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José Fernando Quintero, CEO de Indra Group Colombia, proyecta ingresos por US$223 millones y plantea una reflexión sobre la competitividad
Colombia podría fabricar los drones, radares y sistemas de movilidad que hoy incorpora desde otros mercados y convertir ese conocimiento en una nueva oportunidad de exportación. Esa es la apuesta que plantea José Fernando Quintero, CEO de Indra Group Colombia, al hacer un balance de los 30 años de la compañía en el país, donde proyecta un cierre fiscal con ingresos por 200 millones de euros (US$223 millones) y acumula inversiones superiores a 25 millones de euros (US$27,9 millones) en transferencia de conocimiento, desarrollo de software y capacidades especializadas. Con alrededor de 4.000 empleados y tecnología presente en operaciones que representan cerca de 95% de la gestión del tráfico aéreo nacional, según la empresa, el grupo busca que su siguiente etapa vaya más allá de implementar soluciones importadas. La propuesta es aprovechar el talento colombiano y atender otros mercados.

Sí, podemos dejar de ser consumidores de tecnología y ser más productores de tecnología. Esto se refiere tanto a la parte de hardware como a la de software. Sistemas de información buenos se hacen en Colombia; aquí hay compañías locales muy buenas que hacen software y lo celebramos. Incluso nosotros tenemos un ADN de aliarnos y subcontratar permanentemente compañías colombianas para ayudar en ese ecosistema tecnológico del país. Pero también es fundamental montar fábricas que nos permitan crecer y establecer estos centros de operación de mejor forma a nivel internacional. Eso solo se puede pensar a través de proyectos de transformación y de adopción de tecnología a largo plazo.
Hay un desafío que la compañía quiere establecer de manera más decidida en la región: empezar a implementar fábricas de nuestros sistemas especializados, como los que desarrollamos en las instalaciones que tenemos en Europa o Estados Unidos. ¿Por qué no podemos fabricar drones o antidrones en Colombia? ¿Por qué no podemos crear o fabricar radares para toda América Latina o incluso para otras partes del mundo? ¿Por qué no podemos fabricar sistemas especializados de recaudo o sistemas embarcados para la movilidad inteligente a nivel mundial? Sí podemos.
El reto es poner de acuerdo al mundo público y al privado para que estos modelos reales de transferencia de tecnología y conocimiento se traduzcan en fábricas en el país. Los grandes jugadores internacionales ayudan en la modernización y la transformación, pero el país también debe quedarse con capacidades tecnológicas propias. Sobre todo en seguridad y defensa, eso es muy importante.
No se trata de una falla específica, sino de un mejor entendimiento entre el mundo público y el privado, con un tercer actor que es la academia, para formar el recurso humano que permita que estas fábricas sean autosostenibles. Nosotros lo hemos hecho en regiones apartadas de Europa, donde se han montado fábricas para responder a nuevos requerimientos. En Estados Unidos ya se montaron instalaciones que están arrancando a producir sus propios radares con tecnología española. ¿Por qué no lo hacemos acá para generar esas capacidades y lograr una transferencia real de conocimiento?

