Expertos se debaten entre si el movimiento anticipado por la FED busca prevenir posibles efectos negativos

Diario Expansión - Madrid

La Reserva Federal bajará hoy los tipos de interés por primera vez desde 2008. El proceso de normalización monetaria y el ciclo de subidas ha llegado a su fin tras nueve alzas que situaron el precio del dinero en 2,5%. La única duda está en cómo de violento será el recorte de la tasa. El mercado descuenta al 80% una bajada de 25 puntos básicos, una confianza que cae a 20% respecto a una bajada de 50 puntos básicos.

"Me gustaría ver una gran bajada... estoy muy decepcionado con la FED", señaló ayer Donald Trump, presidente de EEUU en otra más de sus intervenciones que ponen en jaque la independencia de la FED. Porque después de las numerosas declaraciones en esta línea realizadas por el máximo mandatario del país, la autoridad monetaria tiene muy difícil justificar que la bajada de tipos responde a motivos económicos y no a las presiones recibidas.

Y más todavía cuando se trata de una rebaja de tipos preventiva. Las últimas previsiones de arrojan un crecimiento esperado de 2,6% para la economía estadounidense este año, con el mercado laboral en terreno de mínimos históricos, por debajo de 4%. La inflación, el otro gran componente del mandato del banco central, cerrará el año en 1,8% si se cumplen los pronósticos, un nivel que está totalmente en línea con el objetivo de cerca, pero bajo 2%.

Finalidad confusa
Los expertos se debaten entre si el movimiento anticipado por la FED busca prevenir posibles efectos negativos que pueda desencadenar la guerra comercial con China o sostener un mercado bursátil que ya se ha acostumbrado a marcar máximos históricos con frecuencia. En cualquier caso, en lo que coinciden gran parte de los analistas es en que este movimiento desencadenará una guerra de divisas.

Mientras que existen dudas sobre la bajada de tipos de la FED, el consenso es total en lo que respecta al Banco Central Europeo. Con las expectativas de inflación a largo plazo en mínimos, el BCE trabaja en un paquete de estímulos, la penúltima vuelta de tuerca a su política monetaria.

La institución que preside Mario Draghi necesita toda la ayuda que pueda lograr para alcanzar su objetivo, un plan que va justo de garantías y que puede descarrilar si el euro se aprecia de forma notable, no por la mejora de la economía, sino por la intervención de la FED. Por lo tanto, si Estados Unidos se embarca en un proceso de rebaja de tipos, el BCE tendrá que replicar sus movimientos si no quiere que el tipo de cambio limite todavía más la inflación.

Porque, más allá de los efectos sobre la actividad empresarial, cuando el euro se aprecia las importaciones son más baratas, más baratas significa precios más bajos y precios más bajos se traducen en una menor inflación.

"Hemos entrado en una guerra de divisas no declarada", explica Franck Dixmier, director global de renta fija de Allianz Global Investors. Ante las medidas proteccionistas fruto de la guerra comercial, nadie quiere una moneda propia fuerte de modo que, descartada una intervención directa de la moneda-al menos de momento- por parte de la Casa Blanca, el foco está sobre la política monetaria.

Europa, en situación difícil
El problema es que, en una guerra de divisas, Europa tiene todas las de perder "En esta carrera hacia abajo de los tipos de interés, la Reserva Federal tiene claramente mucha más munición", sostiene Vasileios Gkionakis, responsable de estrategia de divisas de Lombard Odier. Mientras en EEUU los tipos amanecen hoy en 2,5%, en la zona euro los tipos de interés se sitúan en el 0% (la tasa de depósito en -0,4%) y se habla incluso de reiniciar el programa de compras de deuda.

De hecho, Gkionakis señala que los posibles recortes de los tipos de interés por parte del BCE no tendrían prácticamente ningún efecto duradero sobre el euro. Lo que no eximirá a Draghi de tener que afrontarlos en caso de que su homólogo en Washington abarate el precio del dinero, aunque sólo sea para contener en la medida de lo posible la apreciación. La guerra de divisas podría involucrar también a otras economías. El Banco de Japón, se encuentra en la misma situación que el BCE, temeroso de que una apreciación del yen impida alcanzar su objetivo de inflación pese a la masiva expansión monetaria. China, por su parte, como EEUU, podría buscar bajadas de tipos que debiliten el yuan y le ayuden frente a los aranceles.

"Llevar hasta el final la guerra de divisas podría distorsionar los mercados, disparar las primas de riesgo e incluso crear más incertidumbre entre los consumidores y las empresas. Y lo que es más, no está garantizado que una intervención vaya a funcionar: con mucha frecuencia implica pérdidas para la deuda pública y los bancos centrales", señala Chris Iggo, responsablede renta fija de Axa IM.