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EDITORIAL A la industria y al agro les queda la tarea de aportar más
viernes, 24 de febrero de 2017
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A pesar de ser una cifra muy mediocre, hay optimismo de cara a la meta del PIB de 2,5% para este año. La pelota está en el terreno de las minas y el sector agropecuario

El año pasado la economía colombiana registró un incremento de 2% en su PIB, impulsado especialmente por el sector de la construcción y los llamados servicios financieros. Fue una cifra en consonancia con los pronósticos del mercado y un poco mejor del esperado por los organismos multilaterales, que la había revisado a la baja hasta 1,8%. Sin lugar a discusión, es un número muy mediocre para una economía emergente con muchas necesidades y que necesita crecer a ritmos superiores a 4% para poder generar mayor empleo formal y lograr consolidar el desempleo en tasas inferiores a 8%. Si se compara el porcentaje con las economías similares de la región, no es despreciable y Colombia sigue al lado de Perú como las líderes en crecimiento del PIB, pero cuando se analiza el comportamiento de cada uno de los sectores se observa que hay frentes económicos que no despegan, siguen siendo viejas promesas, como la agricultura que no llega al promedio y las minas e hidrocarburos que no han vuelto a registrar los números de años anteriores. Queda el agridulce que 2% es un dato mediocre, que no genera empleo y desanima a los inversionistas extranjeros, pero se observa que los comportamientos de los últimos trimestres son mejores; hay un repunte y creciente optimismo para que se regrese por la senda de 3% para este año. Las esperanzas están fincadas en los sectores de la construcción y servicios financieros, con 4,1% y 5%, respectivamente, para que sigan empujando la economía, especialmente porque la construcción está favorecida por el aumento de las edificaciones que alcanzaron 6% (no residenciales aumentaron 10,1% y las vivienda 2,2%). Sigue la deuda del agro cuyo crecimiento fue muy bajo al alcanzar 0,5%, muy a pesar de los programas gubernamentales como Colombia Siembra, a las buenas condiciones de la tasa de cambio y el portafolio de tratados de libre comercio. Es cierto que 2016 fue un año malo en términos de desarrollo agropecuario por el largo Fenómeno de El Niño y el paro camionero que se extendió por varias semanas, hechos que afectaron su desempeño y eso se nota en el PIB. Quizá para este año no se tenga una exceptiva positiva frente al crecimiento del campo, pues el solo hecho de entrar de lleno en los terrenos del posconflicto no garantiza crecimiento inmediato, pero sí un entorno de baja incertidumbre y coyuntura para hacer inversiones agropecuarias. La conclusión final tiene que ver con que la economía colombiana aun no se desliga de la dependencia de las minas y los hidrocarburos y que no hay sectores fuertes a la vista que reemplacen sus aportes al PIB. También se puede decir que se sigue esperando el aporte industrial, que registró crecimiento de 3%, pero se esperaba 6%, por el efecto de la entrada la Refinería de Cartagena, que entró al sistema y sus cifras no son las esperadas. Mucho por mejorar, mucho por hacer, especialmente por parte del Emisor que debe bajar las tasas de interés para dinamizar más al consumo.

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