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Juan Carlos Buitrago, director ejecutivo de Abaco, dio un balance sobre los donativos que han recibido para atender la emergencia tras el reciente terremoto
El terremoto del pasado 10 de agosto ya ha cobrado más de 200 víctimas en los diferentes departamentos afectados. Hoy, las zonas de emergencia rebosan de damnificados, con 11.000 casas afectadas, casi 200 edificios colapsados y cerca de 45.000 viviendas averiadas, según recientes cifras del Ministerio de Vivienda.
En este escenario, mientras el Estado organiza su despliegue en las zonas más golpeadas por la reciente emergencia natural, la sociedad civil y el sector privado han asumido la primera línea de contención frente al hambre, un esfuerzo que ha sido principalmente canalizado por la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia, Abaco, que, operando sin infraestructura propia en algunas de las ciudades clave y buscando soluciones extremas como helicópteros para acceder al epicentro de la emergencia, ya ha gestionado más de un millón de kilos de productos entre más de 53.000 damnificados.
En este escenario tan retador, Juan Carlos Buitrago, director ejecutivo la Asociación de Bancos de Alimentos de Colombia, detalló, entre otros retos que enfrenta la entidad para repartir las donaciones entre las comunidades afectadas, cómo la destrucción parcial de sus propios bancos en Pereira y Buenaventura, sumada a los cortes de energía que impiden sostener una cadena de frío para cierto tipo de alimentos, han dificultado la llegada de donativos a la zona de desastre, pero principalmente. Buitrago hace un llamado a la realidad; ante una emergencia que no se solucionará en ocho días, advierte que las donaciones deben mantenerse constantes durante los próximos meses para evitar una crisis alimentaria en las principales capitales afectadas.

En estos primeros días de emergencia, ya llevamos más de un millón de kilos gestionados. Una parte de esos kilos ya se ha entregado en los comedores comunitarios, en las ollas comunitarias, en los albergues; otra parte va en camino a esos comedores y otra parte se está clasificando, porque todas las ayudas llegan a los bancos de alimentos, se clasifican, se organizan en paquetes y se van enviando. Es una donación muy importante, pero aún no es suficiente, porque esta tragedia va a durar muchos meses y necesitamos ayudar a nuestros hermanos colombianos durante el mayor tiempo posible.
La meta que tenemos es llegar por lo menos a dos millones de kilos de alimentos, productos de canasta básica y productos de aseo e higiene que podamos dirigir a las comunidades afectadas.
Es importante entender que los sistemas de atención de las emergencias siempre se demoran un tiempo en organizarse. Las organizaciones humanitarias de la sociedad civil casi siempre somos los primeros que llegamos a las emergencias; específicamente, los bancos de alimentos llegamos primero.
En ese orden, hoy estamos nosotros haciéndole frente a los comedores comunitarios, a las personas que están en los hospitales y albergues, a las ollas comunitarias y a los más afectados. Cuando el gobierno llegue y controle por completo, vamos a salir a buscar a los autoalbergados. Ese es un proceso que se va a demorar varias semanas.
En ese orden de ideas, si no recibiéramos más ayudas, te diría que con un millón de kilogramos nosotros logramos ayudar a 1.800 familias, aproximadamente, durante unas semanas apenas.
Un millón de kilogramos es un montón, pero cuando eso lo dividimos entre las familias, no alcanza. Por eso la meta que tenemos es seguir haciendo campaña y seguir conectando la solidaridad de las empresas y de los colombianos para poder recibir muchísimas más ayudas y atender a la mayor cantidad de personas posible mientras el Estado llega y controla por completo la emergencia.
Los primeros retos han sido de infraestructura.
En Pereira, se nos cayó el Banco de Alimentos; en Buenaventura se destruyó la mitad de la bodega, incluso varios de nuestros colaboradores perdieron sus viviendas ahí, y tenemos afectaciones en el Banco de Alimentos de Cartago. Nosotros somos esa primera línea de ayuda, pero en algunos lugares del país no tenemos lo mínimo que se necesita.
Por otro lado, la logística siempre es un reto gigante. Poco a poco, más empresas en Colombia se van solidarizando, pero tener ayudas en Bogotá, Medellín o Barranquilla amerita una logística muy rigurosa y rápida para llegar a los lugares más afectados por la emergencia. Por esto mismo, no hemos podido llegar al epicentro; ya tenemos miles de mercados listos para llegar allá, pero estamos esperando la logística para poder acceder.
En estas primeras tres semanas son muy importantes los alimentos listos para el consumo: alimentos enlatados que se pueden abrir y comer de manera inmediata, o alimentos empacados con una larga vida útil, porque en muchos lugares nos vamos a demorar un tiempo en poder establecer ollas comunitarias y cocinas que estén entregando comida caliente.
Y por supuesto, siempre van a hacer mucha falta utensilios o productos de aseo e higiene: pañales para niños, pañales para adultos, toallas higiénicas, jabón, cepillos de dientes, crema dental y champú. Este tipo de productos son muy importantes para mantener la salubridad y el aseo de las personas.
Una emergencia de estas no es capaz de gestionarla solo el gobierno; no somos capaces solos los bancos de alimentos, ni las empresas solas tampoco.
Tenemos que ser muy audaces para sumar capacidades, entender quién es capaz de hacer qué y cómo conectamos las capacidades para optimizar los recursos y maximizar el impacto en las personas damnificadas. Hay que conectar para sumar.
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