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Así se desprende del informe mensual del Ministerio de Economía alemán difundido hoy, dos días antes de que la Oficina Federal de Estadística (Destatis) publique la tasa de crecimiento del producto interior bruto (PIB) de la mayor economía europea en el segundo trimestre.
"Tras el fuerte primer trimestre, el segundo trimestre ha experimentado un debilitamiento. Junto a la débil evolución de la eurozona, afecta también la inseguridad derivada de los acontecimientos geopolíticos", expone el documento. El informe abunda en el efecto de un invierno suave, que propició un crecimiento del 0,8% entre enero y marzo, por encima de lo estimado, y en el lastre creciente de factores externos, que no respaldan la buena situación de la economía interna alemana.
La economía italiana ha vuelto a entrar en recesión, Francia permanece estancada y las sanciones económicas de la Unión Europea (UE) contra Rusia por su actuación en el conflicto ucraniano -que afectan a la industria alemana- son alguno de los elementos contabilizados.
En este sentido se expresó hoy también en una rueda de prensa el presidente de la patronal alemana, Ingo Kramer, que aseguró que "en ocasiones, como sucede este año" una economía que marcha bien en términos generales "puede ver afectada por condicionantes externos".
A juicio de Kramer, el PIB alemán crecerá este año "en el entorno del 2%", tal y como pronostican de forma unánime centros de estudios y el Gobierno alemán, pero se mostró más pesimista en relación al rendimiento futuro de la mayor economía europea.
"Los elementos que afectan a la economía alemana son a largo plazo. Lo que es claro es que las perspectivas han empeorado", señaló Kramer.
El Ministerio de Economía subrayó no obstante que la "positiva tendencia" de base "sigue estando intacta", que el mercado de trabajo se mantiene "estable", que los ingresos "suben" y la tendencia de consumo "continúa alta".
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