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Andy Burnham se convirtió el lunes en el séptimo primer ministro de Reino Unido en una década
Burnham no hizo referencia a Starmer en su discurso, centrándose en cambio en cómo va a romper con gran parte de lo que ha sucedido hasta ahora
Andy Burnham se convirtió el lunes en el séptimo primer ministro de Reino Unido en una década y se comprometió a romper con la política del pasado para implantar un nuevo modelo económico que beneficie a una nación "harta" del constante cambio de líderes.
Ante decenas de simpatizantes reunidos frente a su nueva oficina y residencia en el número 10 de Downing Street, Burnham dijo que los políticos no habían logrado aportar la estabilidad necesaria para mejorar el nivel de vida. En es sentido, dijo que esta situación cambiará con medidas inmediatas y un plan a más largo plazo que se elaborará durante este año.

"Sé que la gente está harta de la política. Les escucho y quiero ser sincero con ustedes: no hemos estado a la altura y tenemos que mejorar", declaró, hablando sin notas y prescindiendo del atril que suelen utilizar los primeros ministros.
"Haremos de este momento un punto de inflexión para Reino Unido, impulsando los mayores cambios de los últimos 40 años: un nuevo modelo político y un nuevo modelo económico", agregó.
Poco más de una hora después de que su predecesor y compañero laborista Keir Starmer pronunciara su discurso de despedida diciendo "mi trabajo ha terminado", el exalcalde del Gran Mánchester, de 56 años, entró en Downing Street.
Allí afirmó que su equipo abordará su primera prioridad: acabar con el fenómeno de las personas que duermen en la calle. No obstante, los principales retos están aún por venir.
Burnham debe dar a conocer primero su gabinete, que ya es objeto de un intenso debate en el Partido Laborista, y luego abordar una larga lista de problemas que van desde un crecimiento económico anémico hasta una crisis del costo de la vida y el bajo rendimiento de las empresas de servicios públicos.

Starmer, que fue destituido por sus propios diputados hace cerca de un mes, afirmó que su labor como primer ministro había sido "el privilegio de mi vida" y que le desea a Burnham todo el éxito del mundo. "Cuenta con todo mi apoyo", comentó.
Burnham no hizo referencia a Starmer en su discurso, centrándose en cambio en cómo va a romper con gran parte de lo que ha sucedido hasta ahora. No obstante, reconoció que parte de su programa llevará tiempo.
"A finales de este año, presentaré un nuevo Plan para Reino Unido, un plan a diez años vista que trazará el camino desde donde nos encontramos ahora hasta donde creo que todos queremos que esté, independientemente de cuál sea nuestro origen o del partido al que apoyemos", señaló.
Sin embargo, señaló que también daría a la gente "un respiro ahora mismo" al presentar el martes medidas para hacer frente al costo de la vida, así como la forma en que las financiará.
Además de abordar el problema de las personas sin hogar, Burnham afirmó que construirá más viviendas sociales para ayudar a reducir el gasto en prestaciones sociales, lo que contribuirá a financiar una mayor inversión en defensa.
El viernes, Burnham calificó su elección como líder laborista como "el momento de cambio más significativo en nuestra política en los últimos 40 años".
Prometió cambiar radicalmente el sistema político para ayudar a que un país ávido de cambio se convierta en uno en el que "la vida sea más asequible y donde todas las personas y todos los lugares salgan adelante respecto a su situación actual".

Los diputados laboristas le ven como uno de los pocos políticos capaces de hacer frente a la amenaza que supone el partido populista Reform UK, del veterano defensor del Brexit Nigel Farage, algo que dudaban que pudiera lograr el impopular Starmer.
El primer escollo de Burnham será el nombramiento de su equipo de gabinete, en particular su elección del ministro de Hacienda. Las fricciones en este eje crucial han provocado la caída de anteriores gobiernos.
Uno de los favoritos para el cargo, el ministro de Seguridad Energética y Cero Emisiones Netas, Ed Miliband, ha sido objeto de algunas críticas hostiles, y la ministra del Interior, Shabana Mahmood, parece ahora cercana al puesto.
El domingo, Burnham descartó los planes de exigir a todos los empleados que dispusieran de un documento de identidad digital, una medida diseñada para combatir la inmigración ilegal pero calificada de "fiasco" por una comisión parlamentaria multipartidista.
Se prestará mayor atención a las decisiones sobre fiscalidad y gasto público, petróleo y gas, y a las empresas energéticas con malos resultados, ámbitos en los que Burnham desea someter a un mayor control público.
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