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GLOBOECONOMÍA Elecciones presidenciales precipitan ajustes en la economía de Argentina y Brasil
miércoles, 14 de mayo de 2014
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Diario Financiero - Santiago

La presidenta brasileña Dilma Rousseff y su par argentina Cristina Fernández están restringiendo la política fiscal expansiva y los bancos centrales aplicaron alzas en las tasas de interés de referencia para contener la creciente inflación, de cara a las elecciones presidenciales de 2014 y 2015, respectivamente.

En el lanzamiento de la Alianza Latinoamericana de Consultoras Económicas (Laeco) -donde también participa la chilena Gemines- el economista jefe de la consultora brasileña Tendencia, Juan Jensen, y el gerente de economía y finanzas de la consultora argentina Ecolatina, Andrés Bonifacio, entregaron sus proyecciones para dos de las economías más grandes de la región.

Fernández aplica giro económico  para evitar una crisis cambiaria

Argentina se contraerá 1,6% este año, debido a la caída del consumo y al giro que adoptó la presidenta Cristina Fernández en su política económica a partir de enero, anticipó el gerente de economía y finanzas de la consultora argentina Ecolatina, Andrés Bonifacio. Según el experto, hubo dos factores que incidieron en que la mandataria replanteara la dirección de su gobierno: la proximidad de las elecciones presidenciales de 2015, lo que le pone presión para dejar las cuentas saneadas, y el vencimiento de deuda por US$ 13 mil millones que enfrentaría el próximo año.

El principal objetivo del gobierno es evitar una crisis cambiaria, ya que como resultado de la alta demanda de dólares a nivel local las reservas en moneda extranjera del banco central cayeron en US$ 12.700 millones el año pasado, o casi un 30% de su stock, lo que compromete su habilidad de pagar la deuda.

Para ello, se adoptó una estrategia en cuatro frentes. A nivel cambiario se aplicó una devaluación y se levantó parcialmente el cepo, lo que pondrá mayor presión al alza en la inflación en el corto plazo. La consultora prevé una inflación de 36% este año, después de un IPC de 27,2% en 2013. Hacia fin de año, en tanto, el banco podría aplicar otro ajuste, con lo que llevaría el tipo de cambio frente al dólar desde 8 pesos argentinos hasta 9,4 pesos argentinos.

En términos monetarios, el banco central elevó las tasas de interés para que el dinero se vuelque al ahorro, lo que provocará un descenso del consumo y la inversión, y hará que el financiamiento sea más costoso.

A nivel de ingresos, el gobierno está interviniendo activamente para contener el alza de los salarios. Este año los sueldos subirían 34%, según Ecolatina, ubicándose por primera vez por debajo del alza de la inflación. Este factor también incidirá en la caída del consumo, porque reducirá el poder adquisitivo de las familias.

Por último, en el área fiscal, la Casa Rosada reducirá el gasto público, sobre todo recortando subsidios, que actualmente representan 5 puntos del PIB y se destinan principalmente hacia la energía y el transporte, para que los hogares tengan más dinero disponible para gastar.

Como resultado, el consumo público y privado -que ha sido un pilar del gobierno de Fernández- bajará 1,8%, tras un alza de 3,5% el año pasado. Pero el banco central logrará cerrar el año con reservas de US$ 24.300 millones. Luego de la contracción este año y una baja expansión en 2015, el país volvería a crecer a tasas superiores a 4% a partir de 2016.

"Evitamos la crisis cambiaria, que es muy importante, pero con costos en la actividad", aseguró Bonifacio. "Fácilmente vemos una salida ordenada cualquiera sea el presidente que gobierne el país a partir de 2016. Si hace una gestión de reordenamiento, con una gestión ordenada para minimizar los costos de la correción cambiaria, la posición de la economía argentina sería muy favorable y le daría crédito para una reelección en 2019".

La presidenta brasileña Dilma Rousseff se enfrenta a un complejo escenario en las elecciones presidenciales de octubre. Su popularidad ha caído rápidamente en las encuestas, mientras que sus principales contrincantes, Aecio Neves y Eduardo Campos, tienen margen para crecer, porque hasta ahora no son muy conocidos fuera de las regiones donde ejercen como gobernadores, aseguró el economista jefe de la consultora Tendencias, Juan Jensen.

De hecho, afirmó, cuando se miden sólo los resultados de las personas que conocen a los tres candidatos, se produce un empate, donde cada uno de ellos obtiene 30%, y los votos de Neves y Campos son sumables.

La principal razón de la caída en el apoyo a la presidenta, según Jensen, es su manejo económico. A partir de 2012 el gobierno de Rousseff aplicó una política fiscal expansiva, mantuvo una baja tasa de interés de referencia e impuso restricciones a los flujos de divisas para depreciar al real y mantener un tipo de cambio competitivo (rompiendo con la base que se había aplicado desde el gobierno de Fernando Henrique Cardoso de un superávit primario, metas de inflación y un tipo de cambio flotante).

Sin embargo, estos cambios generaron presión de costos y presión de demanda, lo que resultó en una caída en la confianza de los inversionistas y una inflación elevada. El crecimiento ha promediado sólo 2% en el gobierno de Rousseff y la inflación se mantenido cerca del techo de la meta de 6,5% en los últimos cuatro años.

El gobierno reconoció en parte estos desequilibrios y empezó a eliminar algunas de las restricciones: sacó todas las intervenciones en el flujo de capitales y está tratando de apreciar al real, porque la inflación se convirtió en un problema mayor que la falta de competitividad.

En la política monetaria, la estrategia de mantener los precios bajos en las tarifas públicas (el año pasado el gobierno bajó en 16% los precios de la energía a los consumidores finales) no resultó, por lo que el banco central ha elevado la tasa de interés en 375 puntos desde abril de 2013, para quedar en 11%.

En el ámbito fiscal, en tanto, la política expansiva de 2012 y 2013 ha dado paso este año a mayores restricciones, recomendadas también por las agencias de calificación.

Para este año, la consultora prevé un crecimiento de 1,9%, con una inflación de 6,3%, que llegaría a un máximo de 7,15% en julio, en paralelo con la Copa Mundial de Fútbol.

Según Jensen, el nuevo gobierno realizará un ajuste importante sobre todo en la política fiscal. Si Dilma logra la reelección, el cambio será gradual. Pero si la oposición logra imponerse, los cambios serán más radicales.

La principal tarea pendiente es realizar una reforma tributaria, que no eleve los impuestos, sino que mejore la eficiencia y baje los costos para las empresas. Asimismo, hay que continuar la actualización de la infraestructura y elevar la productividad de los trabajadores.

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