sábado, 1 de diciembre de 2012
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Reuters

Enrique Peña Nieto juró el sábado como nuevo presidente de México para un periodo de seis años, teniendo como prioridades aplacar la extendida violencia del narcotráfico e impulsar una serie de reformas que permitan al país fortalecer su posición como la segunda mayor economía de América Latina.

El mandato del ex gobernador de 46 años marca el regreso al poder que perdió el otrora hegemónico Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el 2000, luego de gobernar el país durante la mayor parte del siglo pasado.
 
En la ceremonia de toma de posesión en el Congreso, en la que Peña recibió la banda presidencial de manos del jefe de la Cámara de Diputados, parlamentarios de izquierda protestaron por la llegada al poder del priista, lo que llamaron una imposición, mostrando pancartas y gritando desde sus lugares, mientras los priistas coreaban vivas al nuevo gobernante.
 
En uno de los costados del recinto legislativo los izquierdistas colocaron una enorme manta de fondo negro que decía "Imposición consumada, México de luto", mientras que algunos diputados cargaban cruces negras, en alusión a los 60,000 muertos que dejó la violencia del narcotráfico durante el saliente Gobierno de Felipe Calderón.
 
La protesta tuvo ver con que el ex candidato presidencial izquierdista Andrés Manuel López Obrador impugnó el resultado de las elecciones de julio al denunciar una supuesta compra de votos y otras irregularidades, que no pudo comprobar ante el tribunal electoral.
 
Horas antes, pasada la media noche, Peña había recibido la presidencia de manos de Calderón en un acto de traspaso de mando en los primeros minutos del sábado en uno de los patios de Palacio Nacional.
 
"Hoy comienzo a ejercer el honroso cargo de presidente", dijo el nuevo mandatario, quien tiene previsto más tarde dirigir un mensaje ante cientos de invitados nacionales y extranjeros, entre ellos el vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden.
 
En las inmediaciones de la Cámara de Diputados, en el oriente de la Ciudad de México, cientos de manifestantes ligados a grupos de izquierda protestaron el sábado desde temprano.
 
Algunos se enfrentaron con policías que levantaron un cerco de seguridad con vallas metálicas y lanzaron cócteles molotov y petardos, mientras que los efectivos policiales los replegaron  con gases lacrimógenos.
 
Medios locales reportaron que varios policías y manifestantes resultaron heridos durante los enfrentamientos.
 
"Nos han puesto un presidente ilegítimo, estamos muchos aquí, esto es una lucha que ya empezó y no tiene vuelta atrás", dijo Frida, una estudiante de 16 años que lloraba por el gas lacrimógeno y vestía una camiseta con el rostro del jefe de la guerrilla zapatista sub comandante Marcos.
 
Menos violencia, robusto crecimiento
El nuevo presidente se ha puesto como objetivo aplacar la violencia y frenar sobre todo homicidios, secuestros y extorsiones, pero haciendo cambios a la estrategia de Calderón, quien desplegó en una ofensiva frontal contra narcotraficantes hace seis años decenas de miles de soldados y policías.
 
Peña, casado con una ex estrella de telenovelas, ha prometido duplicar recursos en seguridad, crear una gendarmería para poco a poco ir regresando a los militares a sus cuarteles y que la Secretaría de Gobernación sea la cabeza que dirija la seguridad interior.
 
"¿Hacia dónde me encamino? Lograr un país con mayor seguridad pública. Que los mexicanos recuperen el escenario de tranquilidad y un entorno de mayor tranquilidad y de mayor seguridad", dijo recientemente Peña.
 
Pero también ha sostenido que son vitales las reformas en los sectores energético y fiscal para apuntalar programas sociales y garantizar un robusto crecimiento que supere el promedio del 2 por ciento anual registrado por la segunda economía de Latinoamérica en los últimos 12 años.
 
Colaboradores del nuevo Gobierno han dicho que el 2013 será el año de esas dos reformas, las cuales -según analistas- desatarían todo el potencial del país después de haber sido postergadas por años debido a resistencias legislativas o para evitar su costo político.
 
En el Congreso ninguna fuerza política domina, por lo que Peña deberá concertar las posiciones con la oposición y dentro de su propio partido, que antes rechazó partes fundamentales de reformas fiscales y energéticas propuestas por los gobiernos de derecha.
 
Peña designó el viernes a su mano derecha Luis Videgaray como secretario de Hacienda y a su otro estrecho aliado Miguel Osorio como secretario de Gobernación, puestos clave para empujar reformas económicas pendientes y coordinar la seguridad del país.