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En su aniversario 65, LR hizo un foro en el que se presentaron los retos de las economía a futuro

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"Debemos comunicar todos los días que el optimismo económico es real"

miércoles, 27 de febrero de 2019

El presidente Iván Duque hace un balance de su gestión en los primeros seis meses. La tarea en la parte económica se está haciendo y el Presidente se muestra optimista.

Fernando Quijano Velasco

El Duque de febrero de 2019 no es el mismo del 7 de agosto del año pasado. Contra todo pronóstico se le ve más confiado, más “canchero”, más experimentado y eso que solo han pasado seis meses desde que asumió el poder que mantendrá hasta 2022. Nadie duda que tuvo un bautizo infernal por la oposición, que logró acorralarlo con un sinfín de marchas y protestas y una encerrona, en la que parecía salir mal su jefe de la economía. Ahora nadie puede negar que su férrea posición contra el atentado del ELN y su liderazgo global en pro de una solución diplomática para la tragedia de Venezuela, lo han regresado a una popularidad que seguirá creciendo en la medida que su carisma y claridad de los temas se vaya conociendo en todo el país.

Duque habló con La República para hacer un balance de la economía durante los seis primeros meses en la Casa de Nariño. Como siempre, responde sin evasiones y con un conocimiento amplio de los temas económicos.

Tras seis meses de gestión, ¿cómo recibió la economía y cómo está ahora?
Una de mis grandes motivaciones era hacer una gran transformación económica, una reactivación de la economía rápida y lo hemos logrado en el sentido de darle señales claras al sector privado. Una de las cosas que siempre quise corregir es que en las reformas tributarias que se han hecho en los últimos años se ha cargado más a las empresas, haciéndoles más difícil hacer negocios y habían terminado en casi que una asfixia tributaria al sector privado. En estos primeros seis meses se definió una reforma de reactivación económica que por primera vez tiene como objetivo bajar la carga de tributación a la micro, pequeña y mediana empresa y hacerlo de tal manera que le permita al país tener transformación industrial y tecnológica.

Esto se logró con la deducción de 100% del IVA a bienes de capital o la deducción del ICA e introduciendo a la economía unos incentivos puntuales a la economía digital como es 0% de impuesto de renta a los nuevos emprendimientos en los primeros siete años, generando un mínimo de puestos de trabajo; o en el sector rural 0% de renta en los primeros 10 años generando un mínimo de puestos de trabajo, que creo que van a traer gran inversión.

¿Cuáles son eso hechos concretos que se han realizado?
Me complace que en estos primeros seis meses se vean cifras positivas en datos como, por ejemplo, primero, producción industrial de la Andi; segundo, hemos visto las exportaciones no minero energéticas crecer. Tercero, un crecimiento importante del turismo y debo decir que me siento contento de ver el apetito de los inversionistas por Colombia.

El hecho de haber colocado un bono de US$2.000 millones y haber tenido la mayor solicitud en la historia de nuestro país, de más de US$10.000 millones, muestra que Colombia se está percibiendo bien y empezamos 2019 con una expectativa de crecimiento superior a 3%, yo quisiera verlo por encima de 3,4% o 3,5% y vamos a trabajar para eso pero, eso viene de la mano de un último trimestre de 2018 que estoy seguro cerró por encima de 3%.

Son seis meses de recuperación y de buenas señales, por supuesto, estamos en un entorno internacional donde siempre hay riesgos, pero veo a Colombia en una gran senda para alcanzar un crecimiento potencia superior a 3,5% y llegar a un crecimiento superior a 4% que es la meta que nos hemos trazado con el Gobierno.

Todo lo macroeconómico va bien, pero no lo sienten los consumidores, ¿qué se debe hacer al respecto?
Una de las cosas que tuvo un efecto negativo en la confianza del consumidor está relacionada con muchas de las satanizaciones que circularon alrededor de la Ley de Financiamiento, por circunstancias políticas o lo que fuera, pero en realidad la gente se está dando cuenta que no se le subió el impuesto a la clase media, que realmente donde se hizo el ajuste de mayor tributación es a ingresos individuales superiores a $40 millones mensuales y que eso se hizo pensando en la progresividad.

