La gravedad del brote del coronavirus ha llevado a que muchos pasajeros se pregunten cómo se puede contraer una enfermedad respiratoria

Johana Lorduy - jmunoz@larepublica.com.co

Si bien todavía hay que aprender sobre el brote del coronavirus y su gravedad, lo cierto es que las preguntas en torno a su propagación  son cada vez más frecuentes.  Entre esos interrogantes se destaca cómo es la propagación de los virus en los aviones.

Hay que tener en cuenta que al momento de toser o de estornudar, según los expertos, millones de partículas (compuestas por gotas de saliva, moco u otros fluidos corporales) se esparcen a nuestro alrededor, lo que inevitablemente puede terminar infectando a esas personas que se encuentran muy cerca.

Sin embargo,  las reglas del juego se agudizan cuando  ese "alrededor" se limita a la cabina de un avión.  En un artículo publicado en National Geographic se menciona que las personas no solo se sientan durante los vuelos, especialmente los que duran más de unas pocas horas,  pues muchos de los pasajeros aprovechan cuando la señal de cinturones se apaga para ir al baño, estirar las piernas y agarran artículos de los contenedores superiores.

De igual manera, el texto señala cómo un equipo de investigadores de salud pública se puso en la tarea de  estudiar cómo los movimientos aleatorios sobre la cabina del avión podrían cambiar la probabilidad de infección de los pasajeros. Lo anterior,  bajo un seguimiento dirigido por investigadores Vicki Stover Hertzberg y Howard Weiss de la Universidad de Emory ( Atlanta, Georgia) a  vuelos con una duración de entre tres y cinco horas.

Como reveló el estudio en 2018,  en general, el 38% de los pasajeros abandonaron sus asientos una vez y el 24%  más de una vez, efectivamente para ir al baño o para revisar los contenedores del equipaje de mano.

"Esta actividad ayuda a identificar los lugares más seguros para sentarse. Los pasajeros que tenían menos probabilidades de levantarse estaban sentados en las ventanas: solo el 43% se movía en lugar del 80 por ciento de las personas sentadas en el pasillo", reseña el artículo de National Geographic.

En cuanto a los asientos seguros, el estudio reveló que  aquellos  pasajeros que escogieron asientos en la ventanilla  tuvieron menos encuentros cercanos  que  aquellos pasajeros de otros asientos, "con un promedio de 12 contactos en comparación con los 58 y 64 contactos respectivos para los pasajeros en los asientos del medio y del pasillo".

Una de las reflexiones, frente a este estudio, señalan que elegir un asiento junto a la ventana y quedarse quieto disminuye la probabilidad de entrar en contacto con una enfermedad infecciosa que se presente en un avión.

No obstante, el modelo del equipo muestra que los pasajeros en los asientos intermedios y del pasillo, incluso aquellos que están dentro del rango de dos asientos de la OMS, tienen una probabilidad bastante baja de infectarse.

"Si está sentado en un asiento de pasillo, ciertamente habrá bastantes personas pasando por delante de usted, pero se moverán rápidamente", dice Weiss. "En conjunto, lo que mostramos es que hay una probabilidad bastante baja de transmisión a cualquier pasajero en particular".

Las probabilidades cambian con la tripulación

Pero el panorama frente a una infección puede cambiar si un miembro de la tripulación es el enfermo, ya que las azafatas pasan mucho más tiempo caminando por el pasillo e interactuando con los pasajeros, es más probable que tengan encuentros cercanos adicionales, y más largos.

Como se indicó en el estudio, un miembro de la tripulación enfermo tiene una probabilidad de infectar a 4.6 pasajeros, "por lo tanto, es imperativo que las azafatas no vuelen cuando están enfermas".