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El gobierno de Donald Trump le puso fin al mandato de 12 años de Nicolás Maduro en Venezuela tras capturarlo en Caracas en la madrugada del 3 de enero
Histórico de los precios del Brent
Desde los máximos alcanzados en marzo de 2022, cuando el petróleo llegó a cotizar cerca de US$128 por barril tras la invasión rusa a Ucrania, los precios han caído más de 50%
La captura de Nicolás Maduro introduce un nuevo elemento de tensión geopolítica en el mercado petrolero. En los últimos días, el crudo se ha mantenido relativamente estable alrededor de US$60 por barril; más allá del impacto político inmediato, el foco del mercado energético está puesto en el futuro de una industria petrolera deteriorada, pero con un enorme potencial estratégico.
Venezuela cuenta con cerca de 303.000 millones de barriles de crudo, alrededor de una quinta parte de las reservas globales, un volumen que podría resultar determinante para el equilibrio energético mundial si logra reincorporarse de manera sostenida al mercado.
En el corto plazo, el impacto sobre los precios internacionales del petróleo es incierto. Los mercados no operan durante el fin de semana y la reacción dependerá de cómo evolucione la situación política en los próximos días. La experiencia reciente sugiere que incluso una interrupción total del suministro venezolano tendría un efecto limitado, dado que el país hoy representa menos de 1% de la producción global y que el mercado enfrenta, además, un contexto de oferta abundante.
Desde los máximos alcanzados en marzo de 2022, cuando el petróleo llegó a cotizar cerca de US$128 por barril tras la invasión rusa a Ucrania, los precios han caído más de 50% y cerraron 2025 en torno a los US$60, con un descenso cercano a 20% solo el año pasado; esto impulsado a una demanda más moderada, inventarios suficientes y capacidad ociosa en otros productores lo cual ha permitido contener las presiones que llevan al alza.
Venezuela aporta apenas cerca de 3% de la producción de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, Opep, concentra alrededor de 19% de las reservas probadas de petróleo del mundo; sin embargo, los mercados no solo miran el potencial de largo plazo.
El crudo venezolano es mayoritariamente pesado y ácido, un tipo de petróleo clave para la producción de diésel, asfalto y combustibles industriales, y que escasea en el mercado global. Muchas refinerías, especialmente en EE.UU., están diseñadas para procesar este tipo de crudo, lo que hace que una eventual reapertura del sector energético venezolano resulte atractiva desde el punto de vista económico y logístico.
En ese sentido, el comportamiento futuro del petróleo dependerá menos del impacto inmediato del ataque y más de la estabilidad que logre el país tras la salida de Maduro.
Felipe Campos, gerente de Inversión y Estrategia de Alianza Valores y Fiduciaria, dijo que a los ritmos actuales de explotación, el país cuenta con reservas de petróleo suficientes para cerca de 800 años, una cifra que contrasta con realidades como la de Colombia, cuyas reservas apenas alcanzan para unos ocho años.
En un escenario extremo de un régimen de transición prolongado de cinco años bajo fuerte influencia de Estados Unidos, la producción petrolera podría duplicarse hasta los 2 millones de barriles diarios. Sin embargo, el impacto directo sobre los ingresos de los venezolanos sería limitado: cerca de 65% de la renta petrolera quedaría en manos de EE.UU. y de los operadores internacionales.
Aun así, el efecto macroeconómico sería significativo. Según el análisis, la población comenzaría a percibir mejoras concretas: caería la inflación, regresaría el abastecimiento, los salarios dejarían de perder valor de forma acelerada y reaparecería el empleo no petrolero, permitiendo que la economía salga gradualmente del modo de supervivencia en el que ha estado atrapada durante años.
El punto de quiebre llegaría hacia 2030, cuando concluya la transición. En ese escenario, Venezuela podría producir entre 3 y 4 millones de barriles diarios, generando ingresos anuales por petróleo de entre US$50.000 y US$70.000 millones, cifras comparables —o incluso superiores— a las de sus mejores años. Con ello, el país volvería a posicionarse entre las economías más ricas del mundo y retomaría un rol protagónico dentro de la Opep.
La Opep+ optó por no modificar sus planes de producción de petróleo a pesar de la crisis política y energética en Venezuela y del bloqueo estadounidense, al considerar que la caída de la oferta venezolana ya venía ocurriendo desde meses atrás y no representa un shock adicional para el mercado. El cartel sostiene que los fundamentos siguen siendo sólidos y que no hay cambios relevantes en las perspectivas de la economía global que justifiquen un ajuste en la producción acordada hasta marzo.
Aunque el bloqueo naval de Estados Unidos dejó prácticamente en cero las exportaciones de crudo venezolano, la Opep+ -con Arabia Saudí y Rusia como principales productores- estima que el mercado puede absorber esta ausencia sin mayores tensiones, en un contexto de inventarios globales al alza y precios que se mantienen alrededor de US$60 por barril. Para el grupo, la situación refuerza la necesidad de sostener la congelación de producción con el fin de evitar una mayor presión a la baja sobre los precios.
Sobre el proceso que sigue ahora, cuenta que, primero, vendría la audiencia de imputación, en la que un juez federal le informaría formalmente los cargos
En los mercados internacionales, el oro al contado subió 1,7% hasta los US$4.386,99 por onza, tras haber alcanzado un récord de US$4.549,71 el pasado 26 de diciembre
Este mensaje fue interpretado como una presión explícita sobre la nueva administración venezolana en un contexto de alta incertidumbre institucional