Una cosa es la confianza expresada en las encuestas al consumidor y otra distinta la que se ve reflejada en el consumo mismo, porque si uno mira cómo se ha visto la confianza en el consumo en los últimos cuatro meses se ve un crecimiento, un repunte importante. Debemos hacer un gran esfuerzo todos los días de comunicar que el optimismo económico es real.

¿Por qué no bajan las tasas de interés en el consumo?
El año pasado cerró con dos cosas importantes, por un lado, la inflación ya está llegando a niveles que se acercan al rango meta objetivo del Banco de la República, y logramos al cierre de 2018 en un acuerdo con el sector privado y los trabajadores el mayor aumento real del salario mínimo en los últimos 25 años, que estoy seguro también traerá efectos positivos en la economía. Espero que esto se traduzca, en efecto, en la demanda agregada y debo decir que el auxilio de transporte que se logró es el mayor en los últimos 14 años, todas estas cifras tendrán impacto en la economía.

Debo resaltar los flujos de inversión que están llegando, uno ve interés de multinacionales, uno ve grupos empresariales liberando inversión y creo que las reformas que se hicieron desde el punto de vista fiscal, le dan mucha certeza a los inversionistas para los próximos cuatro o cinco años, que le quita incertidumbre y les da además un horizonte para que su inversión sea proyectada en términos de rentabilidad y, por supuesto, para nosotros para que se traduzca en la generación de nuevos puestos de trabajo.

¿No le preocupa el déficit fiscal?
Estamos en un mundo global donde siempre puede haber factores externos que traigan nubarrones negros, el cómo se comportan las tasas de interés en EE.UU., o los precios del petróleo o cómo se comportan las economías con gran peso internacional, todo eso está allí, pero a pesar de esto la proyección que tiene Colombia de crecimiento es muy buena para 2019 y creo, además, que va de la mano con la responsabilidad fiscal. Cerramos 2018 cumpliendo la meta con 3,1% del PIB en déficit y nuestra meta es acercarnos a 2,4% en 2019, que sería el mayor ajuste en reducción del déficit fiscal desde que existe la regla fiscal, es decir, que hace un ajuste de 0,7% del PIB. Y es que este año en Colombia, si todo marcha como esperamos con el déficit fiscal, podemos cerrar 2019 con un superávit primario fiscal del orden de 0,6% del PIB, que es un gran mensaje.

¿Y cuál es el mensaje a los banqueros?
Un problema de muchos países de América Latina es que, a veces, aunque tengamos tasas bajas y estables siempre hay un rezago, siempre se demora en llegar y que haya más demanda por parte de la ciudadanía. Debo decir que Colombia tenía una gran acumulación de deuda de los hogares, entonces aunque usted tenga las tasas bajas, si los hogares tienen una acumulación de deuda, tienen temor a adquirir nuevos créditos.

Por eso también es bien importante proyectos como los que estamos tramitando en el Congreso, que permitirían que ese proyecto de ley de vivienda que propone expandir esos plazos de financiamiento (y parecernos a Chile que han llegado a financiamientos de 30 años) reactive el crédito y permita financiaciones de largo plazo y además mejorar muchísimo el peso que tiene el pago de deuda en los hogares mensualmente, dándoles una libertad de 10% o 15% que se puede traducir en una aumento de la demanda agregada o invertir en otras cosas.

¿Le va a apostar al fracking?
A mí no me parece que la misión se deba llamar fracking porque en realidad se está analizando la seguridad y estabilidad energética. Miremos las cosas desde un punto de vista práctico: ¿para Colombia es una bendición tener petróleo desde el punto de vista fiscal y desde el punto de vista de seguridad energética?, la repuesta es sí. Porque cuando uno tiene esos recursos y los administra bien eso trae efectos positivos.

