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ANÁLISIS

Crecer más que el país y vivir con menos

jueves, 30 de julio de 2026

En dos décadas, el departamento nunca ha pesado más de 1,6% del PIB nacional (1,51% en 2005, 1,63% en 2025pr): una economía de $30,1 billones corrientes, atrapada en una escala que ni crece ni se derrumba.

Foto: Gemini

La reactivación del comercio fronterizo es una oportunidad real de escala, pero no basta. El departamento seguirá creciendo por encima del país en los buenos años y cayendo con más fuerza en los malos

Mario de Jesús Zambrano Miranda

Analista de la Esap Norte de Santander

Hay departamentos que crecen para acercarse al promedio nacional sin nunca alcanzarlo. Norte de Santander es uno de ellos, y las cifras del Dane de 2025pr lo expresa de forma particular: la economía se mueve, pero el bienestar sigue cojeando detrás.

En dos décadas, el departamento nunca ha pesado más de 1,6% del PIB nacional (1,51% en 2005, 1,63% en 2025pr): una economía de $30,1 billones corrientes, atrapada en una escala que ni crece ni se derrumba. En 2025pr el PIB real avanzó 2,78%, por encima de 2,57% nacional, pero aportó apenas 0,045 puntos al crecimiento del país: una cifra que alienta (crece más rápido que Colombia) y a la vez desnuda el problema, porque un departamento pequeño, aunque acelere, mueve poco la aguja nacional.

La serie histórica revela una economía de frontera, sensible y volátil: cayó 5,5% en 2020 y rebotó 10,8% en 2021, un vaivén más marcado que el ciclo nacional. Comercio, servicios de baja escala y el pulso fronterizo con Venezuela explican esa sensibilidad; también explican por qué la riqueza no se traduce en ingreso por habitante. El PIB per cápita de 2025pr es de $17,6 millones, apenas 50,5% del promedio nacional ($34,9 millones).

El mercado laboral, según la Geih, confirma esa fragilidad con una serie reveladora: el desempleo llegó a 20% en 2019 (el peor dato de toda la serie 2007-2025), un año antes de que la pandemia golpeara el PIB nacional. No fue el choque global el que quebró primero al departamento, sino el cierre fronterizo y la presión demográfica, que hizo saltar la población de 1,45 a 1,56 millones entre 2016 y 2018. Hoy el desempleo bajó a 11,3%, su nivel más bajo en casi dos décadas, pero la tasa de ocupación (52,9%) sigue muy por debajo del pico de 60,2% de 2011, y la participación laboral cayó de 68,7% a 59,7% en el mismo lapso: cada vez más personas en edad de trabajar dejan de buscar empleo en vez de encontrarlo.

El desempleo baja porque la gente sale del mercado, no porque este la absorba mejor. Esa es, en el fondo, la misma brecha del ingreso per cápita: Norte de Santander no es solo un departamento chico, es uno donde cada persona produce, en promedio, la mitad de lo que produce un colombiano cualquiera.

Ese diagnóstico converge con el social. El Índice de Pobreza Multidimensional cayó de 29,5% a 13,3% entre 2018 y 2025, y la brecha con el país se redujo de 9,9 a 2,6 puntos: un progreso genuino, impulsado por la expansión de coberturas en salud y saneamiento. Pero el núcleo duro no se movió (informalidad laboral en 81%, bajo logro educativo en 45,4%, rezago escolar en 25,6%) y son, precisamente, las variables que exigen una economía distinta y no solo más cobertura de servicios.

La desigualdad territorial agrava el cuadro: el alcantarillado cubre 96,8% de los hogares urbanos y solo 18,9% de los rurales; el déficit de vivienda rural llega a 74,8%. El Catatumbo, Ocaña y los corredores fronterizos no viven la misma economía que Cúcuta.

El reto ya no es de cobertura, sino de estructura productiva. La reactivación del comercio fronterizo es una oportunidad real de escala, pero no basta: sin formalización laboral, sin diversificación hacia agroindustria y manufactura de mayor valor agregado, sin infraestructura para el campo disperso, el departamento seguirá creciendo por encima del país en los buenos años y cayendo con más fuerza en los malos, sin que ese vaivén se traduzca en ingreso estable para sus hogares. Norte de Santander tiene un gran potencial y oportunidades, que deben traducirse en competitividad y calidad de vida.

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