martes, 11 de diciembre de 2012
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Rubén López - rlopez@larepublica.com.co

Cuando en 2008 se escuchó por primera vez en los medios el nombre de Bernard Madoff, era difícil encontrar a alguna persona que pudiera contar bien quién era él. Ahora, cuatro años después, lo complicado es encontrar a alguien que no haya al menos oído ese nombre.

El problema es que no se le conoce precisamente por una buena obra, sino porque con su estafa multimillonaria, consiguió atraer la suma de US$60.000 millones de un gran número de inversionistas que confiaron en sus atractiva pero engañosa estructura empresarial.

Tal fue la proporción que tuvo el negocio que Irving Picard, el fideicomisario nombrado para recuperar fondos para las víctimas, al día de hoy solo ha conseguido asegurar US$9.300 millones de los US$17.500 millones que le fueron decomisados. Aún así, los esfuerzos continúan y en una entrevista, el abogado David Sheehan dijo que su equipo de Manhattan BakerHostetler tiene 'la esperanza de recuperar US$3.000 millones más en los próximos 18 meses, así como una reducción de las pérdidas de los inversores por US$5.000 millones'.

El mecanismo que utilizaba en su negocio de inversiones consistía en realidad en una fraudulenta estructura piramidal (conocida también como trama de tipo Ponzi), que se logró conservar gracias a que iba pagando los intereses que prometía con el dinero que le llegaba de nuevos clientes sin invertir en nada. Un dinero, que como aseguró él mismo, 'seguramente ya no existe'.

El esquema de Madoff se vino abajo con su detención el 11 de diciembre de 2008, cuando se declaró culpable por delitos que incluyen fraude, lavado de dinero, perjurio y robo. Su liberación está prevista para el año 2.139.