Habíamos visto reducir el número de años que tenemos de reservas, es decir, nosotros estamos por debajo en unos seis años y eso implica además que desde el punto de vista fiscal, conforme a los últimos marcos fiscales Colombia tiene que buscar 2.000 millones de barriles de nuevas reservas para cumplir por lo menos con esa premisa dentro de las proyecciones fiscales, por eso era importante que tuviéramos claridad sobre: primero, la importancia económica y segundo, la seguridad energética, porque si Colombia llegase a perder esa fuente de energía tendría que importarla y los costos serían altísimos.

Una misión que se sienta y analiza las perspectivas del sector me parece positivo y lo otro es que la misión no está hablando de un libertinaje del fracking, ni de que el fracking se pueda hacer con total libertad, sino lo que está diciendo es que antes de hablar de una expansión de este tipo de mecanismos de extracción lo que hay que hacer son unos pilotos de investigación para que se puedan ver los elementos ambientales y sociales y que no haya afectación en acuíferos y ecosistemas.

¿Con esa ruta seguiremos dependiendo del petróleo?
Lo bueno es que la dependencia no la origina el hecho de tener petróleo y extraerlo, lo que tenemos es que hacer crecer los otros sectores. ¿Qué ha pasado? Que el petróleo se convirtió en un producto que tiene mucho peso en las exportaciones, en el recaudo fiscal, en la movilización de la inversión extranjera, en la capitalización de los mercados. El hecho de no tener más sectores vigorosos es un tema de competencia nuestra del país. No se trata de satanizar el petróleo, lo que se trata es de trabajar en los otros sectores. Y de ahí que debamos hacer apuestas grandes, cuáles apuestas: Colombia tiene que seguir fortaleciendo su sector industrial.

El turismo tiene que ser visto como un nuevo petróleo, por supuesto, porque debemos apostar a tener más de cinco millones de turistas y tenemos con qué pero, nunca nos hemos sentado a hacer una planeación. Tenemos unas industrias creativas en Colombia que han crecido casi de manera silvestre y que hoy representan 3,4% del PIB del país a la luz de indicadores de la Ompi, pero esto puede llegar a ser 5% o 6% si tomamos las decisiones correctas.
Estamos hablando de industrias creativas y de sectores creativos que hacen parte de la cuarta revolución industrial, robótica, inteligencia artificial, internet de las cosas.

¿Cuánto le aportarán estas industrias a la economía?
Hay que seguir diversificando la economía y ponerle indicadores. Hablemos las cosas como son, nosotros necesitamos que las exportaciones como porcentaje del PIB sean más, necesitamos oferta más diversa, porque prácticamente 14 o 15 productos representan 75% o más de nuestras exportaciones y desde luego nosotros debemos convertir estos nuevos sectores o sectores complementarios, donde también está la agro-industria y el desarrollo rural y las energías renovables, factores para atraer inversión y sobre cuál debería ser el aporte en el PIB. En Colombia, la inversión en ciencia, tecnología e innovación como porcentaje del PIB ha estado anclada en 0,2% en los últimos años y eso es lamentable.

Queremos llevarlo a ser 1,5% del PIB esto qué requiere, no solamente regulación y tomar buenas decisiones, no solamente tener incentivos, sino que la inversión privada comience a jugar un papel y una de las grandes apuestas que ha hecho este Gobierno es que Colombia no puede llegar de último o tarde a la Cuarta Revolución Industrial y es preferible empezarnos a adaptar ya y llamar al sector privado y el sector público a participar.
Hoy, el primer centro que se hace con el FEM para la Cuarta Revolución Industria para la comunidad de habla hispana es Colombia, es Medellín y la apuesta son: inteligencia artificial, internet de las cosas y algo que me parece vital, que es el blockchain o seguridad encriptada en términos de computación y economía digital. Yo creo que eso pueden ser aceleradores para llegar a ese meta de 1,5% del PIB.

