MI SELECCIÓN DE NOTICIAS
Noticias personalizadas, de acuerdo a sus temas de interés
Álvaro González Alorda habla sobre su nueva obra y las claves para impulsar el desarrollo personal y profesional de los que están al frente de las organizaciones
Síganos y léanos en Google Discover
De niño soñaba con ser reportero de guerra para viajar por el mundo y contar historias. Aunque su camino profesional lo llevó a la consultoría, Álvaro González Alorda encontró allí una manera distinta de cumplir ese propósito: en los últimos 15 años ha acompañado procesos de transformación en más de 100 empresas y a cientos de líderes en Europa y América, incluidos directivos de Grupo Éxito durante la etapa de Carlos Mario Giraldo como CEO.
Socio director de emêrgap, consultora especializada en transformación de organizaciones, González Alorda sostiene que los grandes cambios no ocurren únicamente en las empresas, sino en las personas que las lideran y en el poder de los líderes para llevarlas.
Profesor y escritor, con más de 100.000 ejemplares vendidos de sus últimos libros, llega ahora con ‘El viaje’, bajo el sello de Penguin Random House, una obra en la que profundiza en las transformaciones personales y profesionales, y en las decisiones que marcan el rumbo de quienes están al frente de las organizaciones. Habló con LR.
En la última década, en emêrgap hemos tenido el privilegio de acompañar a más de dos mil líderes de cuarenta países en su viaje de transformación, de asomarnos a su historia, de ser parte de su vida. Tanta riqueza acumulada estaba pidiendo un libro en el que compartir con los lectores lo que sucede cuando líderes de carne y hueso se embarcan en un proceso de transformación.
La historia del flamante presidente de una compañía que decide buscar a un hijo que tuvo con diecisiete años y que no reconoció, y se encontró con él en la cárcel, donde llevaba nueve años. Me hizo concluir que “nadie sabe las noches de nadie”.
Que el modelo utilizado para desarrollar líderes en la mayoría de las organizaciones está mandado a retirar. Es lo que nosotros llamamos “turismo académico”: a la alta dirección se le envía a las mejores escuelas de negocios del mundo, al siguiente nivel a escuelas locales, y al resto le ofrecen talleres de liderazgo con facilitadores locales o les dan charlas motivacionales en los bajos de un hotel. El efecto es el mismo: van, vuelven y no cambia nada. Ni en la organización ni en su vida. El problema no reside en estas experiencias académicas y formativas —que podrían ser desde extraordinariamente valiosas hasta irrelevantes—, sino en el hecho de que se les ofrezcan a personas que no están haciéndose cargo de su propio desarrollo.
Las empresas cuyos líderes no se hacen cargo de su equilibrio de vida —no duermen ni seis horas, llevan una vida sedentaria, se alimentan de modo caprichoso, leen tantos libros como un cantante de reguetón y no cultivan su dimensión espiritual— acaban convirtiéndose en plataformas de burnout para los colaboradores. Liderar con humanidad comienza en el autocuidado, pero no por vanidad, sino para servir a los demás.
Lo primero es tratar de responder la pregunta más importante: “Yo, ¿para qué vine? En estos años hemos visto a muchos líderes con dificultad para describir su propósito. Por eso, nuestra recomendación para acertar al formularlo es incluir la palabra servicio y orientarlo a las personas que han caído en nuestras coordenadas espaciotemporales. ¿Quiénes son? Tu familia, la cercana y la extendida. Tus amigos, los de hoy, los de ayer y los de antes de ayer. Y tus colegas, esos con los que trabajas codo con codo cada día. Viviendo la vida así, siempre pueden navegarse las tempestades por las que todos pasamos.
Los líderes que logran transformar organizaciones tienen algo en común: en su agenda están sus tres responsabilidades. Estrategia, desarrollo de personas y operación. Sin embargo, con frecuencia nos encontramos a ejecutivos desbordados por la operación —y, en ocasiones, por unos hábitos de trabajo mediocres que reducen significativamente su productividad—, que no tienen tiempo para conversaciones estratégicas y, mucho menos, para el desarrollo de sus equipos, que suelen delegar a las áreas de Talento Humano.
No hay nada más inspirador que una persona que se esfuerza por mejorar, y nada menos que quien esconde su fragilidad tras un personaje impecable. Mientras que la naturalidad de la primera resulta atractiva y cercana, la artificiosidad de la segunda provoca rechazo y desconfianza. Parece elemental, pero ¿por qué cuesta tanto abrirse?, ¿por qué hay personas que mantienen su corazón cerrado durante años como un viejo cobertizo del que ya no se sabe ni dónde está la llave? Aunque cada corazón es un misterio, los que se abren por fin después de un tiempo revelan vivencias que se repiten tanto como para concluir que todos estamos hechos del mismo barro: hay quienes no han recibido ni siquiera una dosis aceptable de ternura; o han sufrido rechazos, abandonos o maltratos; o temen que su afecto no sea correspondido; o se sienten analfabetos en los lenguajes del amor; o la experimentación de su propia fragilidad les ha hecho concluir que no merecen aprecio.
Para lograr los resultados no hace falta trabajar más, sino mejor. La experiencia de acompañar a equipos directivos a lo largo de los años nos ha hecho constatar una alarmante mediocridad en tres competencias fundamentales para articular el trabajo de los equipos: la delegación, el uso de las herramientas digitales y la gestión de reuniones.
Busca un mentor y embárcate en un viaje de transformación.
Para valientes que quieren cambiar el mundo desde dentro. Desde su corazón.
Los confinamientos y las cancelaciones masivas a nivel mundial provocaron un desplome dramático, reduciendo los ingresos a US$4.100 millones en 2020
La canción de la artista colombiana alcanzó el primer lugar del Daily Top Songs de Spotify apenas 16 días después de ingresar al listado mundial