sábado, 15 de diciembre de 2012
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Ángel Unfried

¿Cuántos minutos y whiskies separan nuestra ficción políticamente correcta del salvaje que llevamos dentro? Roman Polanski responde a esta pregunta a través de los cuatro personajes de su más reciente película, Carnage.

Dos árboles enmarcan la primera escena. Zachary Cowan, 11 años, le da en la jeta con un palo a Ethan Longstreet y le revienta los dientes. Fundido a negro. Con la voz quebrada y un rictus de decente impaciencia, Penelope Longstreet (Jodie Foster) escribe un informe detallado de los hechos. Palabras más, palabras menos: Zachary es un matón e Ethan, la víctima. A su lado, John C. Reilly, en su eterno papel de cretino –esta vez como padre de Ethan–, trata de limar asperezas, de estar tan lejos como sea posible de esos niños brutales. Por su parte, los padres de Zachary simulan interés aunque es evidente que les importa poco. Ellos entienden: son cosas de niños, es un mundo gobernado por un dios salvaje y su hijo es un “maníaco”; así lo describe Allan Cowan (Christoph Waltz), con el mismo cinismo hilarante del nazimatamujeresyniños que interpretó en Inglorious Basterds. Junto a él, Nancy Cowan (Kate Winslet), nerviosa, tensa, intenta defender lo que queda de ingenuo en la criatura. Mientras tratan de resolver con palabras lo que los niños ya arreglaron a golpes, la versión puestecita y correcta de los personajes se va desbaratando. La tensión estalla. Un par de whiskies, una palabra y todos comienzan a revelar lo que esconden bajo la piel. Entonces el vibrante guión de Yazmina Reza nos arrincona en la silla entre la desesperación, la claustrofobia y la risa. Es una comedia despiadada. La acción se desarrolla en un solo ambiente y es sostenida por la fuerza de las actuaciones y la violenta inteligencia de los diálogos. Una puesta en escena en tiempo real, que recuerda el encierro de personajes en disputa de ¿Quién le teme a Virginia Wolf? Yasmina Reza escribió originalmente esta pieza para teatro y la tituló The God of Carnage (El dios salvaje). Roman Polanski adaptó el guión junto a ella. Rodaron en París, debido al exilio de Polanski por haber abusado de una niña de 13 años, hace ya treinta y siete. Él la llamó Carnage, algo así como “Carnicería”, y los distribuidores para Latinoamérica arruinaron ese título contundente y lo reemplazaron por ¿Sabes quién viene?. Eso es todo. Si apenas mencioné el hecho de la violación es porque casi todos lo conocen, al igual que el asesinato de la esposa de Polanski –hermosa y embarazada– a manos de Charles Manson. La única razón para volver sobre esos hechos en este punto es anotar que el director ha estado en ambos lados de lo más oscuro de la naturaleza humana, verdadera protagonista de esta película. Ha pasado la raya moral y se ha cagado en la justicia gringa. Pero también ha sufrido la forma más brutal de violencia y desprendimiento: encontrar el cadáver torturado de su esposa. En la vida real, Roman Polanski ha sido Zachary Cowan e Ethan Longstreet. En cuanto a ellos: los niños son hijos de sus padres, sus padres son hijos de un dios salvaje.