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Las inversiones en RSE priorizaron el consumo energético y la salud

AMBIENTE El futuro del agua
miércoles, 27 de octubre de 2021

Históricamente, nos hemos preocupado por garantizar el acceso al agua potable; por esta razón, el hombre ha recurrido, siempre, al agua

Hernán Clavijo Granados

El agua es un insumo vital. Todos lo necesitamos; la vida misma depende de él. Sin embargo, aunque esto es algo tan evidente, la humanidad parece no darle la importancia que merece.

Históricamente, nos hemos preocupado por garantizar el acceso al agua potable; por esta razón, el hombre ha recurrido, siempre, al agua como el principal elemento de bienestar y desarrollo, estableciendo su vida alrededor del aprovechamiento y beneficio de este recurso. Es así como desde el inicio de las primeras civilizaciones, el agua ha sido un elemento indispensable, tanto en sectores urbanos, como rurales.

Este recurso vital, además, de permitirnos suplir las necesidades básicas, nos permite trascender como sociedad, en la búsqueda de alternativas para la atención de las grandes problemáticas que enfrenta la humanidad en salud pública, sostenibilidad ambiental y equidad social.

En los años últimos años, se ha desarrollado una profunda conciencia sobre el cuidado de las fuentes hídricas como uno de los elementos críticos para tener una relación sostenible con el ambiente. En el caso de Santander, el páramo de Santurbán se ha convertido en un tesoro natural que une a la ciudadanía entorno de su conservación, y de la protección frente a cualquier amenaza que pueda ponerlo en riesgo; la razón es obvia: el páramo de Santurbán es la principal fuente de agua para el consumo humano en del departamento. Pero este fenómeno que, en mi opinión, es muy positivo, se contrasta con la cruda realidad de lo que ocurre aguas abajo. Cerca de 89% de las aguas residuales del Área Metropolitana de Bucaramanga, se vierten directamente, y sin un adecuado tratamiento al Río de Oro. Esa ciudadanía, que protege con vehemencia la calidad del agua desde su nacimiento, parece no haber desarrollado la misma conciencia sobre su impacto en el ciclo del agua. Hagamos un alto en el camino como ciudadanos, entendamos cuál es nuestro rol en el proceso, y actuemos para garantizar que las futuras generaciones puedan conocer un agua potable y de alta calidad.

Arreglar el pasado

El ciclo del agua es uno solo; no es razonable pensar que el ciclo puede ser fraccionado y que podemos hacer grandes esfuerzos por cuidar las fuentes y producir agua potable de excelente calidad, y esperar que la naturaleza, como por arte de magia, se encargue de descontaminarla después de su uso. Anualmente, más de 1.000 millones de metros cúbicos de agua residual son vertidos a nivel mundial sin tratamiento a ríos, lagos, aguas subterráneas y océanos, lo que representa uno de los problemas de contaminación más grandes.

Lamentablemente, en el Área Metropolitana de Bucaramanga, así lo venimos haciendo hace varias décadas, pero esto no tiene que ser así. Las redes de alcantarillado y la infraestructura le pertenecen al municipio; le pertenecen a la ciudadanía, y deben servir para conducir las aguas residuales hacia una o varias Plantas de Tratamiento (PTAR) que se encarguen de una tarea fundamental: descontaminar lo que hemos contaminado, devolverle al río el agua en una calidad igual o superior. Es hora de que, como ciudadanos nos aseguremos de que se haga bien la tarea.

Construir el futuro

Como lo mencionaba anteriormente, el agua no se va a descontaminar sola; es necesario recurrir a una infraestructura de tratamiento en la que, utilizando tecnología y procesos, físicos, químicos y biológicos, podamos limpiar el agua, y retirar los agentes contaminantes que no pueden ser procesados por la naturaleza. La PTAR del Río de Oro, y su infraestructura complementaria es, tal vez, una de las inversiones más importantes para el Área Metropolitana y, en general, para todas las comunidades que habitan en la zona de influencia de esta cuenca. Es nuestra obligación llevar a feliz término este proyecto; en primer lugar, por nuestra responsabilidad de mitigar el daño ambiental que estamos causando con nuestras aguas residuales. En segundo lugar, porque existen recursos de los entes territoriales y del Gobierno Nacional destinados para cumplir con los compromisos que como colombianos hemos hecho para alcanzar a 2030 las metas establecidas en los Objetivos de Desarrollo Sostenible. En tercer lugar, porque la inversión pública es uno de los pilares fundamentales de la reactivación económica en esta etapa post-pandemia. Por último, y en mi opinión, dejando de último lo más importante: porque la calidad del agua es importante en todas las etapas del proceso y, al no atender de manera adecuada el manejo de las aguas residuales, estamos desconociendo los esfuerzos que hacemos en los nacimientos, y en las cuencas abastecedoras de nuestras ciudades.

