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El acercamiento a la Luna es el momento culminante de la misión Artemis II de la Nasa, que se lanzó al espacio el miércoles 1 de abril, enviando a los astronautas de la Nasa Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, así como al astronauta canadiense Jeremy Hansen, rumbo a la Luna
Artemis II
El objetivo es preparar el camino para realizar otro regreso que sea más duradero, la Nasa prevé que sea en 2028
La misión Artemis II marca el regreso de astronautas a las cercanías de la luna después de más de 50 años, pero con una diferencia clave: no hubo alunizaje. Aunque en 1969 la humanidad logró pisar el satélite con el programa Apolo, hoy la estrategia de la Nasa es distinta.
Uno de los factores principales es que Artemis II no está diseñada como una misión de descenso, sino como un vuelo de prueba. Su objetivo es validar que la nave Orión, los sistemas de soporte vital y las comunicaciones funcionen correctamente con tripulación en el espacio profundo, algo indispensable antes de intentar una operación más compleja. A diferencia de la carrera espacial de la Guerra Fría, donde el objetivo era llegar primero, el enfoque actual busca garantizar seguridad y sostenibilidad.

La Nasa pretende que el regreso a la Luna no sea simbólico, sino el inicio de una presencia prolongada, por lo que avanzar paso a paso reduce riesgos innecesarios. Otro elemento clave es que aún no están listas todas las tecnologías necesarias para aterrizar.
Sistemas como el módulo de descenso, el abastecimiento en órbita y las maniobras de alunizaje siguen en desarrollo, lo que hace prematuro intentar llevar astronautas a la superficie en esta etapa. Además, Artemis está estructurado por fases. Artemis I fue una misión no tripulada; Artemis II es el primer vuelo con astronautas sin aterrizaje; y será Artemis III la encargada de intentar el regreso humano a la superficie lunar.
Esta planificación escalonada busca minimizar fallos y asegurar el éxito a largo plazo. También influyen factores económicos y estratégicos. A diferencia del programa Apolo, que contó con un gran presupuesto motivado por razones políticas, el programa actual opera con recursos limitados y con una visión de cooperación internacional y participación privada.
En este contexto, la exploración lunar se concibe como un paso hacia objetivos mayores, como la construcción de bases en la Luna y futuras misiones a Marte. Cada misión cumple una función dentro de un plan más amplio.