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ANALISTAS Las claves de Ferrán Adrià
jueves, 25 de abril de 2013
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La invitación para escuchar al cocinero más famoso del mundo de hoy, tenía dos palabras claves: innovación y creatividad. Tal vez por eso el público que acudió a los eventos que programaron los organizadores -en este caso, Telefónica, la poderosa empresa española que lo patrocina en la gira- fue heterogéneo.

Se encontraba uno a cocineros reconocidos, por supuesto, pero en su mayoría a estudiantes, amas de casa, empresarios, académicos, músicos, artistas y gentes del común a quienes atrae más que nunca la combinación de empresa y gastronomía, algo que hoy está de moda.

Este catalán es desparpajado y narra una historia muy bien contada: la del restaurante elBulli, que se convirtió en el Vaticano de los cocineros, en donde Ferrán ofició con fervor de iniciado. Lo suyo en Bogotá fue más que otra cosa, un testimonio de muchos años de trabajo creativo y la descripción de un proyecto en marcha que puede ser más revolucionario que lo que hasta ahora ha hecho.
 
Pero más que una historia muy bien contada, hay frases que repitió y que en esencia constituyen la clave de la filosofía de vida que le ha valido la distinción de ser portada de Time, una revista que lo incluyó entre las diez personas más influyentes del mundo, concepto que debe equivaler al de tener poder y ejercitarlo sin una vana ostentación.
 
“Sin duda lo más bonito de nuestro oficio es que hacemos feliz a la gente -dijo en reportajes que publicaron varios diarios del país. “En elBulli Foundation el lema va a ser un poco creatividad-felicidad. Porque hacemos creatividad pero pensando en la felicidad de la gente”, añadió para inspirar a las múltiples audiencias que lo escucharon. Y contó muchas historias del mítico restaurante catalán, por el que han pasado 2.500 personas cuyo trabajo los capacitó para difundir su filosofía en el mundo. Muchos de ellos son hoy los más famosos chefs en todos los continentes.
 
¿Sirvió la visita de Ferrán a la gastronomía colombiana y a la empresa del país? Seguro que sí, especialmente a las escuelas de gastronomía que deben repensar sus programas de formación, especialmente los contenidos y la forma como llevan a cabo su tarea de capacitación en una profesión que para muchos es hoy una forma de vida que puede solucionar sus metas sociales y académicas. Por su parte, los empresarios, que ya pueden escuchar sin prevenciones a un chef como modelo de creatividad e innovación, sintieron que el Campus Creativity es una actividad positiva que abre posibilidades a las nuevas empresas. Ferrán no fue a la universidad, ni tiene ínfulas de académico, sino que anda todo el día preguntándose el por qué de las cosas. Y eso es lo que él llama innovación. Una simple naranja, un jugo de vegetales, un pollo fueron los ejemplos que desarrolló para explicar las claves de sus teorías. Y de comer, ni qué pensar cuando afirmó rotundamente que la receta es simple. “Es comer lo que te guste”. Y nada más. Cosas buenas de la globalización, en la que todo no puede ser malo.