El sector de defensa y seguridad en Colombia, por el conflicto que hemos tenido históricamente, ha necesitado ser creativo. Esa creatividad en la ingeniería de las Fuerzas Militares ha permitido hacer desarrollos propios. Pensemos de manera más ambiciosa y generemos más capacidades detrás de las empresas del grupo empresarial del sector defensa. Ese es un ejemplo de lo que podemos hacer conjuntamente.
El desafío es seguir estableciendo este país como uno de los centros estratégicos, operacionales y de nuevas tecnologías de la compañía para toda América Latina. Ya lo estamos haciendo y estamos seguros de que podemos crecer mucho más. Hay muchas tecnologías que dependen de grandes jugadores mundiales y eso deja pocas puertas de entrada en mercados como América Latina. Aquí tenemos que ser mucho más creativos y abarcar esa franja donde hace falta más mano de obra para la generación y la construcción permanente de tecnología. No estoy hablando únicamente de software, sino también de desarrollar capacidades de fabricación.
Hemos invertido más de 25 millones de euros (US$27,9 millones) durante los últimos 30 años. Esas inversiones han estado relacionadas con transferencia de conocimiento, con el montaje de capacidades en nuestras fábricas de software hace 15 o 20 años y con el desarrollo de plataformas locales.
También hemos desplegado capacidades más tangibles, como centros de excelencia para el mantenimiento de sistemas de defensa, sistemas especializados en ciberseguridad y el último centro que implementamos en datos e inteligencia artificial.
La cifra de ingresos que estamos proyectando para el cierre fiscal en Colombia es de 200 millones de euros (US$223 millones). Queremos crecer mucho más, pero afianzando nuestras capacidades desde Colombia y atendiendo a Centroamérica, el Caribe y otros países de la región andina con talento colombiano.
La compañía llegó con un modelo de exportación, a través de proyectos puntuales en el mundo civil y militar, en los que se traía tecnología desde España para desplegarla en el país. Después identificó el potencial de Colombia y hace 30 años creó su filial directa para desarrollar capacidades locales.
Yo llevo cerca de 16 años en la empresa y, desde que ingresé, el número de empleados se ha multiplicado por más de 14. Hemos crecido de manera orgánica y también mediante adquisiciones que nos han permitido consolidarnos. Pasamos de ser un proveedor de tecnología para compañías públicas y privadas a convertirnos en un aliado en sus procesos de transformación digital.
Tenemos muy buen talento, con bases técnicas sólidas y una buena colaboración de la academia. Hay una masa crítica que nos permite ser más ambiciosos. ¿Qué nos falta? Precisamente pensar en grande y ser más creativos para exportar ese talento de una manera más masiva.
Tenemos ingenieros en Colombia que hacen pruebas de calidad a sistemas especializados que se despliegan en Oriente Medio, Europa y Estados Unidos. Desde acá ayudamos a montar infraestructura crítica en defensa, tráfico aéreo y movilidad en América Latina.
Talento hay. Hace falta ambición para crecer y ser más rigurosos en contar con una formación homologada con características internacionales, de manera que un ingeniero colombiano con esas habilidades tenga cabida en cualquier parte del mundo. Para eso necesitamos más colaboración entre empresas, sector público y academia.
A través de Academia Indra hemos hecho procesos de formación en regiones apartadas y hemos encontrado talentos fantásticos. Lo hemos hecho en Urabá y en Pasto, y hemos contratado personas allí. También tenemos empleados en la costa Caribe, la costa Pacífica, el Eje Cafetero y los Llanos Orientales.
Tenemos gente trabajando en todo el país. Hay que estudiar mucho, pero con unas líneas de formación claras. Acercarse a los centros de excelencia puede ofrecer una hoja de ruta para madurar ese conocimiento. Trabajar con la academia y con el sector público para activar estos espacios de formación es la mejor manera de hacerlos crecer.
Tenemos un programa de jóvenes profesionales con estudiantes que están en los últimos semestres o próximos a graduarse como tecnólogos o profesionales. Los vinculamos a la compañía para empezar a formarlos y acercarlos desde la academia al mundo productivo.
Buscamos facilitar esa transición entre terminar los estudios y conseguir trabajo. Queremos que vean que sí es factible trabajar en una multinacional de tecnología y gestionar desde Colombia proyectos para diferentes partes del mundo. Buscar talento y formar nuevos profesionales es una tarea permanente para nosotros.
Estamos en trámites electrónicos, en soluciones de ciberseguridad desplegadas en bancos, en infraestructura tecnológica para los viajes en avión y en sistemas que ayudan a la navegación aérea civil. También aportamos soluciones para los procesos internos de las empresas de telecomunicaciones.
En el Metro de Medellín, por ejemplo, participamos desde sus inicios con sistemas de recaudo y de navegación de trenes. Son tecnologías muy específicas, que han sido probadas durante décadas y siguen evolucionando.
En las transferencias y el comercio electrónico también hay mucha tecnología detrás: se necesita velocidad para que las transacciones sean inmediatas, confiabilidad y seguridad. Participamos en soluciones para bancos, pasarelas de pago y procesos internos de empresas de comercio electrónico.
Cuando el piloto se comunica con una torre de control hay tecnología de Indra. También está en los sistemas que apoyan la planeación del vuelo y en la detección, vigilancia, control y gestión del espacio aéreo.
Participamos en comunicaciones tierra-aire y aire-tierra, e incluso en tecnologías de comunicación entre tierra, espacio y avión. En el aterrizaje, la tecnología de superficie y aproximación está presente en prácticamente 85% de los aeropuertos del país. Si hablamos de la gestión de los viajes aéreos, la participación está alrededor de 94% o 95%.
En tráfico aéreo civil, la tecnología debe ser sinónimo de seguridad y confiabilidad. Puede haber muchos procesos que el pasajero no ve, pero todos evolucionan para ayudar a que la operación sea más segura.
Uno fue el montaje del centro de mando y control de las operaciones de la Fuerza Aérea Colombiana, a finales de los años noventa, que permitió transformar y aumentar sus capacidades operacionales. Otro fue la modernización del Centro de Gestión Aeronáutico y de los sistemas de control aéreo del país. También destacaría nuestra capacidad para integrar tecnologías en servicios complejos de tercerización para grandes entidades públicas.
Hay operaciones en las que intervienen 600 o 700 personas en zonas urbanas y rurales de todo el territorio colombiano. Integrar esas tecnologías bajo un único responsable contractual permite mejorar los costos, la operación y la calidad del servicio que reciben los usuarios.
Es un aspecto en el que es obligatorio estar. Los clientes lo han entendido y trabajamos en su implementación. Además, debe entenderse como una tecnología transversal.

José Fernando Quintero, CEO de Indra Group Colombia, es administrador y cuenta con una maestría en Administración de Empresas, MBA, y otra en Administración y Gerencia de Computadores y Tecnologías de la Información. Tiene experiencia en el sector tecnológico y en consultoría especializada en transformación digital, con trayectoria enfocada en el desarrollo de soluciones innovadoras para empresas y gobiernos. Su formación combina conocimientos de gestión empresarial, que le permiten orientar proyectos de modernización y acompañar a organizaciones en la incorporación de herramientas digitales.
La adquisición de Presto permitiría a Grupo Nutresa reunir 448 restaurantes de hamburguesas y sumar ingresos por $899.833 millones, fortaleciendo su competencia frente a McDonald's
La compañía explicó que esta medida se hizo ya que ese mercado se encuentra caracterizado por pérdidas de energía superiores a 40% y niveles de recaudo cercanos a 60%