¿Cómo hacer para que haya algo más claro de la Cuarta Revolución Industrial? Hablamos mucho, pero todavía sacamos la carga en mulas
La razón por la que hay sectores más avanzados en las revoluciones industriales tiene que ver con las brechas digitales. Si nosotros queremos aprovechar las ventajas de la Cuarta Revolución Industrial, tenemos que digitalizar la economía y por eso hemos hecho una apuesta grande desde el Gobierno con el proyecto de ley TIC y es que en estos cuatro años aumentemos la cobertura del internet de alta velocidad, la cobertura del internet móvil, porque no podemos hablar del Internet de las Cosas maximizadas, si no hacemos una proyección hacia el 5G en los próximos años.

Para llegar a 5G necesitamos tener la cobertura y para poder tener la cobertura necesitamos tener los incentivos a la inversión, y para tener los incentivos a la inversión necesitamos tener las regulaciones comparadas con los mejores estándares mundiales.

Esto es una apuesta que también estamos haciendo con los esquemas de agricultura por contrato, donde un pequeño productor le vende a un comprador sin intermediarios a un precio fijo, se le ofrece a ese pequeño productor la tasa más baja del mercado de DTF (-1%) y tiene además los microseguros. Pero si pudiéramos hacer todo ese encuentro y conexión de manera digital ganaríamos más como país, entonces creo que ahí es donde está la gran apuesta, que todos los sectores de la economía, incluso los menos convencionales, se beneficien de lo que pueda traer la Cuarta Revolución Industrial para ser sobre todo más productivos y más rentables.

¿Se podría decir que estamos muy preocupados por la reforma tributaria, la pensional, la laboral, cuando el país necesita es una reforma tecnológica?
Al final del día todas son igual de importantes, porque uno no puede dejar de hablar de una reforma laboral o pensional, lo que debemos es darnos cuenta que la Cuarta Revolución Industrial va a cambiar el mercado laboral del mundo y va a cambiar sobre todo las formas de contratación hacia al futuro, independientemente de si nosotros lo hacemos rápido o lento, en el mundo están cambiando las cosas y voy a dar ejemplos muy puntuales.

Si nosotros no nos adaptamos a la Cuarta Revolución Industrial y no entendemos cuáles son las profesiones que van a surgir, de pronto no nos demos cuenta de que en los próximos 10 años más de 15 profesiones se reemplacen por inteligencia artificial, o podemos tener procesos de automatización que van a afectar el proceso laboral.

¿No siente que el plan de desarrollo está enredado?
Uno de los errores del pasado, es que el Estado, escogiendo sectores, no lo hace bien. No es el tecnócrata o el burócrata o el formulador de políticas el que pueda decir desde un escritorio “este es el sector ganador”, porque eso sería prácticamente limitar la creatividad y tenacidad de los propios emprendedores, lo que el Estado tiene que hacer es tener un entorno propicio para el emprendimiento, eso es lo que permite que países como Estados Unidos pueden ser ganadores en muchos sectores como la telemedicina, la robótica, el internet de las cosas, inteligencia artificial, por qué, porque más que elegir sectores, lo que piensan de manera estructural es darle unas condiciones homogéneas y propicias al emprendedor, para que su creatividad, le permita hacer un negocio y convertirlo en un gran emporio.

Este plan de desarrollo tiene tres elementos que me parecen vitales: el primero, el emprendimiento, es el primer plan de desarrollo que pone como protagonista del desarrollo al emprendimiento al micro, al pequeño, al mediano, al grande, pero no solamente desde las ventajas fiscales o de reducir la carga tributaria, sino que también es una apuesta grande para que haya mayor formalización empresarial en un país donde casi 50% de los negocios no tiene registro mercantil o registro tributario, entonces esa apuesta por el emprendimiento, por reconocer que el emprendimiento está en todo el territorio me parece que es bastante revolucionario.

