Gráfico LR

Los daños en las edificaciones de tres capitales importantes -Cali, Pereira y Manizales- obligan a sus alcaldes y a los gobernadores de los departamentos respectivos a reorientar sus baterías de atención a riesgos y catástrofes. Era un traumatismo no pronosticado, el cual hace pensar en la necesidad de mantener siempre en modo de respuesta a las unidades de prevención de riesgos y control de daños ante terremotos, inundaciones, incendios o sequías y toda esa lotería de sorpresas que siempre golpean a los más necesitados. Es decir, a esas personas que viven en zonas de alto riesgo, como los bordes de carreteras, las riberas de los ríos y las laderas de pueblos y ciudades.

Bien dice el adagio popular que «quien no conoce su historia está condenado a repetirla», una sentencia que se aplica siempre en Colombia, pero que ahora cobra mayor relevancia al experimentarse un terremoto que traerá un reagendamiento de las acciones gubernamentales que apenas acaban de empezar. Ahora más que nunca, y observando los últimos eventos sísmicos en el continente -como el terremoto en Venezuela hace poco-, es necesario que se active a nivel nacional una red permanente de reacción para cuando estos sucesos ocurran.

No solo se trata de asignar cuantiosos recursos para atender terremotos, inundaciones o incendios; es necesario que exista un sistema estructurado de bomberos, Cruz Roja, Defensa Civil y todas esas entidades que deben reaccionar a nivel nacional. Las altas temperaturas ocasionadas por el fenómeno de El Niño, los consecuentes incendios, el terremoto más grande en términos de intensidad y toda una estela de efectos colaterales siempre toman a las autoridades sin un sistema probo que garantice aminorar las consecuencias.

Las catástrofes naturales nunca avisan, por lo que los sistemas de prevención no deben descuidarse jamás. Es vital preservarlos de los funcionarios voraces con el erario público, pero sobre todo, tener siempre una estructura compleja de reacción y prevención que funcione con eficacia durante jornadas como las que se están viviendo. No se trata de ser un ave de mal agüero que presagia desgracias; lo que se busca es que los pueblos y ciudades cuenten con verdaderos mecanismos de atención de desastres.

La naturaleza no se puede controlar, pero las familias y las personas sí pueden tener planes para activar en emergencias y aminorar los efectos. Ojalá en estos momentos se tome conciencia de que los presupuestos designados a la atención de riesgos y desastres son exclusivamente para eso y siempre deben estar a la disposición de los gobernantes; no es dinero sin controles ni filtros que deba ir a parar al bolsillo de los corruptos.

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