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Alcaldes de 32 ciudades capitales del país se reunión en la Asamblea de Asocapitales para conversar sobre los logros y desafíos que se vive en los territorios desde donde se construye país
Los expertos señalan que existen casos exitosos en el país que demuestran que un desarrollo formal bien planificado puede mejorar los ecosistemas
Con un déficit habitacional que se calcula en cerca de dos millones de hogares y con la proyección de que siete de cada diez viviendas que se construirán en la próxima década serán informales, según el ritmo actual del sector, el reto que enfrenta hoy el país no solo es el de construir más, sino mejor, integrando la naturaleza como componente estructural del desarrollo urbano, en vez de verlo como un anexo ambiental que se agrega para cumplir un requisito normativo.
Esta fue una de las conclusiones más relevantes que dejó el panel de Infraestructura de Vivienda Sostenible, que hizo parte de la programación del foro ‘El poder de las ciudades capitales, de Asocapitales, en el que participaron Guillermo Herrera, presidente de Camacol; Melissa Durán, gerente de Vivienda de Colsubsidio; Tatiana Carreño, directora técnica del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible; María Clara Aristizábal, gerente de Negocio de Desarrollo Urbano del Grupo Argos, y Fernando Peñaherrera, director de Proyectos de Infraestructura Urbana de CAF.
Entre las reflexiones más importantes que dejó este espacio fue que el falso dilema entre construir o conservar ya quedó atrás, pero para avanzar hacia un verdadero desarrollo urbano sostenible se requiere contar con decisiones políticas, incentivos concretos para el sector y una institucionalidad que hoy, infortunadamente, tiene grietas profundas.

En su intervención, Guillermo Herrera, presidente de Camacol, fue enfático en que la infraestructura verde dejó de ser paisajismo para convertirse en una herramienta de sostenibilidad fiscal. “Esto no es un adorno ambiental”, dijo, recordando que el BID y el Banco Mundial llevan años insistiendo en que las inversiones verdes en las ciudades generan retornos tangibles.
La afirmación de Herrera la respalda el CAF con cifras. De acuerdo con Fernando Peñaherrera, la nueva estrategia de la entidad comprende financiar US$4.000 millones en vivienda sostenible antes de 2031, con criterios que incorporan el impacto ambiental como variable financiera real.
Por otra parte, el caso de Colsubsidio en Soacha ilustra lo viable que es esta salida. Con el desarrollo de cerca de 16.800 unidades de vivienda en el proyecto Ciudadela Maiporé, en un municipio que hoy apenas alcanza 1,7 metros cuadrados de espacio público por habitante, esta caja de compensación eleva ese indicador a más de 16 metros cuadrados, con 66 hectáreas de áreas de protección, 8.900 árboles y sistemas de drenaje sostenible con eficiencias superiores a 80%. Melissa Durán, gerente de Vivienda, fue directa en que “este desarrollo no es un lujo, al contrario, debería ser la normalidad”, no sin antes advertir que para lograrlo el sector necesita reglas claras y beneficios concretos, como una mayor edificabilidad y más unidades autorizadas, que compensen las restricciones ambientales y permitan el cierre financiero.
Del mismo modo, María Clara Aristizábal, gerente del Negocio de Desarrollo Urbano del Grupo Argos, presentó una apuesta ambiciosa que la empresa adelanta en Barranquilla, en una zona privilegiada con vista al mar Caribe y a la Ciénaga de Mallorquín. Se trata de un proyecto mayoritariamente de interés social, con cerca de 16.000 viviendas, de las cuales más de 14.000 tienen un tope de 135 salarios mínimos.
El diseño de este proyecto se ejecutó en alianza con el Instituto Humboldt. Este incluye el paso de 53 a 93 especies arbóreas y la siembra de 200.000 plántulas de mangle en la ciénaga, un aporte clave para un ecosistema que venía deteriorándose de manera sistemática en los últimos años.
Además, Aristizábal subrayó el argumento fiscal como otro beneficio de estos desarrollos. Dijo que la tercera parte del recaudo predial de Barranquilla proviene del pago que realizan quienes habitan los desarrollos que ha ejecutado el Grupo Argos en la ciudad, recursos que han financiado iniciativas de alto impacto como el Malecón del Río y el Ecoparque. E indicó que un proyecto similar en municipios como Puerto Colombia, por ejemplo, podrían duplicar el recaudo predial municipal.
Pese a que Colombia es hoy líder en viviendas sostenibles certificadas en el mundo, con más de 1.300 proyectos y 26 millones de metros cuadrados, según cifras compartidas por Camacol, ese logro no alcanza para resolver el problema, el cual, en opinión de los expertos, es más estructural, y no es algo exclusivo de nuestro país.
En el concepto de Fernando Carreño, del CAF, para cerrar la brecha habitacional en Latinoamérica se requieren inversiones equivalentes a 22% del PIB acumulado de la región, y hoy se invierte menos de la décima parte. Su diagnóstico es que los programas de vivienda se siguen concibiendo como islas desconectadas de la planificación territorial. Minimizar el costo del suelo con desarrollos en zonas periféricas genera externalidades, como transporte, extensión de redes y presión sobre la ciudad, que nunca entran en la ecuación presupuestaria original, convirtiendo la aparente eficiencia inicial en un costo diferido que termina pagando el municipio entero.
Al finalizar, el mensaje de los panelistas hacia los alcaldes presentes en el foro es que el error más grave es tratar la sostenibilidad como un capítulo ambiental aparte, cuando debe estar al mismo nivel que vivienda, movilidad y espacio público.
Y añadieron una advertencia: urbanizar no es el pecado, sino dejar que la informalidad urbanice por nosotros.