¿Por qué usó la palabra equidad que es bastante compleja y se presta para distorsiones?
Porque una cosa es utilizar la palabra y otra cosa es llegar a los resultados que la construyen. La palabra equidad se ha usado en otros planes de desarrollo, pero ha sido más lírica que realidades. Para nosotros, legalidad más emprendimiento es igual a equidad. Qué es legalidad, que impere la ley, que se respeten los contratos, que se respeten las normas, que se enfrente la corrupción, que se desmantelen las estructuras del crimen para que eso nos dé la confianza que activa el emprendimiento.

La legalidad más emprendimiento es para generar equidad, justicia social, cerrar las brechas desde una óptica de economía de mercado con sentido social, en el verdadero desarrollo del artículo 333 de la Constitución que habla de la función social de la empresa.

Cuando me dicen qué es equidad, hablo de los indicadores que tiene este plan de desarrollo. Para mí equidad es sacar 1,5 millones de personas de la pobreza extrema en 2022 a lo largo de este Gobierno, para mí, equidad es sacar 3,4 millones de personas de la pobreza, es pasar de cuatro millones a siete millones de niños que reciben la alimentación escolar todos los días, es pasar de menos de un millón a dos millones de niños que reciben atención de primera infancia.

Para mí, equidad es que nosotros tengamos 336.000 jóvenes con educación gratuita universitaria pública perteneciente a los hogares más vulnerables a la economía, es mejorar 600.000 viviendas y reducir dramáticamente el déficit cualitativo de vivienda y así podría seguir con más indicadores. Este plan de desarrollo es el primero que ve lo social con unos resultados tan claros en un período de cuatro años invirtiendo $1.100 billones, de los cuales 47% se destinará a cerrar esas brechas.

¿Qué opina de la tesis de Deirdre McCloskey que dice que la obsesión de los gobiernos no debe ser equidad y pobreza cuando debería ser el crecimiento?
Para la economista y en la lógica de los economistas crecimiento irriga todo, pero el problema de América Latina es que hemos tenido momentos de buen crecimiento, pero en esos períodos no hemos podido cerrar las brechas o no lo hemos hecho bien, porque no hemos concentrado el recurso que se invierte para focalizar esas brechas, que esa es otra de las transformaciones que trae el plan de desarrollo.

La apuesta es por el Sisbén 4 el poder hacer que los subsidios lleguen a los más vulnerables y tengamos consistencia en la expansión de la clase media. No se puede generar equidad, si no hay un buen nivel de crecimiento y eso también tiene que ver con la gran apuesta del plan de desarrollo, porque el crecimiento de la economía ha estado por debajo de 4% en los últimos años. Si nosotros queremos hacer grandes transformaciones, y hablemos ahí sí en términos de equidad y de ingreso per cápita, si yo quiero que Colombia pase de un ingreso per cápita de US$7.000 que tenemos hoy a uno de la Ocde de más de US$25.000, pues tenemos que tener un crecimiento potencial superior a 4% y 5% que nos permita que toda la focalización de recursos para cerrar las brechas llegue a quienes más lo necesitan.

¿Por qué no rediseñar los estratos?
En Colombia nos estamos gastando más de $70 billones al año en subsidios, eso puede ser cinco metros de Bogotá al año. La pregunta que uno se hace ¿si estamos gastando todo eso, realmente estamos cerrando las brechas? Creo que ahí es donde vale la pena focalizar mejor, entonces no necesariamente los estratos son el mejor sistema de focalización. Sirven, pero hay que complementarlos con otros instrumentos como ingresos y cambiar las condiciones de vida. En Colombia hay personas que tienen nivel de vida estrato 6 y que están en estratos 1 porque están en bienes que son patrimonio y otros que están en estrato 3, pero tienen vida estrato 6 y solo por tener una condición geográfica.

No puede ser que una persona que tiene ingresos de estrato 6 se esté beneficiando de subsidios para el estrato 3 y la labor que tiene el Gobierno es focalizar bien esos recursos. Por eso yo creo que el combinar esquemas de estratificación con otro tipo de medidas es importante y se ha venido intentando de tiempo atrás, de hecho, lo intentó el plan de desarrollo anterior y gobiernos anteriores y me parece bien que los esfuerzos técnicos que se hagan para focalizar esos subsidios sean bienvenidos. Esto lo tenemos que hacer por el bien de las políticas públicas y por el bien de optimizar los recursos que tiene el país destinados a estos propósitos.

