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GLOBOECONOMÍA Google invierte en energía y Apple se apunta al mundo de los motores
miércoles, 22 de enero de 2014
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Parece que llevan toda la vida haciéndolo. Que Google y Apple siempre han fabricado teléfonos y que Amazon nació vendiendo los libros electrónicos.

Pero no hace tanto tiempo que Google no era más que un buscador, que Apple se limitaba a vender ordenadores y que Amazon era sólo un hipermercado online de libros. Esos eran sus negocios hace dos décadas, o incluso menos en algunos casos, pese a que hoy muchos ni recuerden esos tiempos.

Dentro de otros veinte años, también será difícil acordarse de lo que pasa hoy, cuando la batalla de las tecnológicas ha empezado a batirse en territorios inexplorados. La competencia ya no está sólo en el lanzamiento del mejor móvil, la tableta más completa o el sistema operativo perfecto.

La guerra tampoco se limitará a los relojes, las gafas inteligentes o los televisores del futuro. La competición va más lejos: las puntocom están entrando en negocios muy poco tradicionales para el sector, desarrollando coches con autocontrol, globos aerostáticos que brindan acceso inalámbrico a Internet en regiones remotas del mundo o tarjetas bancarias.

Google, que esta misma semana ha comprado Nest para fabricar termostatos y detectores de humo, quiere incluso diseñar robots. Y Amazon, aviones con autocontrol (drones) para acelerar la distribución de sus productos.

Un repertorio que muestra que las tecnológicas se atreven con todo y que hoy son mucho más de lo que dice su tarjeta de visita, al competir con automotrices, medios de comunicación, fabricantes de electrodomésticos o entidades financieras. «Google es la General Electric del siglo XXI», concluye Financial Times, haciéndose eco de una carrera que ahora parece liderar la firma fundada por Sergey Brin y Larry Page, al que bautiza como el Thomas Edison de nuestros días.

Une a ambos líderes su capacidad para convertir ideas en productos y maximizar oportunidades para expandirse más allá del mundo digital, como ha demostrado Page en sus dos últimos grandes titulares de 2013. Dos anuncios De un lado, Google anunciaba en verano que podría lanzar en 2017 coches sin conductor que funcionan con cámaras de vídeo, sensores de radar, rayos láser y una base de datos de la información recogida de los vehículos conducidos manualmente para circular sin conductor.

De momento, la firma de Mountain View ha llegado a un acuerdo para llevar el popular sistema operativo Android a los coches de la multinacional alemana Audi, que se implantaría al sistema de entretenimiento e información de los automóviles. No está sola en ese esfuerzo.

El anuncio sucede a la alianza de Apple con fabricantes como BMW, General Motors, Honda o Ferrari para incorporar dispositivos con iOS, su sistema operativo. El otro gran titular que protagonizó Google en 2013 toca de lleno al sector bancario, para el que las tecnológicas empiezan a suponer una seria amenaza. El titán de Internet lanzó en noviembre de 2013 una tarjeta de débito de prepago que permite a los consumidores realizar compras en todas las tiendas que acepten MasterCard y retirar efectivo desde cualquier cajero automático.

Y, además, con dos ventajas añadidas: es gratis y no cobra ninguna cuota anual o mensual al usuario, algo poco común en el sistema financiero de EEUU, territorio al que ahora se limita. Este lanzamiento supone una vuelta de tuerca a la estrategia de la tecnológica en el negocio de pagos móviles y marca un nuevo camino para el sector. Hasta ahora, su táctica ha pasado por ganar fuerza con GoogleWallet, una aplicación para smartphones vinculada a la cuenta bancaria del usuario que, a la hora de pagar, sólo debe agitar su teléfono en un dispositivo especial que habilitan gran parte de tiendas.

Pero no todas, un problema que busca solucionar la empresa con la nueva tarjeta, que accede a los fondos que guarda el usuario en la cuenta de Google Wallet, pero eliminando a la vez la necesidad de que intervenga el banco. La tarjeta accede directamente a la aplicación.

Tampoco Google está sola en esa carrera. Amazon o Apple han desarrollado iniciativas similares con billeteros digitales. Sólo sería el inicio, pues el próximo paso de las tecnológicas tras introducirse en el mercado de transferencias comerciales será desarrollar créditos y captar depósitos, según el informe The future of mobile payments, elaborado por Deutsche Bank. No es ciencia–ficción, pues el estudio plantea esa opción en un horizonte de tres a cinco años.

Esto supondría hacer sombra a la banca tradicional, que ya sufre con la amenaza de firmas como Paypal, precursora en esta revolución en los pagos electrónicos. Sería una evolución natural del ecosistema de dispositivos conectados como smartphones, tabletas y libros electrónicos que cambian la forma de comprar. Controlada la infraestructura, toca entrar en el corazón del comercio electrónico. «La amenaza de que entren nuevos agentes a competir en este negocio es real», asegura Peter Olynick, analista de Carlisle & Gallagher Consulting Group. «Los bancos tienen que considerar de forma proactiva cómo sus productos se quedarán fuera del nuevo mundo de la billetera móvil», avisa.

Hay más advertencias en la misma línea. Por ejemplo, un informe de Accenture publicado en 2012 –Liderando la creación de un ecosistema digital sostenible– estima que en 2020 el 15% de los ingresos del mercado financiero en EEUU lo generarán actores que sólo operan en el segmento online. La consultora avisa de que Apple y Google tienen enormes posibilidades de convertirse en bancos digitales en un periodo de tiempo relativamente corto. Y suma y sigue.

Las tecnológicas apuntan a la cima de otra potente industria: el último ranking de los 30 medios de comunicación más grandes del mundo, publicado por ZenithOptimedia, sitúa a Google como la mayor empresa de este sector a nivel mundial por ingresos, superando a grupos tradicionales como News Corporation o Time Warner. Otros negocios son todavía más singulares. Como el que ha hecho Google en energía solar. Su apuesta más fuerte, junto al fondo KKR, suma US$400 millones para el desarrollo de seis plantas en California y Arizona.

En total, el buscador ha anunciado la inversión de más de US$1.000 millones en proyectos de energías renovables. No es su única inversión en apariencia sorprendente. Además, Google planea sumergirse de lleno en el sector de la salud con una compañía denominada Calico.

Su objetivo pasaría por desarrollar tecnologías para abordar problemas de la salud relacionados con el envejecimiento. «No se sorprendan si invertimos en proyectos que parecen extraños o especulativos en comparación con nuestros negocios existentes en Internet», aseguraba a finales del año pasado Page, consciente de la reacción que provocan toda esta ristra de anuncios.

Futuro ¿Es el comienzo de una nueva era? El líder de Google, que genera más del 90% de sus ingresos a partir de la publicidad, intenta tranquilizar a quienes auguran que las tecnológicas están poniendo en riesgo sus modelos de negocio. «Por favor, recuerden que este tipo de inversiones son muy pequeñas en comparación con nuestro negocio principal», aseveró a finales del pasado año. Sólo el futuro dirá si se mantendrá esa proporción en los próximos meses, pues los genios también se equivocan.

Darryl Zanuck, productor de la 20th Century Fox, decía en 1946 que la televisión no duraría «porque la gente se cansará rápido de pasar todas las noches mirando una caja de madera». Y tres décadas después, Bill Gates, cofundador de Microsoft, aventuraba aquello de que «nadie va a necesitar más de 640 Kb de memoria en su ordenador personal». Y tampoco de eso hace tanto tiempo.

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