Los smartwatches que permiten a los padres saber en todo momento la localización exacta de sus hijos, e incluso espiar lo que escuchan, se han puesto de moda.

Expansión - Madrid

Ha sido el regalo de moda en las comuniones este año y muchos padres se plantean comprarlo de cara al verano. Los relojes con GPS para niños permiten a los progenitores tenerlos permanentemente localizados, llamarlos, e incluso escuchar sus conversaciones.

Alemania los prohibió hace más de un año y el pasado mes de enero, el Colegio Montedeva de Gijón hizo lo mismo.

"La tecnología va por delante de nosotros y en ocasiones surgen cuestiones que nos desbordan por lo novedoso, y eso fue lo que pasó con el "reloj espía" o pulsera con GPS, micrófono y muchas más funciones. El uso que se estaba haciendo de él era inocente, pues la alumna de 10 años enseñaba su "juguete" a una amiga en el patio y nosotros descubrimos algo que desconocíamos. Investigamos este tipo de de herramienta y como no tiene utilidad pedagógica decidimos no permitir su utilización. Hablamos con la familia y entendió nuestra postura", explica Miguel Marcos Traviesa, director del Colegio Montedeva.

En el caso de Alemania, el regulador de telecomunicaciones prohibió su venta e incluso instó a los progenitores a que destruyeran los dispositivos porque vulneran la ley alemana (no se permite grabar conversaciones sin consentimiento). Las autoridades germanas aseguraron que los padres habían utilizado los relojes para escuchar a los profesores en clase.

¿De dónde viene el éxito de estos dispositivos si son tan peligrosos? Vayamos por partes...

¿Para qué sirven?
Los relojes GPS se han convertido en el paso previo a tener un móvil. Estos dispositivos que imitan a los smartwatches para adultos, cuentan con una ranura para insertar una tarjeta SIM que permite que el niño pueda llamar y recibir llamadas.

En todos los modelos esta funcionalidad está limitada a unos pocos números de teléfono, tanto para llamadas entrantes como para salientes, para que el menor solo pueda comunicarse con sus familiares o personas de confianza en casos concretos, sin poder recibir llamadas de extraños.

Otra característica común en todos ellos (y la más demandada por los padres) es la geolocalización. La mayor parte cuenta con tecnología GPS, lo que permite a los adultos localizar al niño en todo momento. Mediante una aplicación móvil pueden seguir los pasos del menor e incluso establecer un área segura para recibir una alerta en caso de que el chaval la sobrepase.

No en todos, pero sí en bastantes, estas dos funciones se completan con algunas características que convierten al reloj en un instrumento digno de una película de espías. La 'llamada espía', por ejemplo, permite a los padres activar el micrófono del reloj de forma remota y escuchar lo que el niño tiene a su alrededor.

En otros casos, es posible activar la cámara de fotos sin que el menor se de cuenta y poder ver desde la aplicación móvil dónde está el niño.

Sobrecontrol 
El uso de estas funciones permite a los padres localizar a sus hijos siempre que lleven el reloj, escuchar o ver lo que hacen. En España no hay ninguna ley que regule su uso por el momento, pero los expertos apuntan a que se están violando los derechos de los niños.

"Se trata de 'control absoluto' hasta el punto de tener registro de sus conversaciones o imágenes, y aunque la tecnología hoy en día nos lo pone muy fácil y técnicamente podemos hacerlo, invito a los padres a reflexionar si ¿es realmente necesario? Tal vez, el recurrir a esta necesidad de control puede estar justificado en muchos miedos que los padres y adultos protectores tienen acerca de diversos peligros que pueden acechar a niños/as y adolescentes o también, puede implicar una gran desconfianza en el/la propio menor", explica la Dra. Luisa Fernanda Yágüez Ariza, experta en psicología infanto-juvenil, disfunciones de parentalidad, protección a la infancia, adopción internacional y abusos sexuales y miembro de Top Doctors.