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EMPRESAS Problemas finitos, oportunidades infinitas
lunes, 12 de junio de 2017
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José Manuel Restrepo Abondano

Vivimos en una economía globalizada e interdependiente, en la que los acontecimientos externos no nos son ajenos, sino que, por el contrario, generan impactos cada día más fuertes en el desempeño de los negocios en Colombia: hechos como el Brexit, la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, el triunfo del no a la propuesta de reforma constitucional en Italia y la destitución de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil, se constituyeron en sucesos imprevistos para la mayoría de la opinión pública, que dejaron en el ambiente global la incertidumbre sobre el rumbo futuro de las relaciones internacionales y su impacto sobre el comercio exterior y los flujos de capitales.

El crecimiento económico mundial se mantuvo durante 2016 en niveles bajos (3% anual frente al promedio de 4% anual de largo plazo), mostrando una desaceleración en las condiciones generales de los negocios en el planeta, a la cual Colombia no es ajena, al tiempo que la desigualdad de los ingresos siguió al alza. La fuerte caída de los precios internacionales del petróleo que empezó en 2014 y llevó a que el barril cayera de más de US$100 a unos US$26  en el primer trimestre de 2016, generó un fuerte impacto en las exportaciones, la entrada de divisas, la tasa de cambio (que llegó durante el año pasado a su máximo histórico de $3.440 por dólar) y de paso en el bolsillo del Estado colombiano, hecho que llevó al país a enfrentarse a una nueva reforma tributaria. Para alivio del panorama económico, el petróleo cerró el año a US$56 por barril y el dólar lo hizo a $3.000. 

No se puede dejar de lado un acontecimiento trascendental en la historia del país, como fue la firma de los acuerdos de paz con las Farc, hecho que, más allá del debate entre el “sí” y el “no”, representa hoy una inmensa esperanza en el futuro de Colombia. En resumen, 2016 fue un año complejo, lleno de incertidumbres y volatilidad, pero que terminó con mayores certezas y unas condiciones económicas generales más estables y, ojalá, más promisorias.

Presenciamos en 2016 grandes cambios, no solamente en las condiciones coyunturales de los negocios, sino incluso en los paradigmas estructurales del orden social, político y económico. En este nuevo contexto, es necesario que el sector productivo del país reflexione sobre cuál será su estrategia de largo plazo: es el momento en que el país requiere que los líderes empresariales tomen decisiones valientes y actúen, pensando desde luego en el fortalecimiento de la competitividad de sus industrias, en la generación de más y mejores empleos, en la modernización y diversificación de la oferta exportable, en la conquista de nuevos mercados a escala mundial, pero también en su aporte al país, en el logro de una mejor calidad de vida para las personas, en la lucha frontal contra la corrupción, en el cuidado del medio ambiente, en la construcción de una sociedad más justa, equitativa y en paz.

2016 quedó ya en la historia como un año de problemáticas, de cambios inesperados, pero abrió la puerta a imaginarnos y trabajar por un futuro mejor. Recordando las palabras de Martin Luther King, “debemos aceptar la decepción finita, pero nunca perder la esperanza infinita”, nos queda la experiencia del pasado, pero sobre todo tenemos el presente y el futuro por delante, lleno de inmensas posibilidades de progreso para nuestro país y sus empresarios.

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