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Presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum
El futbol podría quedar en segundo plano frente a tensiones estructurales que ponen a prueba la gobernabilidad y la seguridad del país
Más allá de la derrama económica y la proyección internacional que promete la Copa Mundial de Futbol 2026, el evento llegará a México en un entorno de riesgo político, social y de seguridad elevado, advierte la consultoría Integralia en su más reciente análisis "10 riesgos políticos para 2026".
El documento señala que el Mundial no sólo se desarrollará en un año de alta tensión interna, sino que podría funcionar como un amplificador de conflictos sociales, presiones políticas y riesgos de seguridad que ya están presentes en el país.
Uno de los principales focos de alerta es el aumento de la conflictividad social durante 2026, un fenómeno que, de acuerdo con Integralia, podría intensificarse en el marco del Mundial de futbol, debido a la visibilidad internacional del evento.
La consultoría identificó que diversos grupos sociales como transportistas, agricultores, magisterio, colectivos feministas y organizaciones de familiares de personas desaparecidas, han recurrido en los últimos años a bloqueos carreteros, cierres de accesos a aeropuertos y protestas en zonas estratégicas para presionar a las autoridades. Estas dinámicas, lejos de resolverse, siguen latentes y podrían escalar durante la celebración del Mundial.
“El certamen puede incentivar a estos y otros sectores sociales a la movilización, aprovechando el evento para visibilizar sus exigencias y presionar al gobierno”, advierte el análisis de Integralia.
Las posibles afectaciones incluyen disrupciones logísticas, retrasos en cadenas de suministro, afectaciones al turismo y daños a la imagen del país, especialmente en zonas clave para el desarrollo del torneo.
Otro de los riesgos estructurales que rodean al Mundial 2026 es la persistencia de regímenes criminales en diversas regiones del país, producto de la impunidad y de los vínculos entre actores políticos y organizaciones delictivas, señala la consultoría.
Aunque el gobierno federal ha reportado avances en algunos indicadores de seguridad, Integralia advierte que el control territorial del crimen organizado se mantiene, lo que implica riesgos adicionales en un contexto de alta concentración de personas, turistas y delegaciones internacionales.
El análisis subraya que estas organizaciones no sólo ejercen violencia, sino que imponen reglas paralelas, recurren a la extorsión y condicionan la actividad económica local, generando un entorno de incertidumbre operativa y de seguridad.
El documento también coloca el Mundial 2026 en un contexto de tensión bilateral con Estados Unidos, marcado por la revisión del T-MEC y por un mayor intervencionismo estadounidense en temas de seguridad regional.
En el análisis se considera plausible que durante 2026 se presenten presiones externas relacionadas con el combate al crimen organizado, lo que podría derivar en tensiones diplomáticas, reacciones nacionalistas o escenarios de crisis si ocurre algún incidente de alto impacto durante el evento deportivo.
Finalmente, la consultoría advierte que el Mundial se desarrollará en un año en el que México enfrentará incertidumbre jurídica, debilidad institucional y una creciente polarización política, en la antesala del proceso electoral de 2027.
Este contexto podría limitar la capacidad de respuesta del Estado ante conflictos sociales, problemas de seguridad o emergencias logísticas, elevando los riesgos alrededor del evento más allá del ámbito deportivo.
Por último, el reporte señala que el principal desafío del Mundial 2026 no es la organización del torneo en sí, sino el entorno político y social en el que se llevará a cabo, donde el futbol podría quedar en segundo plano frente a tensiones estructurales que ponen a prueba la gobernabilidad y la seguridad del país.
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