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ANALISTAS El nudo gordiano del café
miércoles, 6 de marzo de 2013
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Más temprano que tarde el Congreso de la Republica tendrá que desatar  el nudo gordiano que se forma al mezclar una actividad cafetera privada  y las leyes que  forzadamente la agremian en una Federación de Cafeteros, que pretendiendo ser privada es convertida en pública por su carácter de administradora de una cuenta parafiscal llamada Fondo Nacional del Café. Para reconfirmar que es pública, el Comité Nacional,  máximo órgano directivo de la institucionalidad cafetera  lo preside con poder de veto sobre cualquier decisión el ministro de hacienda. 

 
El Fondo del Café y la misma Federación controlada por el Estado se alimentan a su vez con recursos privados que aportan obligatoriamente los cafeteros bajo la falsa premisa de que es un ahorro para el futuro. El Fondo nunca ha cumplido su objetivo, ya que los dineros ahorrados durante décadas por los cafeteros y administrados por el Estado, se perdieron en estruendosas bancarrotas de sus inversiones, en una gigantesca burocracia y se siguen perdiendo en una ineficiente comercialización de café. Bien vale la pena anotar que después de la ruptura en 1989 del pacto mundial de cuotas a la exportación de café, todos los institutos estatales de café del mundo fueron disueltos con la excepción del colombiano. Al mismo tiempo, la producción mundial se incrementó en 50%  y la de Colombia se redujo a la mitad.      
 
Ahora los cafeteros reales, de a pie, le reclaman al Estado que les devuelva sus ahorros. El  Estado y solo él los administraba. Los campesinos no están pidiendo limosnas en formas de subsidios. Solo le preguntan al Estado, ¿dónde están mis ahorros?  También le reclaman reciprocidad  ya que cuando en la bonanza de precios como la de 1986-88, al igual que en otras oportunidades, el Estado trasladó al presupuesto nacional dos terceras partes de estos mayores ingresos equivalentes en ese entonces a US$ 600 millones. 
 
Igualmente fueron los cafeteros quienes construyeron sus propias obras de electrificación, acueducto, vías terciarias, escuelas etc. etc. beneficiando a otros sectores agrícolas y sustituyendo al Estado en estas inversiones. 
 
Todas estas circunstancias crean una mezcla confusa y no comprensible para la mayoría de los colombianos como lo demostró el paro cafetero iniciado el pasado 25 de febrero. Los cafeteros por su carácter de miembros forzados no reconocen la interlocución de la Federación y el Estado no reconoce la vocería directa de los campesinos. El Gobierno dicta entonces medidas que la Federación, controlada por este, acepta sin derecho a réplica y sus agremiados forzosos rechazan. Situación que es el resultado del nudo gordiano. Curiosamente los funcionarios públicos, tanto el Sr. Presidente  como sus ministros  de Hacienda y Agricultura son exempleados de la Federación o hijo de exempleados, como el de Hacienda. 
 
El gobierno y el congreso tienen la responsabilidad de desatar este nudo. En el entretanto tienen que resolver el problema de como devolver los ahorros de los campesinos cafeteros que como afirmamos en anterior columna acumularon durante muchas décadas  más de US$20 billones a valores nominales, más de US$60 billones a valores constantes, esto es equivalente a diez veces el valor de todas las fincas cafeteras del país. Los cafeteros solo piden lo justo. Cuando pudieron aportar fueron generosos. Ahora que están en la miseria le dicen al Estado: “En sus manos encomendamos la continuidad de la actividad”. Amen.