En estos tres años y medio que le quedan de gobierno ¿usted va a repensar los estratos?
Yo creo que siempre es propicio en la focalización de los recursos combinar las herramientas para asignarlos mejor ¿Para qué se crearon los estratos? Se crearon para distinguir niveles de ingreso en la sociedad y distribución de los subsidios en función de los más necesitados, ahora, ¿está funcionando a plenitud este sistema de estratos para focalizar los subsidios de la mejor manera? La respuesta es no.

Hay lugares e instrumentos que no están siendo efectivos y por eso lo plantea bien el plan de desarrollo al decir que hay que complementar. Tengamos mejores herramientas para medir y saber dónde está la persona que realmente necesita el subsidio y asignárselo bien. Yo creo que la apuesta que se está haciendo para el Sisbén 4, que debe estar en los próximos dos años implementado y funcionando, nos va a permitir la mejor caracterización posible de todos los ciudadanos según su nivel de ingreso y nos va a permitir ser más efectivos y más ágiles e inclusive más exitosos para sacar personas de la pobreza extrema y de la pobreza.

Está comprobado que las migraciones son buenas para la economía, ¿se puede hablar de un dividendo venezolano para la economía?
Yo creo que tiene dos puntos de vista. Sin duda, empecemos por el punto de vista de los principios: Colombia le ha mostrado al mundo que se puede atender al inmigrante con fraternidad nosotros hemos recibido más de un millón de hermanos venezolanos en menos dos años, algo que, sin duda, para un país con ingresos per cápita como el de Colombia, trae impactos sociales y económicos genera presiones en el sistema de salud y educativo, pero lo hemos hecho porque sabemos además que los hermanos venezolanos están huyendo de una catástrofe humanitaria de una dictadura.

Ahora bien, la recuperación y la reconstrucción de Venezuela yo creo que es algo fundamental para todo el hemisferio, para Venezuela y para Colombia. Perdimos un mercado de cerca de US$7.000 millones que llegamos a tener y ese mercado se fue, lo erosionó la dictadura y las malas decisiones económicas, la destrucción de la iniciativa privada y yo no tengo duda que cuando inicie esa reconstrucción se van a venir oportunidades tremendas para Colombia.

La recuperación de la demanda agregada de Venezuela va a jalonar mucho crecimiento y Colombia tiene que estar preparada desde ya para ayudarle a Venezuela en esa reconstrucción.

Es la primera vez que Colombia y Venezuela están tan separadas, pero también tan unidas…
No diría la primera vez, aunque sí es una situación atípica a lo largo de una historia de 200 años de vidas republicanas, pero es que como estábamos antes era peor, estábamos viviendo los estragos de la crisis humanitaria, de la crisis migratoria y estábamos además con un silencio complaciente o tratando de mirar para otro lado frente a una tragedia continental que no da espera y el problema es que si seguíamos así en dos o tres años ya no tendríamos 1,5 o 1,2 millones, sino dos millones o más de hermanos venezolanos en el territorio colombiano.

Yo he usado este ejemplo varias veces, si usted vive en un edificio y el vecino golpea a la esposa y a los hijos todas las noches y abusa de ellos y usted escucha los gritos y llantos pared contra pared ¿qué hace? ¿Lo saluda al otro día amablemente en el ascensor como si nada hubiera pasado o hay un deber moral también de denunciar?

Yo creo que hoy estamos viendo una diplomacia del hemisferio trabajando consolidadamente en el cerco diplomático y estamos viendo a varios jefes de Estado acompañando esta labor y a la Unión Europea disipando del cerco diplomático y yo creo que todo este escenario de diplomacia y de principios va a llevar al fin de esa dictadura.

A continuación vea lo que decía el presidente Iván Duque cuando era candidato a ocupar la Casa de Nariño.