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ANALISTAS Esté preparado para el auge de la energía en EE.UU.
miércoles, 10 de abril de 2013
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En un cambio marcado y rápido en la suerte de Norteamérica, el continente está en el camino correcto para volverse independiente en términos de energía en los próximos años. ¡Así es!  Un auge en la producción de petróleo y gas en los EE.UU. y Canadá, de la mano de una disminución en el consumo de combustible de EE.UU. está revolviendo los mercados de energía a nivel mundial.

 
En diciembre del año pasado, China pasó a Estados Unidos (después de 40 años en el tope) para convertirse en el mayor importador de petróleo del mundo. De acuerdo con Citigroup en solo cinco años EE.UU. no necesitará importar petróleo de ninguna otra fuente diferente de Canadá. Una reforma energética exitosa en México, y el aumento resultante en la exploración y producción, ayudaría a crear el bloque energético más fuerte del mundo.
 
El boom de Norteamérica está siendo impulsado por la innovación tecnológica y una mayor inversión. Según Ed Morse, jefe de investigación de materias primas de Citigroup, el crecimiento continuo de la producción en Norteamérica podría llevar los precios promedio del petróleo hasta el rango de los US$70 - US$90. Esto reduciría drásticamente el poder de la OPEC y tendría un gran impacto en toda América.
 
Norteamérica sería el ganador irrefutable. La reducción en el precio del gas natural, estimulado por una nueva técnica de producción denominada fracturamiento hidráulico, o “fracking”, que se utiliza en estados como Dakota del Norte y Pensilvania, ya han beneficiado a la industria de los EE.UU.. La nueva independencia también significaría que EE.UU. ya no tendría que depender de países productores de petróleo que son hostiles a sus intereses.
 
Esto nos lleva a hablar de los perdedores. En las Américas, el gran perdedor sería Venezuela. Estimaciones recientes sugieren que Venezuela necesita que los precios del petróleo sean de alrededor de US$110 por barril para equilibrar su presupuesto. Los precios actuales están ya en US$95 por barril. Los EE.UU. actualmente importa alrededor de 900.000 barriles por día de Venezuela, pero esto ha ido disminuyendo consistentemente desde 2004. Esto podría bajar a cero si el oleoducto de Keystone, que conectaría Canadá con Houston, se termina. EE.UU. ya exporta productos del petróleo a Venezuela y si las importaciones se reducen, Venezuela podría convertirse en un importador neto de petróleo de los EE.UU..
 
¿Qué pasa con el resto de América Latina?
 
El auge petrolero de Norteamérica es probable que beneficie a los países no productores de petróleo de Centroamérica y el Caribe. La reducción de precios podría ayudarles a hacer una transición más suave de PetroCaribe de Venezuela.
 
México se encuentra en una posición interesante. Si es capaz de integrarse mejor en el mercado energético estadounidense-canadiense y abrir su sector energético, podría experimentar muchos de los beneficios como la reducción en los precios y una mayor inversión. Hay una gran cantidad de pozos en el lado mexicano del Golfo de México, que están a la espera de ser explotados. Por otro lado, si México no abre su sector petrolero, la producción seguirá estancada y podría perder su participación en el mercado de los EE.UU..
 
Colombia es otro caso interesante. Al igual que los EE.UU. y Canadá, Colombia ha continuado desarrollando y aumentando la  producción de petróleo y gas mediante la innovación y la inversión. Impulsadas por el reciente éxito en los EE.UU., compañías como Canacol Energy y ConocoPhillips están buscando ahora nuevos desarrollos de esquisto en Colombia. Esto puede conducir a una mayor producción en áreas como la cuenca del Magdalena.
 
Sin embargo, una caída en los precios mundiales del petróleo también tendría un impacto. El 3 de Abril los precios mundiales del petróleo cayeron casi un 3% cuando EE.UU. anunció que sus reservas de petróleo habían crecido más rápido de lo esperado. Esto está teniendo un impacto directo en los productores colombianos. El precio de las acciones de Pacific Rubiales ha caído a su nivel más bajo desde diciembre de 2011.
 
La lección principal es estar preparado. La dinámica de la energía mundial está cambiando y gran parte del impacto se sentirá en nuestro hemisferio.