Melissa Durán, gerente de Vivienda en Colsubsidio, aseguró que desde la caja de compensación se desarrolla en Soacha el proyecto Ciudadela Maiporé, que entregará a la ciudad 16.800 unidades de vivienda, que más adelante se pueden transformar en 18.000, en un territorio con apenas 1,7 m² de espacio público por habitante.
“Con este proyecto elevamos ese indicador a más de 16 m², incluye 118 hectáreas, de las cuales 66 son áreas de protección, la siembra de cerca de 8.900 árboles y sistemas urbanos de drenaje con eficiencias superiores al 80%”, dijo.

María Clara Aristizábal, gerente Negocio de Desarrollo Urbano del Grupo Argos, aseguró que en la organización tienen una visión de mediano y largo plazo, “en la que entendemos que si pensamos que el desarrollo de vivienda sostenible no solo es un tema estético y de paisajismo, sino algo funcional, científico y biológico, de corredores de avifauna, eso va a redundar en que estos proyectos y estos barrios sean los preferidos por los habitantes. Las ventas han sido increíbles, tanto que tuvimos que lanzar nuevas etapas porque el apetito era enorme”.

Guillermo Herrera, presidente de Camacol, enfatizó en que hablar de infraestructura verde ya no es solo paisajismo y jardinería urbana, tampoco un adorno ambiental, sino que “es una pieza estructural muy importante, una herramienta que tienen las ciudades para mejorar incluso su sostenibilidad fiscal, mejorar la formalización y reducir su vulnerabilidad al reto climático. Esto es importante en un contexto como el de América Latina, donde según la Cepal, más de 80% de la población vive en las ciudades, pero al mismo tiempo 24% vive en asentamientos de origen informal”.

Fernando Peñaherrera, director de Proyectos de Infraestructura Urbana de CAF, explicó que, según la normativa de vivienda creada con apoyo del Instituto Lincoln, en términos regionales el déficit cuantitativo y cualitativo de vivienda está en alrededor de 70 millones de hogares; por ello, “se requiere incrementar 11% el inventario de vivienda en oferta para que la gente acceda, pero también eso necesita más inversión. Y según análisis, se requiere un acumulado de cerca de 22% del PIB de inversión en la región para cerrar esa brecha, pero hoy se invierte menos de la décima parte”, dijo.

Tatiana Carreño, directora técnica del Consejo Colombiano de Construcción Sostenible, expresó que para avanzar en la construcción sostenible no basta únicamente con reducir las emisiones, añadiendo que “es una tarea que venimos haciendo hace ya muchos años, sino pensar en la regeneración, cómo devolverle al ecosistema y a las comunidades lo que nos entregan para nuestra labor, y eso lo podemos hacer desde un diseño muy bien pensado y participativo, y una planeación territorial que sea coherente con este propósito”, explicó.
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