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Oficialmente, terminó la cuenta regresiva para uno de los eventos culturales más esperados en la capital cada año: La Feria del Libro
¿Por qué leer? ¿Para qué leer? ¿Qué nos impulsa a cruzar la puerta de una librería, a perdernos entre estanterías en una biblioteca o a caminar horas en una feria del libro?
Respirar, caminar, comer, sentir, decidir, regresar, irse. Leer también pertenece a esa lista de actos esenciales. Aunque no siempre lo nombremos así, leemos todo el tiempo: leemos los gestos, los silencios, los lugares, las ausencias. Desde que nacemos interpretamos el mundo y respondemos a él. Antes incluso de reconocer una letra, ya estamos leyendo.
Leer es, en esencia, una forma de estar en relación con los otros y con nosotros mismos. Cuando aparecen las palabras —escritas o dichas— ese acto primario se transforma. Se organiza. Se expande. Las palabras nos atraviesan, nos nombran, nos construyen. Se convierten en frases, en historias, en universos posibles a los que accedemos desde múltiples puertas: un libro heredado, una recomendación, una portada que nos llama, una necesidad que no sabíamos nombrar.
Y entonces ocurre algo decisivo: dejamos de estar solos. Descubrimos que alguien, en otro tiempo o en otro lugar, sintió algo parecido. Que existen coincidencias inesperadas entre nuestra vida y la de otros. Que lo íntimo puede ser compartido. La lectura se vuelve refugio, pero también puente y encuentro.
Leer no es solo comprender un texto; es ampliar el imaginario de lo que somos capaces de imaginar y de sentir.
Con el tiempo, ese gesto individual se vuelve colectivo. Aparecen otros lectores. Se forman comunidades que dialogan a través de las páginas. Coincidimos, disentimos, nos reconocemos en las diferencias. Leer también es un acto social: nos permite pertenecer sin dejar nuestras individualidades.
El libro, entonces, deja de ser un objeto. Se convierte en un lugar de encuentro. Es ventana y es espejo. Es silencio y es ruido. Es hogar, pero también distancia. Nos ofrece certezas y, al mismo tiempo, nos enfrenta a preguntas que no siempre tienen respuesta.
Quizás por eso seguimos leyendo. No solo para entender el mundo, sino para aceptar que nunca terminaremos de hacerlo. Para habitar esa incertidumbre con otros. Para volver, una y otra vez, a ese lugar donde todo puede empezar de nuevo.
Por eso, la FILBo 2026 es una invitación a ese encuentro: con las palabras, los libros, las historias y los otros. Los esperamos del 21 de abril al 4 de mayo en Corferias.
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