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El cobre se ha consolidado como la columna vertebral de múltiples tecnologías centrales, pero también es un metal clave para el desarrollo de las regiones
Córdoba Es una región con riqueza, pero altos niveles de informalidad.
Aún con los altos niveles de informalidad, pobreza y baja presencia institucional, esta subregión presenta una ubicación estratégica y riqueza geológica
El sur de Córdoba expone con crudeza lo que ocurre cuando ese potencial convive con brechas históricas no resueltas. Se trata de una subregión con ubicación estratégica, riqueza geológica y vocación productiva, pero también con altos niveles de informalidad, pobreza y baja presencia institucional.
Municipios como Puerto Libertador, Montelíbano, San José de Uré, Tierralta y Valencia concentran buena parte de estas tensiones, reflejando un territorio que ha estado en el centro de la actividad extractiva, pero en algunos casos, al margen de procesos sostenidos de desarrollo.
En lo económico, el sur de Córdoba ha dependido históricamente de actividades como la ganadería extensiva, la minería -formal e informal- y economías de subsistencia. Sin embargo, estas actividades no han logrado consolidar una estructura productiva diversificada ni generar encadenamientos suficientes para absorber la mano de obra local.
De acuerdo con el Dane, el departamento registra tasas de informalidad laboral superiores a 65%, y en varios municipios rurales del sur esta proporción es aún mayor, muy por encima del promedio nacional. En comparación, regiones mineras como Antioquia o Cesar, aunque también enfrentan informalidad, han logrado mayores niveles de empleo formal gracias a una base productiva más diversificada y a la presencia sostenida de proyectos de gran escala.
Las brechas sociales son profundas. Según el Dane, la pobreza multidimensional en Colombia fue de 11,5% en 2024, mientras que en los centros poblados y zonas rurales dispersas se elevó a cerca de 29,9%, reflejando mayores privaciones en educación, acceso a servicios públicos, condiciones de vivienda y empleo en esos territorios.
Además, estimaciones socioeconómicas para el sur de Córdoba muestran que la pobreza multidimensional puede superar ampliamente el promedio nacional -que ronda 55%-, lo que indica condiciones de vulnerabilidad más altas que en otras zonas del país. Mientras departamentos mineros como Cesar o La Guajira han recibido durante décadas importantes flujos de inversión asociados a proyectos extractivos de gran escala, con impactos visibles, aunque desiguales, este territorio ha tenido una relación más fragmentada con la minería, marcada por ciclos de bonanza incompleta y largos periodos de abandono institucional.

En infraestructura, los rezagos son estructurales. La red de vías terciarias presenta altos niveles de deterioro, lo cual limita la conexión entre zonas rurales y centros urbanos, encarece el transporte de productos agrícolas y restringe el acceso oportuno a servicios de salud y educación. La cobertura de acueducto y alcantarillado sigue siendo insuficiente en varios municipios, en especial en áreas rurales dispersas, un contraste evidente frente a otras regiones mineras donde los recursos de regalías han permitido avances más sostenidos en infraestructura básica.
No obstante lo anterior, el sur de Córdoba también concentra oportunidades estratégicas que lo diferencian de otras regiones. Su cercanía al Caribe y al interior del país, su potencial agroindustrial y, sobre todo, la presencia de minerales estratégicos como el cobre, lo convierten en un territorio clave para una agenda de desarrollo regional de largo plazo.
A diferencia de regiones mineras maduras, donde los proyectos están en fase de declive o cierre, el sur de Córdoba atraviesa una coyuntura estratégica, en la que las decisiones públicas pueden definir si el desarrollo llega de manera planificada o si se profundizan las dinámicas de informalidad laboral y exclusión.
La comparación con otras regiones mineras resulta reveladora. En Antioquia, por ejemplo, la minería formal ha estado acompañada de inversiones en educación técnica, fortalecimiento institucional y encadenamientos productivos que han permitido una mayor diversificación económica. En Cesar y La Guajira, pese a persistentes problemas sociales, las transferencias de regalías han financiado proyectos de gran escala en infraestructura, salud y educación. En contraste, el sur de Córdoba ha recibido menores flujos de inversión sostenida, lo que ha limitado su capacidad para cerrar brechas estructurales y consolidar una base económica más sólida.
Uno de los principales retos del territorio es la persistencia de economías informales e ilegales. La falta de oportunidades laborales formales ha favorecido la expansión de actividades extractivas sin control ambiental ni social, con impactos negativos en seguridad, medio ambiente y cohesión comunitaria. Esta situación deteriora el entorno, aumenta la desconfianza institucional y la sensación de abandono entre las comunidades.
En este contexto, el desarrollo de proyectos productivos de gran escala, bajo estándares ambientales y sociales rigurosos, aparece como una oportunidad para reconfigurar el modelo económico regional. La experiencia de otras regiones mineras muestra que, cuando estos proyectos se articulan con políticas públicas, inversión social y participación comunitaria, pueden convertirse en motores de empleo formal, formación de capital humano y dinamización de la economía local.
El sur de Córdoba atraviesa un momento determinante para su desarrollo económico. Su potencial productivo es innegable, pero las brechas persistentes evidencian décadas de decisiones incompletas y de ausencia estatal. La forma en que el país aborde el desarrollo de esta región será una señal clara de si la transición energética y el crecimiento económico lograrán traducirse en inclusión territorial o si continuarán reproduciendo las desigualdades que han marcado la historia económica de Colombia y de sus regiones.
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