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Se podría decir que el éxito del populismo de derecha es un síntoma del fallo de las políticas de democracia progresiva o social

El Economista - Ciudad de México

Un diálogo de este calibre solamente fue posible por la virtualidad. El historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari y el filósofo estadounidense Michael J. Sandel se encontraron este domingo, de manera digital, en el marco de la 34 edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara para ofrecer el diálogo magistral “Los dilemas de un mundo que colapsa” como parte del programa FIL Pensamiento. Fue un vibrante cruce de pensamientos entre ambos pensadores.

Sandel, profesor de Harvard y autor de La tiranía del mérito: ¿qué ha sido del bien común? (Debate, 2020), dijo que su libro que comenzó a gestarse en 2016, con la propagación del “híper nacionalismo totalitario” en muchas partes del mundo. Compartió que: “quería encontrarle sentido a todo eso y pensé que mucho tiene que ver con el sentimiento de enojo y resentimiento, incluso con el sentimiento de humillación que mucha de la gente trabajadora siente y que figuras como (Donald) Trump han querido aprovechar. Pienso que el núcleo de todo esto yace en que dividir a ganadores y perdedores se ha profundizado en las décadas recientes”.

Añadió que la meritocracia tiene un lado oscuro porque genera arrogancia entre los “ganadores” y humillación entre quienes son dejados atrás.

Por su parte, Yuval Noha Jarari, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén y autor de libros como Sapiens: De animales a dioses (Debate, 2014) y Homo Deus: Breve historia del mañana (Debate, 2016), opinó que “la situación sobre la corriente populista de los últimos años es que se trata de un fenómeno global. No es nada más el Brexit ni solamente Trump. Hemos visto el levantamiento de populistas autoritarios alrededor del mundo: en Brasil, en Hungría, Polonia, Turquía; en mi país natal, Israel, en las Filipinas, en India, bajo condiciones bastante distintas. En algunos países, como Estados Unidos, se podría argumentar de manera muy convincente de que al menos las clases trabajadoras han perdido mucho con la globalización y por eso están en contra de ella; pero las clases trabajadoras en Turquía, India y Brasil se han beneficiado enormemente a partir de la globalización. Así que sigo en conflicto tratando de encontrar una explicación global para este fenómeno”.

Refirió que sigue en la búsqueda de la razón de por qué las principales víctimas del populismo no son las élites ricas, que son supuestamente a quienes se debería de culpar, sino que lo son las principales minorías, los inmigrantes, la comunidad Lgbt+, entre otras.

Al respecto, Sandel opinó que una de las razones yace en el fracaso de los partidos políticos más populares y comunes, especialmente los de centro-izquierda, para lidiar con la propagación de la inequidad a partir de la globalización en las últimas cuatro décadas.

“Se podría decir que el éxito del populismo de derecha es un síntoma del fallo de las políticas de democracia progresiva o social y prácticamente en cada país donde vemos florecer el populismo autoritario tiene que ver con el fallo de los partidos sociodemócratas. Y en lo que han fallado es precisamente en su misión histórica, la de frenar los excesos del capitalismo y hacerlo dependiente de la participación democrática”, dijo el filósofo estadounidense.

Agregó que los partidos políticos han perdido la capacidad de ser instrumentos efectivos de la voluntad popular.

Por su parte, Noah Harari dijo que “los populistas de hoy en día están tratando de fragmentar las naciones en tribus hostiles. Son líderes tribales, no líderes nacionalistas (...) los populistas son líderes que argumentan que el país está dividido en dos bandos: ‘la gente real’, sus seguidores y ‘los enemigos de la gente’, aquellos que están del otro lado del espectro político, que no son parte de la gente, enemigos, traidores. Y eso se opone a un proyecto de nación. Y creo que esta también es una razón de por qué la democracia está colapsando”.

Quiso retomar la asimilación del nacionalismo como un amor por los compatriotas, como integrantes de un proyecto civil, y no un ejercicio de odio y fragmentación.

El pensador israelí que “no se puede tener democracia, al menos en el mundo actual, sin un sentido fuerte de nacionalismo, porque si no te sientes conectado, si no sientes que tienes un futuro asegurado con el resto de la gente en tu país, no hay ninguna razón en el mundo para aceptar el veredicto de elecciones democráticas. Cobra sentido únicamente si verdaderamente el resto te toma en consideración y tú te preocupas por ellos. Puedes pensar que tus rivales políticos quizás sean estúpidos, incluso, pero no puedes pensar que son malignos, malos, que te están persiguiendo, porque si ese es el caso, entonces eso no es democracia; puede ser dictadura, puede ser guerra civil, pero no democracia”.