Los esfuerzos en materia de innovación e investigación de las compañías de acueducto y saneamiento básico deben estar orientados a buscar formas de promover la reutilización del recurso e implementar soluciones de economía circular alrededor del agua donde el residuo sea el recurso y donde tratar adecuadamente las aguas residuales represente una estrategia de conservación para asegurar el abastecimiento. Hay que dejar de ver las aguas residuales como una carga, y empezar a verlas como un insumo que debe ser aprovechado para generar nuevos ingresos, mejorar la eficiencia energética y garantizar la sostenibilidad financiera y ambienta en el largo plazo.

Fortalecer lo público

Los recursos públicos deben ser administrados con eficiencia y transparencia. Una empresa que administra recursos públicos, debe evaluar muy bien los riesgos y debe garantizar que sus procesos y procedimientos cumplan con las regulaciones aplicables y que velen por la sostenibilidad financiera de largo plazo. Adicional a esto, una empresa de estas características, debe contar con un Gobierno Corporativo que le sirva como soporte para darle continuidad a una estrategia de largo plazo, en la que se genere el mayor valor posible a los grupos de interés. En otras palabras, una empresa que administra recursos públicos, debe tener unas reglas de juego sólidas, que le permitan generar valor; que sean rentables desde lo económico y que le aporten en bienestar social a las comunidades que las conforman. Pero, ¿cómo se puede ser eficiente en la gestión del recurso hídrico cuando no se aborda de forma integral? ¿No sería mejor tener una sola empresa, que pueda aprovechar las eficiencias de operar el ciclo completo? La respuesta es tan obvia como la importancia del agua para la vida de las personas. No tiene sentido fraccionar la gestión del recurso hídrico; no tiene sentido operar el alcantarillado como un negocio independiente.

De manera análoga, las empresas de servicios públicos encuentran eficiencias operativas en la medida en que el número de usuarios aumenta. Adicionalmente, y teniendo en cuenta el alto costo de la mayoría de las inversiones de acueducto y alcantarillado, aquellas empresas que no cuentan con un número razonable de clientes, difícilmente logran cierres financieros exitosos, y terminan por desatender las inversiones requeridas para garantizar la cobertura, calidad y continuidad en la prestación del servicio. Para estos casos, contar con un buen socio resulta ser una alternativa interesante. A manera de ejemplo, menciono el caso del Acueducto Metropolitano de Bucaramanga (amb); una empresa sólida, calificada AAA por Fitch Ratings, que opera actualmente en tres de los cuatro municipios del Área Metropolitana de Bucaramanga, y cuenta con la capacidad técnica, operativa y administrativa para diseñar, construir y operar redes, tanques, plantas de tratamiento y toda clase de sistemas habilitados por el agua en el territorio nacional.

Es importante que las empresas de aguas empiecen a diseñar, planificar y operar de manera eficiente reconociendo el valor del agua residual y todos los usos que pueden obtenerse a través de esta, incorporando principios de economía circular, para buscar alternativas de manejo de la escasez del recurso, y para fomentar la seguridad hídrica a largo plazo.

Desde nuestro compromiso por lograr una gestión integral del agua, es imperativo resolver la problemática actual del Área Metropolitana: contamos con agua de excelente calidad para el consumo humano, pero tenemos grandes falencias en el proceso de tratamiento. Es nuestra responsabilidad definir una hoja de ruta que nos permita encontrar la forma más efectiva y eficiente para tratar nuestras aguas residuales, y así, devolver a la naturaleza este insumo vital de calidad para que pueda continuar el curso natural del ciclo del agua.

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