viernes, 16 de octubre de 2020

El cierre de bares, restaurantes y locales en cuarentena enfrentó al sector a crear mecanismos de negociación eficientes entre propietarios y arrendatarios

Juan Carlos Delgado - juan.delgado@cushwake.com

La pandemia derivada del covid-19 y las cuarentenas que se han dado a nivel nacional han afectado todos los sectores, y el inmobiliario no ha sido la excepción. Mientras nos adecuábamos a estar en las casas, las ventas y los arriendos cayeron, muy en sintonía con la incertidumbre y un panorama mundial poco esperanzador, que fue lentamente transformándose al punto que desde junio se comenzaron a ver cambios positivos, especialmente en el sector de vivienda.

Los últimos meses han sido un laboratorio de adaptación donde el sector inmobiliario se ha enfocado en cuidar su flujo de caja y evaluar los escenarios posibles poscovid-19, para estar listos lo mejor posible para esa llamada nueva normalidad.

El cierre de bares, restaurantes y locales en general en las distintas cuarentenas a nivel nacional enfrentó al sector a crear mecanismos de negociación eficientes entre propietarios y arrendatarios, y a llegar a acuerdos que tal vez nunca en la historia se habían tenido. Eso requirió naturalmente, una asesoría profesional importante de empresas con la experiencia como Cushman & Wakefield, para entender y acompañar el proceso que se volvió individual, debido a que cada condición y acuerdo era distinto.

Muchos habían especulado sobre la caída vertiginosa del segmento de oficinas, por ejemplo, pero no fue así. Aun cuando no podían usarse, debido a las restricciones gubernamentales para algunos segmentos económicos y una demanda disminuida en un 30%, siguieron entrando metros cuadrados de nuevos proyectos, y lo que se crearon fueron oportunidades para empresas con necesidades de reubicación o centralización de sus operaciones y la posibilidad de tener contratos más flexibles que consideran hoy en sus cláusulas temas como casos de fuerza mayor específicos para la reducción del canon o condonación total mientras las oficinas se pueden usar.

El nuevo panorama ha planeado transformaciones secuenciales que en algunos casos aceleraron el cambio de las empresas hacia los trabajos flexibles, reduciendo espacios para el ejercicio de algunas tareas como las del ámbito comercial o de ventas, que no necesitan estar en la oficina al 100% y se empezaron a ver más espacios colaborativos o de reunión. Allí el coworking se afianza como una alternativa, pero su posicionamiento a futuro también dependerá de qué tan seguros hagan sentir a sus clientes para el regreso a estos espacios.

Para el caso del retail, los retos han sido mayores por las restricciones, teniéndose que adaptar a las condiciones propias de la pandemia con sendas inversiones en bioseguridad, pero también transformándose con la tecnología hacia las ventas online que empiezan a ser parte de su ecosistema, donde a nivel físico la tendencia va mostrando que se quedan allí las tiendas más rentables y con formatos de menor área.

El futuro sigue amarrado a lo que será la evolución del virus y una posible vacuna, pero este panorama solo demuestra que el sector inmobiliario ante la mayoría de las crisis evidencia ser resistente, pero sobre todo maleable e innovador, evolucionado y creado nuevas oportunidades. Si se sigue con buenos resultados en la disminución de las cifras de contagios, de seguro que este sector volverá con fuerza para seguir contribuyendo con la economía nacional y nuevas perspectivas de bienestar y desarrollo.