En los últimos mundiales los gobiernos de Brasil y Rusia tuvieron que invertir cuantiosas cifras que no solo van a la construcción de estadios

Diario Financiero - Santiago

La posibilidad de que Chile vuelva a tener en sus tierras una Copa del Mundo tal como en 1962 se acerca con el anuncio de ayer del presidente Piñera de una candidatura en conjunto con Argentina, Uruguay y Paraguay para el evento del 2030, el cual conmemorará los 100 años de la primera edición de la máxima cita mundialista. Claro que los tiempos han cambiado y hacer un Mundial no es lo mismo que hace 60 años.

Uno de los temas que entran a la cancha cuando se piensa en hacer una Mundial es el costo, algo no menor considerando que evento tras evento las cifras han ido en aumento. Por ejemplo, la cita del año pasado hecha en Rusia tuvo una inversión aproximada de US$ 11.600 millones, cifra que no solo sirvió para la construcción de los 12 estadios en los que se jugaron partidos, sino que además al organizar un evento de estas características se consideran obras de infraestructura de transporte, telecomunicaciones, seguridad, entre otros.

Un ejemplo más cercano fue Brasil 2014. Y es que la fuerte inversión que realizó para organizar la máxima cita del balompié, que la propia FIFA la cifró en cerca de US$15.000 millones, generó varias críticas teniendo en cuenta el momento por el cual atravesaba la economía del país, más considerando que prácticamente todo el dinero salió de las arcas públicas.

Uno de los temas que surgen cuando un país busca realizar una Copa del Mundo es la rentabilidad que tiene la cuantiosa inversión que se tiene que hacer. Viendo la situación que vivía Brasil es que la agencia clasificadora Moody's advirtió días antes del evento que el impacto sería "poco duradero" para la economía del gigante sudamericano. Dicho y hecho.

Luego del evento, surgieron más críticas, ya que varios de los estadios construidos tenían altos costos de mantención, así como no eran rentables deportivamente para la ciudad en las que estaban.

En todo caso, pese a la alta inversión estimada, el hecho que Chile esté acompañado de otros países en la organización del evento baja considerablemente los costos, además se piensa que la tónica no sería la construcción de mucho estadios, sino que se privilegiaría la remodelación de recintos.