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Alcaldes de 32 ciudades capitales del país se reunión en la Asamblea de Asocapitales para conversar sobre los logros y desafíos que se vive en los territorios desde donde se construye país
Hernando García, director general del Instituto Humboldt, y Wilson Ramírez, gerente del Centro de Soluciones Basadas en la Naturaleza del Instituto Humboldt.
Hernando García, director general del Instituto Humboldt, y Wilson Ramírez, gerente del Centro de Soluciones Basadas en la Naturaleza de la misma institución conversaron
El hecho de que Colombia sea un país megadiverso genera una amalgama de particularidades climáticas y geográficas en sus ciudades capitales, un aspecto que no puede pasar más desapercibido, sino que debe usarse a favor.
Algunas están sobre laderas y alta montaña, otras en la selva o en el Caribe seco y húmedo, condiciones que generan retos y reflexiones sobre la manera en la cual sus gobernantes locales deben vincular la naturaleza en la construcción de soluciones, basándose en sus propias realidades y potenciando las virtudes que por su geografía la tierra les regala.
Esta fue una de las conclusiones más relevantes que dejó la charla entre Hernando García, director general del Instituto Humboldt, y Wilson Ramírez, gerente del Centro de Soluciones Basadas en la Naturaleza de la misma institución, en el Foro realizado en el marco de la Asamblea General de Asocapitales y que tuvo a Medellín como ciudad anfitriona.

Uno de los planteamientos centrales fue el de que las capitales hoy, como nunca antes, deben pensarse como “biodiverciudades”, según expresó García, lo que implica que le den el valor y el espacio que la naturaleza debe tener en el progreso de sus territorios.
“Hay que tener la visión de pensar las ‘biodiverciudades’ como ese espacio de transformación de sociedad, donde el tomador de decisión, la sociedad que hace parte de su tejido urbano, también está pensando, dentro de sus problemas de ciudad, cómo la naturaleza construye soluciones”, dijo.
Este tema es fundamental en el contexto actual del país, cuando cada vez son más frecuentes fenómenos climáticos extremos, que incluso han generado emergencias importantes en regiones específicas, y cuando las estimaciones de entidades de medición auguran la proximidad de un fenómeno de El Niño a finales de este año.
Para Wilson Ramírez, el concepto de “biodiverciudad” invita a un cambio de paradigma, que parte del entendimiento de que la planificación territorial no puede centrarse solo en la ciudad “per se”, es decir, el espacio donde se ha desarrollado en el tiempo, sino también a las zonas periurbanas y, sobre todo, a los sectores donde se concentran los servicios de la naturaleza.
“Es allí donde se deberían identificar nuevas formas de ordenar su territorio, que en este caso sería ordenamiento ambiental territorial. En pocas palabras, ¿dónde surge el agua que vamos a tomar no hoy, sino dentro de 15 o 20 años? ¿Dónde va a parar todo lo que la ciudad produce? Aguas negras, contaminación…”, reflexionó.
Ramírez, también resaltó el ejemplo del Área Metropolitana del Valle de Aburrá, siendo un referente de ciudad-región que se piensa como biodiverciudad, donde se hizo un ejercicio de actualización de zonas verdes.
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