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FINANZAS PERSONALES Educación, base del despegue de un país
martes, 11 de marzo de 2014
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Manuel Cabeza Lambán

Todos recordamos la escena de la película en la que el protagonista intenta abrirse paso a contracorriente en la acera, en medio de una masa de personas que le impide avanzar o le empuja hacia atrás. La cámara enfoca su cara y se ve al personaje sudoroso, luchando con codos y brazos pero con una gran determinación por seguir adelante.

Este sentimiento lo he vivido a las cinco de la tarde en Lombard Street en Londres, al lado de la estación de metro Bank, junto al Banco de Inglaterra, cuando yo avanzaba hacia Gracechurch Street y la masa de jóvenes banqueros y ejecutivos de la City salía del trabajo y me arrastraba en su carrera hacia el metro y el autobús.

Es igual a lo que me sucedió otro año, a esa misma hora, cerca de Broad Street en Nueva York, en pleno corazón de Wall Street, y hace unas semanas en Bogotá, específicamente en la calle 92, bajo la carrera 15, próximo al parque El Virrey con grupos compactos de jóvenes ejecutivos colombianos. Yo venía de la autopista y caminaba hacia la 15 mientras cientos, quizá miles de jóvenes, venían en sentido contrario. Muchas de ellas con tacones y muy bonitas. Ellos, con vestido, corbata o saco. Algunos con mochila al hombro, donde se adivinaban computador y libros. Todos andaban con paso rápido hacia las paradas del Transmilenio de la autopista…

Allí vi a Sara, prototipo de la mujer joven colombiana trabajadora y estudiante. De pronto, al saludarnos, se abrió accidentalmente su bolso, lleno de apuntes, y comprendí enseguida muchas cosas.

El matiz, la diferencia entre los ejecutivos anglosajones y los jóvenes de Bogotá es que los primeros, tras su jornada de trabajo, irían al descanso de sus casas o quizá al deporte o hacia los pubs, pero por lo que vi y por lo que me comentó Sara, la gran mayoría de los segundos corría hacia las clases de la tarde. Ella es economista formada en la universidad pública, ha terminado una Maestría, sigue estudiando y ayuda en su casa, todo a sus 23 años.

Cerré los ojos y tuve un rápido pensamiento sobre el futuro: una Colombia cuya juventud trabaja, estudia, y quiere superarse cada día va a construir y está construyendo, junto a sus hermanos mayores, los ejecutivos que terminaron sus carreras hace unos años, un gran país. Luego, en un centro financiero de Bogotá, saludé a directivos colombianos que están en Washington D.C. en el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional.

Asimismo, en la feria del libro del año pasado pude comprobar las colas que había y el amplio edificio sólo destinado a las publicaciones de las universidades. Algo que no he visto en Europa.

Esta gran masa de mujeres y hombres bien formados son los que están creando empresas, abriendo despachos profesionales, impulsando la internacionalización del país, atrayendo inversión extranjera y creando, a su vez, puestos de trabajo en todos los sectores y países para sus compatriotas.

Mientras regresaba en taxi al hotel en Bogotá, me vi a mí mismo hace muchos años trabajando duro en un país que entonces era pobre, estudiando, ayudando a mis padres y a mi familia… todo para construir esta España tan desarrollada que hoy disfrutamos, a pesar del ciclo económico depresivo de estos últimos años. La juventud colombiana sigue el mismo camino.

Mire, me dijo el taxista al llegar, en mi familia vivimos con los pesos contados pero mis dos hijas estudian derecho en la Nacional. Le brillaban los ojos, como a tantos padres colombianos que he conocido.

Pensé que, junto al monumento a un histórico prócer colombiano que hay cerca del hotel, debían levantar otro a todos los que, cada día, son taxistas o Saras y a todos los que, con su esfuerzo, están construyendo país.